EL SÁBADO

Sábado 17 de Junio de 2006

Carlos Cardoen:
Quise luchar con todo para no morir

Hace un par de años le descubrieron un cáncer al colon con metástasis en el hígado. Dice que se lo provocó la pena... Se sumergió por un tiempo, y le dio la pelea a la enfermedad. Hoy, los exámenes dicen que ya no tiene células cancerosas. Pero le cambió la vida: "Tengo un hijo al que necesito darle tiempo y Ésa es una prioridad que ahora me doy el lujo de tener". De su nueva viña, de su polémico pasado y de sus planes habla el empresario colchagüino.

Por Margarita Serrano
Fotos: Juan Francisco Somalo

También son bonitos los árboles pelados en invierno. Hay un cierto desgarro en este paisaje de hileras de álamos desnudos, con la cordillera al fondo y con campos de pura tierra recién arada. Pero ya cerca de San Fernando y en todos los alrededores de Santa Cruz, las viñas empiezan a inundarlo todo con sus colores rojizos y dorados.

Se divisa el tren del vino, que lleva a los pasajeros por todas las viñas de la zona; el Hotel de Santa Cruz con su exquisita elegancia criolla, el Museo de Colchagua, uno de los cuatro museos privados más importantes de América Latina. Y entre los huascos precolombinos, la carta original de la Declaración de la Independencia de Chile y los carruajes campestres del siglo XIX, aparece Carlos Cardoen. El autor de todo este cuento, el empresario de origen belga que nació en Santa Cruz porque su abuelo llegó de Bélgica a vender maquinaria agrícola el año 1913 y se tuvo que quedar para siempre, porque explotó la Primera Guerra Mundial. Si él no hubiera nacido en Santa Cruz, nada de esto existiría y habría hecho otro cuento en otro lugar.

A pesar del frío y de la mañana nublada, esta pequeña ciudad de la Sexta Región se ha convertido inesperadamente en un lugar lleno de glamour. Las artesanías son finas y auténticas, las construcciones son de adobe y de teja sólida, la iglesia es de cal , los huasos no andan disfrazados. Y todo, por el capricho de este empresario de 63 años que parece querer hacerles un homenaje a sus padres todos los días.

Como es el mismo ingeniero que fabricó armas por primera vez en Chile, y que se hizo famoso en el mundo por su bomba de racimo, cuando empezó a coleccionar seriamente piezas arqueológicas de las etnias chilenas y americanas, la opinión pública dijo ­y muchos todavía lo dicen­ que su incursión en el arte, su interés por las joyas mapuches o las canciones de Violeta Parra era un lavado de imagen. Él discutía mucho en los años 80 con la prensa y por cada bomba que se le sacaba en cara, respondía con la restauración o descubrimiento de alguna obra con que él estaba incrementando y sistematizando el desparramado patrimonio cultural del país.

Pero nunca se ha acomplejado, ni siquiera cuando Estados Unidos le declaró una guerra legal, por la venta de sus armas a Irak, lo que le ha dificultado moverse de Chile. Siguió emprendiendo nuevos sueños, entre ellos, su tercer matrimonio con Pilar Jorquera, con quien tuvo al último de sus ocho hijos, Alvaro. El mayor tiene 39 años y el menor,8.

­¿Son todos hombres?

­Hay una sola niñita, mi única niñita.

Hace un par de años ­"no recuerdo si son dos o tres"­ que le descubrieron un cáncer al colon que, además, había hecho una metástasis en el hígado. La noticia cundió con horror en la opinión pública y él se sumergió por un tiempo, no muy largo. Hasta que empezó a aparecer en la tele con la clásica cabeza pelada producto de la quimioterapia.

DEL DOLOR Y LA MUERTE

Cuando aparece en medio de la colección de autos antiguos del museo de Colchagua, esa mañana fría, se le ve sonriente y activo. Ya tiene su pelo crecido, igual de canoso que antes, pero más crespo en la nuca. Está más delgado, él dice que tiene sus 83 kilos que es lo que debe pesar, pero se le ve más disminuido que antes de la enfermedad.

