ARTES Y LETRAS

Domingo 3 de Septiembre de 2006

DISEÑO Y POLÍTICA. Eduardo Castillo presenta "De Puño y Letra":
Diseñar para protestar

Un joven investigador de la historia del diseño recopiló los distintos cruces entre los movimientos sociales y la comunicación gráfica. Arte de brigadas, carteles de protesta y prensa clandestina.

MACARENA GARCÍA G.

Cuando Eduardo Castillo entró a estudiar Diseño no existía ningún texto sobre la historia de esta disciplina. A principios de los '90 lo que se sabía era lo que contaban unos cuantos profesores sobre la formación de la Escuela de Artes Aplicadas y las menciones, siempre un poco a la rápida, en los libros de historia del arte. A Castillo le interesó ese bache histórico, así como le interesaba la gráfica tipo nueva-canción-chilena que había sido predominante durante su infancia. De ahí que una vez titulado decidiese hacerle el quite al trabajo como creativo en las agencias de publicidad para abocarse a un lento rescate de las fuentes del diseño local.

Hace poco menos de un mes que está en librerías "De Puño y Letra", el resultado final de una investigación que inició buscando rescatar la tipografía de los rayados brigadistas de la UP. Seis años pasaron entre que ese proyecto fuera presentado al Fondart y viera la luz como un grueso libro que aborda los distintos cruces que ha tenido la comunicación visual con los movimientos sociales chilenos. El principal es el del arte brigadista de principios de los setenta, pero Castillo comienza la historia con los tipógrafos de principios del siglo XX y la acaba con los rayados de las barras bravas y los papelógrafos de la Brigada Chacón. En el largo camino de recopilación de material (parte del cual había pasado años enterrado bajo tierra), Castillo tomó algunos desvíos. El primero fue promover la publicación de la "Historia del Diseño Gráfico Chileno", un libro que existía como una fotocopia que se pasaban de mano en mano los estudiantes y que era la tesis con la que se había titulado el diseñador Pedro Álvarez a mediados de los '90. Castillo lo convence de publicarlo y apoya el proceso hasta que el documento está en librerías a mediados de 2003. En la misma época, Castillo lidera la publicación de "El Cartel Chileno" (Ediciones B), una antología de posters chilenos realizados entre 1963 y 1973, la edad de oro del diseño chileno. "Esos dos libros fueron muy importantes y jalonaron éste, porque era necesario tener más antecedentes", reflexiona ahora el investigador.

"De Puño y Letra" tiene poco menos de 200 páginas en las que hay documentos visuales, notas al pie de página y testimonios orales de importantes personajes como Alejandro "Mono" González, el líder de la Brigada Ramona Parra. La historia que recorre Castillo dura más de 100 años, pero el énfasis está puesto en las décadas de los años '60 y '70, cuando los hermanos Larrea diseñaban las carátulas de los álbumes de la Nueva Canción Chilena, Waldo González hacía carteles con muchas personas de brazos grandes para la Polla y la BRP exponía bocetos de sus murales en el Museo de Arte Contemporáneo.

-¿Quién influenció a quién? ¿Los diseñadores de los '70 a los brigadistas, o al revés?

"Creo que hay una influencia mutua, pero más que nada está la influencia de las artes gráficas, el grabado, sobre ambos. Si uno ve los grabados de Venturelli para la edición clandestina de 'Canto General de Neruda' u otros trabajos de Pedro Lobos, Santos Chávez o Carlos Hermosilla, uno ve que ahí hay una visualidad que después utilizaron tanto las brigadas como el diseño gráfico".

-Si tuvieses que describir la composición de esta imagen que se desarrolla desde fines de los '60 en Chile, ¿cuánto habría de muralismo mexicano, de arte pop o de gráfica cubana?

