EDITORIAL

Sábado 11 de Octubre de 2003


El pez espada y la UE

El pez espada - conocido entre nosotros como albacora- dio lugar a una controversia entre Chile y la Unión Europea, felizmente suspendida por un acuerdo provisional. Dicho entendimiento postergó los litigios, iniciados por la UE contra Chile ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) y por nuestro país ante el Tribunal Internacional sobre Derecho del Mar (TIDM), hasta el 1 de enero del año 2004. Este arreglo, alcanzado en Bruselas en enero de 2001, entre otras cosas, despejó el camino para el Acuerdo de Libre Comercio y Asociación Política que nos une a la UE, y que ha tenido tan buenos resultados.

Con el inminente vencimiento de los plazos se ha hecho indispensable una consulta bilateral, necesaria por otros motivos, que tendrá lugar en Bruselas los próximos días 13 y 14. En ella deberá apreciarse cómo se supera un obstáculo suscitado por la UE para el normal desarrollo del arreglo provisional, que es un programa conjunto de investigación científica en el que participan barcos pesqueros de España y de Chile, con observadores de la otra parte a bordo.

La UE, a requerimiento de los armadores gallegos, ha decidido suspender unilateralmente la presencia de observadores. Tal situación hace imposible el cumplimiento de otros elementos del arreglo provisional. Por tanto, las partes deberán, en su caso, adaptarlo y decidir cómo progresan hacia una muy necesaria cooperación para la conservación del pez espada en la alta mar aledaña a nuestra jurisdicción.

Hay amplia presencia de una flota española, de no menos de diez barcos, que pertenece - por competencias delegadas- a la UE, en la altar mar cercana a Coquimbo y a las islas de San Félix y San Ambrosio. Su esfuerzo pesquero es análogo al nacional. Bajo nuestra jurisdicción existen estrictas medidas de conservación, encabezadas por una talla mínima. No se conocen medidas análogas o compatibles de estos pesqueros de alta mar. Este hecho y las consiguientes restricciones en los puertos chilenos estuvieron en el origen de los contenciosos.

Será necesario, pues, que en Bruselas se abra el camino para una eficaz cooperación bilateral en materia de conservación del pez espada, como requisito indispensable para la muy conveniente postergación de los plazos en los suspendidos litigios. Lo ideal sería el restablecimiento de los observadores convenidos, lo que debe pedir Chile. De lo contrario, deberán mediar elementos compensatorios y acuerdos que permitan asegurar la sustentabilidad de este importante recurso migratorio.

Debe demostrarse firmeza en la defensa de nuestros recursos pesqueros, esenciales en la economía nacional, y dar a éstos la debida prioridad. El caso del pez espada tiene importancia en sí, pero es también parte de un proceso mayor, cual es la amenaza creciente de la pesca incontrolada en la alta mar vecina a Chile, manifestada en forma alarmante en el caso del jurel.




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