Camina con menos desplante, a pesar de sus botas fabricadas especialmente para él. Tiene los ojos algo turnios y advierte que se acaba de operar de cataratas. Sin embargo, el entusiasmo con que muestra cada pieza de su museo es de una juventud indiscutible. "Y esa micro, la que dice San Fernando-Santa Cruz, era la que yo tomaba el año 54. La encontré desarmada y la mandé a reconstruir. Tiene el motor perfecto... Así era, tal cual, en esa micro de recorrido me iba al colegio".

No sólo es joven, sino también es caprichoso, obsesivo y aventurero.

Cuando se sienta en la biblioteca y se toma un café solo, es posible descubrir que está mejor ahora que antes de enfermarse. Él cree que ha aprendido algunas cosas, pero que es el mismo de antes. No es verdad. Ahora tiene más claros sus sueños y es mucho más libre al construirlos.

­¿Cómo ha sido su relación con la muerte, ahora que estuvo tan cerca?

­No quiero sonar soberbio. Pero tengo una relación muy natural con la muerte. Sé que un día me va a llamar a su cama. No le tengo miedo a ese día, pero no quiero dejarle la pasada ahora. No, tengo un hijo a medio criar, tengo a mucha gente querida cerca que todavía no puedo dejar. ¡No, no le voy a dejar la pasada a esta pelada!

­¿Sospecha por qué se le formó este cáncer?

­Todos tenemos cáncer, pero a algunas personas se nos gatilla por alguna pena. A mí se me había muerto mi papá y mi hermano con muy poca diferencia de tiempo. Eso me hizo sufrir mucho. Esa pena fue la que provocó que a los ocho meses se me descubriera el cáncer.

­Cuando le sacaron la mitad del colon y la mitad del hígado, cuando las drogas de la quimio tienen que haberlo hecho pedazos, ¿quiso morirse alguna vez?

­Cuando a uno le toca estar con una patita dentro del cajón, yo sabía que tenía que darle la pelea con todo. El cáncer es muy sicosomático. Y lo que me pasa es que me parece que la vida es un milagro, que el hecho de que confluyan todos esos factores que generan el hecho de nacer es tan improbable que me parece algo esencial y le tengo un gran respeto. Por eso es que quise luchar con todo para no morir.

­¿Qué lo empujó?

­Soy agnóstico, y no rezo. Pero llegaba mucha gente que rezaban por mí y estoy seguro de que esas buenas vibras contribuyeron mucho a la mejoría.

­Sin embargo, ahora debe tener limitaciones físicas que no estaban en su mundo antes.

­Sí, pero lo veo como un buen negocio. (Sonríe y explica) Estoy preservando mi vida a un precio muy barato. Ésos son los malestares que tengo a veces, las cataratas que me dejó la quimio y que ahora me tuve que operar, el tratamiento de mantención que me tengo que inyectar cada tres días­se llaman anticuerpos monoclonales, como poco pero puedo comer de todo... En fin, todos esos malestares son un precio muy barato. ¡Y vale la pena el sacrificio si lo que tengo es la vida! (Se echa para atrás en la silla, estira las piernas y pone los pies cerca de la estufa. En realidad, las botas que se manda a hacer son muy bonitas.)

­¿Ha aprendido algo de todo ese dolor?

­(Busca en su mente con escepticismo). Tengo más paciencia. Dicen que la paciencia es una virtud raramente encontrada en las mujeres y nunca en los hombres... (Se ríe con una carcajada). Algo más de paciencia tengo ahora. Y he aprendido a priorizar. Soy dueño de mi tiempo, determino de qué me voy a preocupar, entonces para mí ya no hay nada urgente. Tengo un hijo al que necesito darle tiempo y ésa es una prioridad que ahora me doy el lujo de tener.

Ya no tiene células cancerosas. Ese tratamiento al cual está sometido cumple el rol de prevenir la instalación de cualquier célula de ese tipo. Además, estos días debe hacerse por tercera vez un PET, que es la última generación de exámenes para detectar alguna célula cancerosa en todo el cuerpo. Hasta aquí, todos han salido negativos.

LA NUEVA VIÑA

Caminamos hacia el helicóptero instalado en unos grandes galpones, donde tenía la maquinaria agrícola su padre, y mientras los soldadores arreglan y restauran todo lo de metal, desde rejas hasta barricas antiguas, divisamos al fondo el Bell Jet Ranger III Long, color granate, donde caben comodamente seis personas. Se sube sin ninguna parafernalia, igual que si nos estuviéramos subiendo a un caballo, y parte a volar. "Mira, aquí dice que tengo 35 años piloteando y más de 5 mil horas de vuelo... Así es que sin asustarse, porque los mejores pilotos son los más viejos".

