REVISTA YA

Martes 28 de Noviembre de 2006

Denise Van Lamoen, arquera y medallista chilena:
Ya demostré que soy la mejor

Dos medallas de oro en los Odesur volvieron a ponerla en el tapete como recordwoman. Dice que ya cicatrizó las heridas cuando la acusaron de doping.
Por Natalia Núñez. Fotografías: Carla Dannemann.

La primera vez que Denise van Lamoen (27) conoció un arco tenía 13 años. Fue en una cancha de tiro en Iquique y estaba enyesada. No es chiste. Tenía la muñeca esguinzada producto de ser una niña hiperlaxa, es decir, con las articulaciones muy elásticas, huesos demasiado blandos. "Cuando chica me enyesaron once veces", recuerda ella sentada en una de las bancas de madera de calle República donde está la Universidad Andrés Bello. Pero el yeso no fue impedimento para que ella y el arco hicieran buenas migas. "Ahí vi gente tirando con arco y la postura era maravillosa. Fue como amor a primera vista. Hay gente que me dice que no es deporte porque no sudas. Les digo que tienen razón. No es un deporte, es más que eso. Es un arte".

Denise es como un huracán. Con el tiempo sus huesitos se hicieron fuertes y su temple y carácter también. Sus caídas y fracasos - un doping positivo en 2002 y un divorcio cuando tenía 24 años- le ayudaron a endurecer la piel, tanto como para convertirla en la recordwoman de su especialidad: tiro con arco. Su pelo crespo al viento y su asertividad en el discurso, sin pelos en la lengua, la hacen verse segura. Sólo su polera roja comprada en Buenos Aires y los anteojos de sol burdeos marca Reef llaman la atención de su atuendo. Eso y su tostado natural, producto de su entrenamiento de lunes a viernes, cuatro horas diarias.

Denise volvió a ser la misma de antes, y ahora con más figuración luego de los últimos juegos Odesur, en que superó las expectativas con dos medallas de oro. No sólo el deporte ocupa su tiempo. Está en tercer año de Derecho y para esta entrevista la acompaña su amiga y compañera Vivi. Ella es la que le paga las cuentas cuando está en competencia fuera de Chile, la que le riega las plantas del departamento que Denise le arrienda a su tía y la que le presta los cuadernos cuando se atrasa en las materias. Se ha hecho de nuevos aliados después que muchos le dieran la espalda cuando el año 2002 dio positivo en el doping de los Odesur de Brasil, donde había sacado cinco medallas.

- ¿Cómo viviste esa etapa?

- Fue muy doloroso, todavía no lo olvido. Ya está cicatrizado, puedo hablar de eso y no me afecta, pero en ese minuto se me vino el mundo encima, terminé viendo la vida de otra manera. En un aspecto me puse más paranoica. Pero en la competencia misma, a pesar de las penas sufridas, sigo confiando. Mi mamá me reta por ser así, por seguir creyendo en el ser humano. A lo mejor me sigo cayendo, pero prefiero mil veces que me duela una traición a llegar a vieja y nunca más confiar en nadie.

- ¿Te dio depresión?

- Sí, incluso tuve que ir al siquiatra. Mentalmente estaba mal, era súper difícil ganar en esas circunstancias, con tan poco apoyo de la Federación. Perdí el cupo para Atenas 2004. Había público que me hacía barra en contra desde las galerías... En cambio ahora la gente o los periodistas me dicen 'qué bueno que volviste', pero yo nunca me he ido, yo seguí entrenando a pesar de todo.

- ¿Sientes que sacaste lecciones de esa experiencia?

- Fue súper fuerte porque yo había dedicado mi vida entera a este deporte como para que me pasara algo tan injusto. Y en ningún momento fue opción retirarme, siempre pensé que esto había que aclararlo. Quizás me voy a ir a la tumba y no voy a saber quién me puso la sustancia. Pero yo sabía que había que llegar a las últimas consecuencias, tenía que seguir entrenando para que se dieran cuenta de que no necesitaba sustancias para ser la mejor, y eso me motivaba mucho para seguir peleando.

- ¿Dirías que llegó el momento de tu reivindicación?

- Ya demostré que soy la mejor entre mis pares. Pero hoy no estoy tan dispuesta a sacrificar tantas cosas como antes. Hoy estoy trabajando sin entrenador y no seis horas como antes. En el pasado el objetivo valía la pena, pero ya no. Ganar una medalla por bolitas de dulce ya no me llena, para dedicarme más la inversión tiene que ser mayor; para dejar un poco de lado la universidad tiene que haber mayor apoyo concreto. Porque como están las cosas ahora no puedo vivir de esto, tengo que estudiar una carrera.

"Todo pasa por algo"

Denise ha madurado y sabe que ser deportista de elite en Chile es sinónimo de mucha renuncia y sacrificio, y de un futuro incierto en lo económico. Dice que le gustaría tener la misma buena puntería en el deporte y en la vida. Que se maneja más con su pesado arco de cuatro kilos que en sus decisiones personales. Cuando tuvo depresión, por ejemplo, despertó un día con ganas de un cambio radical en su vida para animarse. Y se peló la cabeza. Al rape. "Lloraba por todo, me levantaba y me acostaba pensando quién había puesto en el plato la sustancia".

Pero esa etapa le sirvió para esclarecer su futuro: decidió que quería convertirse en abogada. "Sí, soy de la idea de que todo pasa por algo, y eso me sirve para que yo le busque el sentido de por qué alguien quería perjudicarme... no es que le desee eso a nadie, fue horrible. Y más que nada porque mi juventud entera la he dedicado a este deporte, no fui a mi gira de estudio, no iba a fiestas, tenía una vida estructurada y dispuesta a dejar de estar con mi familia incluso en momentos importantes".

Ahora su prioridad son sus estudios, las leyes, hacer justicia. Y le preocupa su examen de grado. "Le tengo miedo al fracaso", reconoce. "No es lo mismo que saber perder. Siento que sé perder, pero recuperarme de los fracasos es a lo que yo le tengo miedo... lo del doping no lo tomo como un fracaso, porque no fue culpa mía. Fue una muy mala experiencia de la que he sacado lecciones y he tenido nuevas oportunidades de vida".

- ¿Y qué fracasos has tenido entonces?

- Fracaso matrimonial (con el médico Norman MacMillan). Mi separación se dilató ene por no querer fracasar. Me casé a los 21, súper joven porque estaba enamorada, pero a pesar de eso no he dejado de creer en el matrimonio. Casarse no es sólo el cuento de hadas, es un compromiso mutuo, tú quieres poner al ser que amas en una posición distinguida frente a la sociedad y reconocerle ciertos derechos a esa persona sobre uno mismo, que no va a tener cualquiera. La lección que saqué de mi matrimonio es que la comunicación es un tema súper importante. En ese momento era necesario separarnos y era lo mejor para los dos. Es una etapa superada y hoy tengo una buena relación con él. Tenemos un perro en común, un yorkshire que se llama Chiky.

Ahora Denise no está sola y sí tiene pareja, pero mantiene en estricta reserva su identidad. Desde agosto ella vive en un departamento que está a cinco cuadras de su universidad y se desplaza por Santiago en su Suzuki Ignis blanco. "Soy excesivamente ordenada, limpia, maniática, me he relajado un poco con el orden para no estresarme tanto, pero me gusta que todo esté impecable, soy muy detallista, pulcra. Prefiero hacer las cosas yo antes que otro porque siento que nadie las hará igual".

Denise dice que todos sus logros - medallas en Cuba, en los panamericanos de Winnipeg y juegos Odesur, entre otras- se los debe a su propio esfuerzo y perseverancia. "Soy una de las deportistas que más medallas traen al país", enfatiza. Y agrega: "Pero estoy dentro de las primeras ¿porque tengo habilidades innatas? ¿porque hay un grupo de gente que por la buena onda me ayuda? ¡Yo no tengo entrenador hace tres años! Tampoco quiero desmerecer el trabajo que hace Óscar Pérez, que figura como mi entrenador ahora, pero no es de nivel mundial o del nivel que yo necesito".

En buenas cuentas, Denise siente que la han dejado un poco a su suerte. Un tanto sola."Tengo pánico al abandono, hoy creo que ese miedo se manifiesta más en una relación de pareja, porque sé que las trancas de niña se notan cuando estás de a dos. Tal vez tiene algo que ver con que mi viejo se separó de mi mamá cuando yo era chica", reflexiona la deportista.

- ¿Cómo es la relación con tu padre ahora?

- Cada vez mejor. Yo me reconcilié con él hace mucho rato, tengo una muy buena relación con él hoy. He hecho el ejercicio de pensar que somos todos seres humanos y que cometemos errores. Uno, como hijo, de repente es muy injusto, creemos que los papás tienen que ser perfectos, nunca decepcionarnos, y cuando vas creciendo te das cuenta de que ellos también pasaron por ésta y que no por eso van a ser perfectos. Es como ponerse en los zapatos del otro. También ellos tienen derecho a rehacer sus vidas. Si como pareja no resultó, la idea es que sean buenas madres y padres igual. A mí me trajo otros traumas porque no sé lo que es tener un padre, y ya nunca lo voy a saber, ya pasó la vieja.

PRODUCCIÓN: CARMEN ROSA ECHENIQUE

MAQUILLAJE Y PEINADO: ALEJANDRA DEL SANTE

vestido: MNG


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Foto:Carla Dannemann


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