"Por el lado de la letra trazada sobre el muro hay una influencia del periodismo gráfico, de la prensa, que fue determinante para las brigadas, porque ellos no parten de la imagen, sino del texto; la idea de ellos es tomarse los muros para poner sus propios titulares. En cuanto a la imagen, está sin duda el muralismo mexicano, y más que el pop art, yo me animaría a hablar de la sicodelia; muchos hablan de la importancia de la visualidad de una película como 'El Submarino Amarillo', así como también del póster hippie. Otra influencia destacable es la que tuvo el cartel cubano, en el que en gran parte se hacía todo a mano. El cartel polaco también influyó, pero me animaría a decir que tuvo menos difusión en la época".

-¿Cuánto influyó el muralismo mexicano en el arte de las brigadas?

"Fue importante, pero no se trató del referente principal. Hubo intentos de intervenir el espacio urbano por artistas chilenos y visitas de algunos muralistas mexicanos, que realizaron trabajos en algunas ciudades. Pero no hubo un proyecto a gran escala que lograra consolidarse. El trabajo de los artistas fue durante los sesenta, para la campaña del 64, y en esencia consistía en pintura de caballete sacada al espacio público. Hay mucho oficio en esos murales; son verdaderas pinturas, pero es algo muy distinto a lo que viene después. La misma Luz Donoso se ríe y dice que ella no era admiradora de Siqueiros, sino de Giotto. Esa pintura de oficio muy cuidado que realizaba con tiempo es deudora de los murales evangelizadores de la Iglesia. No tiene que ver con el trabajo fugaz de las brigadas, ni con la gráfica de los Larrea ni con los carteles de Waldo González".

-¿Cuál fue el mural de las brigadas que más duró?

"Uno que está en la Población San Miguel, en Salesianos con Panamericana Sur, en una villa de edificios. Lo pintó la BRP y no tenía leyendas; la imagen mostraba un terminal de micros y una plaza con niños jugando. Ese mural logró perdurar por la solidaridad de los barrios, ya que había un sargento de Carabineros que era vecino y que les dijo que como el mural no tenía un mensaje tan directo entonces que si sólo le borraban la firma, iba a permanecer. Así fue y el año 2001 fue restaurado por el "Mono" González y jóvenes de la JJ.CC. Otro trabajo que logró perdurar fue el mural de la BRP en las dependencias del Hospital del Trabajador (restaurado en 2002), pero este último se trató de un trabajo realizado en un recinto cerrado, no en el espacio público".

-Hay varios artistas que trabajaron con los brigadistas, entre ellos Roberto Matta, quien vino en 1971 a pintar un mural en la comuna de La Granja que ahora están restaurando. ¿Qué tan importante fue esa experiencia?

"Lo más importante fue la relación cercana que tuvo con ellos. Probablemente él pensaba que se iba a encontrar con un colectivo de artistas o algo así, pero eran cabros, escolares, gente sencilla. Él les regaló un camión y los invitó a comer. Fue algo completamente al margen de lo académico y lo artístico, más bien el esfuerzo de un artista de salir de sus circuitos habituales, y la importancia para los brigadistas de haber conocido a un artista tan importante".

MURALISMO POR TRES

En la década del sesenta los artistas salen a la calle a hacer pinturas que a veces llevan breves leyendas políticas.

Para las campañas del 70 aparecen las brigadas que pintan consignas en las calles y se pelean lugares estratégicos como la esquina de Irene Morales con Plaza Italia.

Un año después, el 71, aparecen los murales de mujeres con flores y niños felices que se pintan en lugares más alejados del centro y que constituyen una parte importante de la iconografía brigadista. Se pintan en todo Chile durante unos meses en los que la intención es celebrar, pero ya al año siguiente las brigadas vuelven a las consignas que se borran día a día de las murallas más visibles de la ciudad.


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Mural pintado por artistas en el Río Mapocho. Una estética distinta a la de las brigadas de los 70.
Mural pintado por artistas en el Río Mapocho. Una estética distinta a la de las brigadas de los 70.
Foto:Ocho Libros


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