DEPORTES

Lunes 14 de Mayo de 2007

Ni perdón ni olvido


Ya está dicho y lo mantengo: la muerte de David Arellano fue una vergüenza. Y el olvido también. Lo que tendré que recalcar esta semana es que el suscrito también se ruboriza y pide disculpas por el grosero e involuntario error cometido hace exactamente una semana: Arellano está enterrado en Chile, lo que agrava la falta, en todo caso. Reabrir su caso no tuvo por objeto -como señalan algunos que me escribieron- ni adjudicar culpas ni repartir pecados. Fue sólo consignar que, pese a los años transcurridos, el líder espiritual de la creación del club no existe para las nuevas generaciones, por más que se me diga, desde Blanco y Negro, que el luto está en el contorno de la actual insignia.

Con todo, y gracias a eficientes guardianes de la tradición alba -entre los que me permito destacar a Sebastián Salinas, el certero historiador de Cedep, quien me narró completa la historia de los restos de David, contenida por lo demás en su libro "Por empuje y coraje"-, podemos terminar el cuento.

Desde que el capitán falleció, los esfuerzos por repatriarlo fueron varios, casi todos infructuosos. Finalmente, y gracias al club Juan Ramsay, el gobierno de Carlos Ibañez, aportes individuales y de algunos parlamentarios, David fue repatriado en el vapor Orbita, que llegó al puerto de Valparaíso el 4 de septiembre de 1929. Donde la historia se equivoca una vez más es en el destino de los restos. Al no existir un panteón colocolino la tumba elegida fue el mausoleo de la Sociedad de Empleados de Comercio, en espera de la construcción del lugar definitivo. Cansados de esperar, su familia lo trasladó a la tumba de la familia Arellano-Riveros.

El Mausoleo de los Viejos Cracks se construyó recién en 1957, por iniciativa del ex jugador Guillermo Subiabre, aunque por distintas razones -sobre todo rencillas directivas- los restos del mártir fueron trasladados solamente en 1979 a su lugar de reposo definitivo, cincuenta años después de haber llegado a nuestro país.

Allí, como dicen en su club, tiene un lugar preferencial. Es bueno que lo sepan. Y que el próximo año aprovechen los acuciosos colocolinos para rendirle el homenaje que esta vez, pese a estar más informados que yo, no pudieron hacerle.


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Foto:HÉCTOR ARAVENA
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