REVISTA YA

Martes 10 de Febrero de 2004

Salud mental
Desapego... y entusiasmo

Texto Juan Pablo Díaz, siquiatra

Toda pasión o sentimiento amoroso se acompaña de un sutil sentimiento de cuidado, celo y posesión, necesarios para el vínculo de pareja. Pero estos mismos sentimientos pueden causar gran dolor frente a la sola idea o posibilidad de que la relación se termine. Muchos padecen este doble sentimiento: un inmenso amor al otro por un lado, pero contaminado con un gran temor a la pérdida, lo que generalmente lleva a destruir el lazo. Existe un grado de apego necesario e inherente a la condición humana. Desde pequeños aprendemos a apropiarnos de las cosas; el mundo nos pertenece, aunque sabemos que la vida es pasajera, que nada es infinito: ni la estadía en el útero, ni el pecho materno, ni la infancia misma. Crecemos desapegándonos de lo querido, para liberarnos.

El término desapego es de aquellas palabras "buenas", que producen desconfianza y sospecha. El desapego, la austeridad y el recato son valores estrellas en una formación estricta y rígida, lo que para un niño significa, inevitablemente, renunciar a lo que se tiene y a lo que en ese momento más desea apegarse y atesorar.

El apego y desapego no se refieren sólo a la presencia de bienes superfluos o la disposición de dejarlo todo por un valor superior. Puede ocurrir en cualquier relación humana; con el dinero, el poder o el amor.

Algo que ocurre con bastante frecuencia, sobre todo a algunos hombres, es el desapego emocional. Situación bastante peligrosa, ya que muchos de los que la padecen, no tienen conciencia de ella y, por lo tanto, se hace muy difícil modificarla. No significa que él sea menos sensible que la mujer, de hecho a veces es todo lo contrario y quizás por eso mismo, a los niños hombres desde pequeños se les enseña a desapegarse de la emoción, a no hacerle caso, como si no existiera. Basta con ser "inteligentes", racional y razonable: lo demás es inútil y prescindible. Sin apego emocional no existe afectividad ni relación sentimental posible y aquí es donde surgen las mayores dificultades de la pareja. El apego afectivo y su integración con la racionalidad es la única posibilidad de obtener seguridad y confianza, logrando formar una verdadera identidad, lo que permite la intimidad.

Existe un límite muy preciso y necesario entre apego y desapego, que es bastante sutil y complejo. No se trata de la intensidad de un sentimiento, ni de querer más o menos. Hay personas que recomiendan "no querer tanto, para no sufrir".

Toda relación humana incluye apego y desapego y el límite está dado por el grado de libertad que posibilita esta proporción. Si el celo necesario para cuidar la relación se hace obsesivo, desaparece la posibilidad del desapego y la relación amorosa se transforma en una condena.

El apego exagerado esconde, necesariamente, una alta dosis de inseguridad, que en vez de resolverla, la convierte en un lamentable círculo vicioso, que al aumentar el control sobre el objeto amado, potencia aún más la inseguridad.

La diferencia entre tener y acaparar o entre amar y depender o entre el gozo y sufrimiento está dado por la capacidad de desapego.

El indicador más preciso y oportuno para conocer el límite exacto del desapego es el entusiasmo. Mientras éste exista, es señal de que la relación está funcionando. Del momento en que se pierde, la relación se transforma en una dependencia torturante. Manténgase alerta.


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir

  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales