REPORTAJES

Domingo 30 de Junio de 2002

HOGAR DE CRISTO. Políticas de pobreza:
Benito, un hombre bendito

Para los que no creen en milagros, para los que se aman a sí mismos por sobre todas las cosas, para los que han perdido todas las esperanzas y despertado de todos los sueños, un día con este hombre bienaventurado resulta una experiencia inolvidable.
RAQUEL CORREA

P adre. ¡Padre Benito! - lo llama casi a gritos una mujer desdentada con su niño flaquito en los brazos. Él se detiene, la besa a ella y acaricia a la criatura. Están en un campamento miserable, con fonolas separando los patios, con caca de perros por las calles polvorientas, con ventanas sin vidrios, con suelos de tierra. Escucha con respeto. Con un interés tan profundo, como si en eso se le fuera la vida entera. Y se compromete. "Se arreglará su problema, señora, tenga fe".

Si él fuera cura, nadie se sorprendería. Sacerdotes buenos y caritativos se pueden encontrar... Pero un laico dedicado a vivir las bienaventuranzas como si él mismo se hubiera hallado con Cristo en el Sermón de la Montaña, esa sí que es una experiencia singular. Y estremecedora.

Benito Baranda se llama. Es un profesional joven, bonito por dentro y por fuera. Vive con los pobres, habiendo nacido en cuna de oro. Trabaja para los pobres y con los pobres. Es verdaderamente amigo de ellos. La publicidad perturba su modestia pero la acepta. Sabe bien que en estos tiempos sólo lo mediático mueve montañas. El quiere arrasar con las cordilleras de la miseria, de la injusticia, del dolor. Para eso, necesita conmover corazones.

Historia de familia

Benito no sabe con certeza qué fue lo que conmovió su propio corazón, encadenándolo de por vida. De abuelos catalanes por ambos lados, hijo de un arquitecto de buena posición, tercero de 10 hermanos nacidos uno por año, se crió en Viña del Mar, al lado del Sporting. Desde niño aprendió a compartir. En su hogar no faltaba nada, pero tampoco sobraba nada.

- Mis padres eran austeros, como la gente de antes - dice y es como si de pronto, mientras maneja la camioneta del Hogar de Cristo, recorriendo hospederías y campamentos, hubiera vuelto de golpe a los veranos en El Quisco, a su infancia feliz.

Con un hermano sacerdote (Guillermo, provincial de los jesuitas) y una hermana religiosa de las Monjas Inglesas, en algún momento él también pensó en el sacerdocio. Pero su educación ignaciana le mostró otro camino. Benito era atleta en el colegio. Campeón nacional entre los menores de 16 años en 1.500 metros planos y con obstáculos y vice campeón sudamericano en los 1.500 con obstáculos. Hasta que un día, compitiendo en el Stade Francais, se quebró el fémur.

- ¿Qué pasaba en su casa que produjo estos hijos tan excepcionales?

Se ríe Benito y con sencillez cuenta:

- Yo creo que tres cosas. Mis papás son muy serviciales. Siempre disponibles, muy de compartir los bienes, muy sencillos, muy presentes. Y de mucha vida familiar. Segundo, nos permitieron educarnos dentro de la Iglesia Católica y siento que eso nos marcó fuertemente. Nos inculcaron el respeto por los demás, sobre todo por los que tienen menos. Aprendimos que la gente vale por lo que es, no por lo que tiene.

- ¿Ni una crisis de fe, ninguna rebelión?

- Todavía no, por suerte. Al contrario. Viviendo en Roma con Lorena se nos profundizó la fe. Pero lo católico vivido según el Evangelio. Esa marca católica es muy fuerte. Y lo tercero, la educación de los jesuitas. Esa fue una elección de Dios.

- ¿Qué impera más ahí? ¿Lo religioso o lo social?

- Las dos cosas juntas. Son inseparables. El padre Edwin Hodgson marcó mucho a mi generación. Nos metió los ejercicios espirituales en la sangre y los ejercicios son espitituales, pero se vinculan con la vida. El Evangelio de Jesús es tratar a las otras personas como a mí me gustaría que me trataran.

En la Escuela de Sicología de la Universidad Católica se encontró con la mujer que habría de acompañarlo en esta aventura loca de vivir para mitigar dolores sin otro afán que hacer el bien.

- Si pareces candidato - le decimos visitando campamentos, casa por casa, donde ni los carabineros se atreven a entrar. El sonríe con la misma dulzura de siempre, mientras le brillan de risa los ojos verdes con puntos amarillos.

¿A qué será candidato este Benito Baranda?

Cuentan que le han ofrecido alcaldías, diputaciones, senadurías y hasta ministerios. Pero, es evidente, su camino, no va por ahí.

- No serviría para la política; entiendo que el servicio público uno también lo puede hacer a través de fundaciones como el Hogar de Cristo.

En terreno

- ¡Buenas tardes padre! - lo saludan a su paso los pobladores. - No soy padre - contesta sonriente.

- ¡Cómo que no! - insiste la mujer del campamento "El Cañaveral", que ya lleva 20 años ahí y que pronto será erradicado. La gente está ilusionada con irse a las villas, pero confiesan que sentirán nostalgia. Esto se convertirá en calle. Ahí se queda su historia, ahí nacieron sus hijos, ahí han muerto sus viejos...

Esa población se inundó entera para los temporales. El agua entró por todos lados como invitada de honor y se instaló empapando jergones, embarrando paredes, llevándose sus cositas. ¿Qué cositas? se pregunta uno.

Más allá, en el campamento "Lo Castillo", donde la miseria es más miserable todavía, cuatro hombres jóvenes beben en la calle. "¡Hola! - dicen y se ríen, con esa mirada nublada de los borrachos- . Tenemos sed. ¿Nos dan unas moneditas?". Benito los saluda amable, no más. Por ahí un joven, el joven más flaco que uno pueda ver en toda la vida, pide una moneda para pan. Benito lo conoce, sabe que no es pan lo que quiere. Exhibe sus brazos llenos de tajos... Hay droga en el campamento. Marihuana. También cocaína, pasta base. Y no sólo consumidores. Narcotráfico, también. Esa señora gorda que sale al paso reclamando que todavía no le dan casa, vendía droga. Todos la conocen. "¿Y si quemo mi casa, qué?" dice provocativa.

- Se consume harto - cuenta Sandro, un vecino que se gana la vida lo más bien con su almacencito en el mismo campamento.

- ¿Y cómo la consiguen si son tan pobres?

- Usted sabe, para estas cosas no les falta. Aquí hay cosas buenas y cosa malas, como en todo campamento - dice Sandro.

Luis Vidal, criado con un hermano en el Hogar de Cristo, es un ejemplo alentador. Nos acompaña en este vía crucis humano. Simpático y cálido, por "Tío Lucho" lo conocen todos y él recorre cielo y tierra anotando necesidades y problemas, llamando a cada uno por su nombre. - El 1 de julio cumplo 15 años trabajando en el Hogar - cuenta orgulloso y feliz, como niño con zapatos nuevos- . Soy animador comunitario. Estoy casado, tengo mi casa propia y una niña de tres años.

Jornada eterna

Ese día, como todos los días de semana, Benito empezó temprano la jornada. A las 6:45, sin despertador, se fue a la ducha. Preparó el desayuno para todos - otras veces lo hace Lorena, su mujer ángel- . Tomó una taza de café con leche y un mankaki de su propia chacra. Dedicó un cuarto de hora a alimentar las 12 gallinas ponedoras, las aves - algunas silvestres y otras regaladas- que llenan la pajarera, y los ocho conejos. "La idea era comerlos, pero los niños no quieren", explica. Faltando 10 minutos para las 8 llevó a los cinco niños mayores a sus colegios. Cada uno dejó hecha su cama. En una pieza, los tres hombres, en la otra las tres niñas. La Magdalena, la más chica, se quedó con su madre en casa. Más tarde Lorena la llevaría a terapia.

- A la Magdalena la recibimos de un mes. Queríamos una niñita y nos avisaron de la Fundación Chilena para la Adopción que había una, pero que tenía limitaciones importantes. Nadie la quería. Problemas de audición y ceguera. ¿Por qué no? pensamos. Un lunes la fuimos a conocer. El domingo en la noche conversamos con los niños y les dijimos lo que planeábamos. Estaban felices. Nos dijeron "queremos otra hermanita". Apenas la vimos, nos enamoramos de ella y la llevamos a la casa antes de tener los papeles.

Con tratamientos y tanto cariño, estos tres años la niña ha ido progresando. "No oía nada y ya tiene sus audífonos. Tiene anteojos. Da algunos pasitos"

Una historia de amor

Benito y Lorena eran compañeros en la Católica. El vivía en Av. Kennedy, ella venía del Universitario Inglés. Se enamoraron y planearon casarse. Compartían la vocación social. Una vocación especial por los pobres que bien pudo llevarlos a ser marxistas, pero ellos son cristianos."Católicos", explicita Benito cada vez que puede.

Se fueron a vivir a una modesta casa de adobes en Independencia, para ser pobres por adopción, alegremente. A muchos les costó comprenderlos. Su explicación es simple:

- Queríamos tener una relación cotidiana con la pobreza. San Ignacio decía que "nosotros, los que creemos en Jesús, somos naturalmente amigos de los más pobres". Y eso que- ríamos con la Lorena.

También querían tener una familia grande, pero no les fue posible. Trabajaron en una hospedería de niños, a cargo de 40, 50, 60 niños. Él los recogía en la calle, por las noches, con su citroneta. "Chiquillos muy maltratados que intentábamos salvar con puro cariño". Luego, los dos viajaron a Roma a seguir un postgrado. De vuelta compraron un sitio en La Pintana, donde se fueron llenando de niños, conejos, gallinas, verduras, frutales, pájaros y vecinos. La casita de madera fue creciendo. Luce limpia, clara, por sobre todo alegre, con altos de ropa secándose cerca de la estufa, con los niños arremolinados en el computador.

Benito llega feliz a su casa, al final del día, sin ni un síntoma de cansancio, después de haber ido a un colegio particular del barrio alto, a las 8 de la mañana, a dar una charla sobre pobreza. De estar dos horas en La Moneda en la ceremonia de compromiso contra la droga, en el patio de Las Camelias, conversando con gobernantes, parlamentarios, dirigentes de profesores, de trabajadores, de empresarios. De recorrer campamentos en Renca y Cerro Navia, casa por casa. De una reunión en el Hogar de Cristo, de pasar por la Hospedería, almorzar un pan con palta, nada más, dar una charla en la Universidad Finis Terrae.

Ya está oscuro y hace frío, pero todavía le queda tarea. Una reunión de apoderados de las que nunca faltan, un encuentro de matrimonios cristianos, comer con los hijos que Dios le dio, ayudarlos en las tareas, rezar. ¿Para mañana? Volver a empezar a las 6:45 alimentando a los pájaros, los conejos, las gallinas y socorrer a tantos y tantos pobres.

SENTIMIENTOS

Vivir con la pobreza

- ¿Qué siente cuando ve tanta miseria? ¿Rabia, frustración...?

- Pena. Mucha tristeza. Más que angustia, tristeza.

- Codearse a diario con tanta pobreza, ¿no endurece?

- No me ha pasado eso. Lo que aprendimos en la Hospedería de Niños es que, detrás de cada pobre, hay una gran riqueza. Cuando conoces esa riqueza y no te quedas sólo en la miseria económica, fisica, social, te das cuenta que esa persona tiene un trasfondo humano de mucha riqueza. Y eso a uno lo lleva a ser más activo. Si a un joven que se droga logramos llevarlo a una unidad terapéutica y sale adelante, se te remueve el corazón y sientes que vale la pena hacer todo lo que hicimos.

- Cuando se erradica un campamento, ver que lograron su vivienda propia es una alegría enorme. Entonces, como esos lo lograron, hay que trabajar para que otros lo logren.

- Y cuando no lo logran ¿qué siente Benito Baranda?

- Frustración. Ha habido muchas promesas. El campamento "Lo Castillo", por ejemplo, donde viven más de mil personas, fue visitado por dos presidentes de la República y tres ministros de la Vivienda. Aquí hubo una toma, pero por fin en agosto será erradicado.

- ¿Usted alienta o condena las tomas de terrenos?

- No las aliento ni las condeno. Yo las comprendo. Un padre dice que las tomas son los pulmones por donde tiene que respirar la pobreza.

- ¿Quiénes son los más pobres de los pobres?

- ...Yo creo que son los que, además de vivir en pobreza socio-económica, tienen alguna condición adicional que los excluye de la sociedad. Algún grado de discapacidad, alguna adicción, o que provienen de alguna etnia. Donde hay más desarrollo económico hay grados de exclusión adicional. Esa es la pobreza más dramática.

- ¿Cuál es la principal causa de la pobreza extrema?

- Experiencias de infancia que marcan fuertemente.

- ¿El alcohol es causa o consecuencia?

- El alcohol y la droga son consecuencias de la pobreza, producto de frustraciones, de desapego de la familia por los hijos. Hace años observo el "síndrome radio-taxi". Los padres que mandan a sus hijos a las fiestas en radio-taxi y se quedan durmiendo. No saben a qué hora llegan ni en qué estado. Si la hija o el hijo llegaron con trago o drogados qué mejor ocasión para hablar con ellos, para consolarlos, para llorar juntos. Pero las familias se han reducido dramáticamente, nuestros lazos afectivos se han empobrecido, están muy marcados por los medios materiales, en todos los estratos. Quiero esto, cómprame esto...

- En la disyuntiva crecimiento o equidad...

- Es una falsa disyuntiva. Crecimiento y distribución son igualmente importantes. No puede haber distribución sin crecimiento ni debe haber crecimiento sin distribución.

- Las políticas gubernamentales para superar la pobreza, ¿las encuentra insuficientes?

- Hay que reformular algunas. Una de ellas, la de vivienda. Hay que estudiarla mucho más a fondo y estudiar la totalidad de los subsidios del Estado a la pobreza para que estén relacionados con la promoción social y no exacerbar la mantención de la pobreza. Se ha avanzado en reforma a la salud, a la educación, a la justicia. Hay quienes las critican pero yo creo que son progresos y se les pueden corregir fallas. Debería hacerse una reforma fuerte en la política de vivienda. Chile puede terminar con los campamentos, con la cantidad de familias allegadas para que obtengan su vivienda.

- Y el área que hay que reformar es la del tercer sector: las organizaciones sin fines de lucro que colaboramos con las políticas sociales. El Presidente Lagos se comprometió y creó una comisión de Fortalecimiento del Area Civil y en eso hemos ido muy lentos.Y resume:

- "Chile Solidario" es una reformulación de políticas sociales. En vivienda no hemos reformulado todavía contundentemente las políticas sociales. Las organizaciones sociales que trabajamos en el área de la pobreza, no tenemos una participación activa en la generación e implementación de esas políticas. Ahí hay una deuda del Estado: involucrarnos en la generación de estas nuevas políticas, desde su gestación. Queremos participación. Esa es una falla histórica, no sólo de este gobierno. Las reformas de las políticas sociales siempre han sido muy estatistas en Chile.

POBREZA

¿De quién es la culpa?

Después del discurso del 21 de Mayo, Benito Baranda emitió juicios críticos. Ahora explica:

- En terreno nos damos cuenta del daño que producen las dádivas: no ayudan a generar esfuerzo. La gente tiene que organizarse.

- ¿Está contra los subsidios estatales?

- Claro que no. Pero sin un sistema que coordine adecuadamente todos los subsidios, al final la gente se llenará de subsidios y terminará dependiendo del Estado. Cada uno tiene que esforzarse al máximo para construir su vida.

- En el Hogar de Cristo -ejemplifica- tenemos viejitos, enfermos terminales, niños, enfermos mentales, fundación de vivienda, Pero, por ejemplo, en los campamentos nos comprometemos a aportarles el 50% de lo que tienen que juntar para su libreta de ahorro para la casa.

Y recorriendo los campamentos que aprietan el alma, recordamos las antiguas "callampas" que creíamos desaparecidas. Benito explica:

- Las callampas del Zanjón de la Aguada, por ejemplo, eran de cartón y de plástico. Mucho peor que esto. Las de ahora son media-aguas. Casas de madera. Hay campamentos, claro, donde todavía quedan callampas, pero son pocas. Con la campaña "Un techo para Chile" hemos llenado de media-aguas donde había callampas, con la ayuda de jóvenes voluntarios. Queda algo en Peñalolén, en Noviciado, en Batuco, pero este invierno y el próximo verano las callampas se transformarán en media-aguas, de estas de seis por tres, con pilotes.

- Todos los alcaldes colaboran mucho con nosotros - continúa- . En algunos armamos jardines infantiles, en otros instalamos olla común, a otros les damos créditos laborales para que puedan trabajar. A nosotros sólo nos mueve tratar que la gente viva mejor.

- ¿Ni siquiera hacen proselitismo religioso?

- No. Nada. Tenemos un mandato muy fuerte del Padre Hurtado: a ninguna persona se le impone credo ni forma de proceder. El foco de nuestro trabajo hoy está en la extrema pobreza, sin distinción.

- Según su experiencia de más de 20 años, ¿la pobreza dura ha aumentado o disminuido?

- No me gusta la palabra dura. Sí creo que la gente en pobreza hoy está más excluida. Y se piensa que los pobres son flojos.

- ¿Y no es verdad?

- No. La mayor cantidad de la gente en pobreza trabaja. Según las estadísticas, seis de cada 10 trabajan. Del resto, muchos tiene trabajos informales. Entregamos microcréditos a través de una fundación y nos damos cuenta que la gente quiere trabajar: sacan su triciclo, se ponen a vender en la calle, se las arreglan para vivir. Claro que a algunos
- igual que en el barrio alto- les cuesta integrarse: tienen otras dificultades.

- Según las cifras CASEN...

- Soy partidario de que se modifique la CASEN, pero, mientras exista, es un instrumento con el cual tenemos que trabajar. No se ajusta a la realidad. En las últimas dos hemos tenido una pequeña disminución de la indigencia. Quiere decir que ha habido dificultades en la política para llegar a las familias de mayor pobreza. Por eso el Estado creó el "Chilebarrio" y el "Chile Solidario". Lo más rico del "Chile Solidario" es el programa puente, que ayuda a las familias a salir de la extrema pobreza, no sólo con un subsidio sino por sus propias habilidades. Están trabajando en varias comunas, con mucho éxito. Pienso que el Presidente debió poner como centro de su discurso el programa puente, no los subsidios.

Al momento de privilegiar necesidades, no vacila:

- La vivienda. Es lo más básico para vivir dignamente. Como producto de la crisis económica, nunca habíamos tenido tan llenas las hospederías como en esta década.

- ¿Peor que en la crisis del 83?

- No. En el 83 fue mucho peor. La cantidad de niños que había en las calles era una ¡brutalidad! Más de 200.000 niños fuera del sistema escolar. Hoy, unos 100.000, habiendo crecido la población. La hospedería tenía 50, 60, 80 niños durmiendo en las noches. Hoy tenemos siete, ocho, 10 niños. Entonces había unas 70 caletas como la del Mapocho. Hoy debe haber una 15 caletas fuertes en Santiago. Hoy - concluye- la pobreza es ¡lejos! menor que en los años 80. Y hay mayor cantidad de políticas para mantener a los niños en las escuelas. En eso ha aportado mucho la ampliación de la jornada escolar. Queda en la calle un grupo de niños, los más complicados, los que consumen drogas, que delinquen. Para ellos hay que tener otro tipo de políticas. El déficit habitacional que había en los 90 era casi el doble del que tenemos hoy. Pero hay otros problemas. "Paz Ciudadana" detectó aumento del consumo de alcohol y a más temprana edad. Y la droga es lo peor de todo, en todos los niveles.



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"No aliento ni condeno las tomas de terreno. Las comprendo", explica entusiasmado Benito Baranda.
Foto:Jaime Bascur


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