El viaje es corto y placentero. Sobrevolamos todo el valle de Santa Cruz. Viñas rojizas, árboles sin hojas, cerros plantados, algunos caballos comiendo a la distancia. Esas 200 hectáreas son la famosa Viña Santa Cruz, en el valle de Lolol. Porque vendió Tarapacá y Misiones de Rengo cuando llegaron a una excelente producción, y se compró esta viña que es su juguete actual.

­¿Por qué las vendió si le estaba yendo tan bien?

­Llevo muchos años haciendo empresas y la mayor retribución que tengo es el goce de hacer negocios y sacarlos adelante. Compré Tarapacá cuando producía 500 botellas al año. La tuve doce años y terminó produciendo 12 millones de botellas al año. Lo mismo pasó con Misiones de Rengo. Era un proyecto maduro, completo, que ya se podía dejar.

­¿Es como lo que le pasa con las mujeres, que las deja cuando se completa el proyecto?

­(Se ríe con picardía y desconcierto). Perversa... Ésta es una sociedad que pretende que todos seamos simples soldados, que cumplamos un rol asignado para que la sociedad pueda continuar. Como lo que ocurre dentro de un panal de abejas, donde lo que importa es la sobrevivencia de la especie. El hombre estándar es como un ladrillo, uno entre miles, iguales.

­¿Y usted no quiere ser un ladrillo?

­Nunca quise ser un ladrillo. Ahora, el que se sale tiene dos caminos, la cárcel o el manicomio. Cuesta mucho ser loco si uno no es un artista, a ellos se les permite. Entonces yo, que soy más loco, tengo que hacer las cosas sin mucha turbulencia. Sin demasiada turbulencia, para que me permitan seguir y no ir al manicomio.

Al caminar con él por esta viña que ya está en producción ­produce un vino llamado Chamán y Gran Chamán­, por las bodegas, por una aldea donde están las casas y los implementos de tres etnias chilenas, la rapanui, la mapuche y la aymara, al ver el telescopio gigante para ver el cosmos que une a las tres, es posible darse cuenta de que esta es una gran locura. En el sentido de grande, potente y visionaria.

­Hay que tener mucha plata para hacer estas locuras tan entretenidas...

­La plata ayuda, pero no es lo que más hay que tener. Aquí hay mucho trabajo, hay mucha energía de un grupo humano grande y de la Pilar, que aviva muy bien toda esta cueca. En esa sociedad de los ladrillos, el éxito se mide por la habilidad de generar dinero y no por la felicidad que puede producir.

­¿También le daba felicidad fabricar bombas de racimo?

­(Se pone muy serio.) Sí, me daba felicidad saber que hacía algo por mi país. Era lo que me habían pedido que hiciera y era una forma de independizarnos de los norteamericanos.

­¿Y logramos esa mayor independencia?

­Logramos esa mayor independencia, les ganamos a los gringos en creatividad, hicimos bombas más baratas y con más usos para aviones rusos, ingleses y norteamericanos. Pero ganarles fue un pecado mortal. El imperio no puede reconocer que aquí se equivocaron.

­¿Cuál es la situación actual suya con ellos? ¿Tiene alguna solución?

­Prácticamente no tiene solución. El juez declaró que no va a tomar el caso porque no le conviene. Entonces ahí quedó. Ellos no persiguieron a los grandes productores de armas como la General Electric o la Bell. No. Ellos hicieron quebrar a una empresa pequeña de Brasil, la Engesa: vendieron a huevo sus tanques a Arabia Saudita y liquidaron a Engesa. El otro chico con el que se podían desquitar fue conmigo.

Se le ha ensombrecido la cara. No quiere seguir hablando del pasado. Él mira esta belleza que está construyendo en la cima del valle de Lolol , donde se ve la ruca mapuche, el moai hecho por un pascuense, el quincho con las asaderas listas para la carne y la chicha, un restorán, un telesférico además del telescopio y las estrellas privilegiadas del sur del mundo. Y el entusiasmo vuelve a brillar en sus ojos.


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir

Foto:Juan Francisco Somalo


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales