VIDA CIENCIA TECNOLOGÍA

Jueves 1 de Abril de 2004

Migración hacia el calor:
Los pingüinos magallánicos en viaje

Con marzo concluye la partida de la gran masa de estas aves. Regresarán.

HEIDI SCHMIDLIN

Así como la entrada al colegio trastoca la vida de los cachorros humanos, marzo moviliza la vida de un millón de parejas de pingüinos que hace milenios habita la zona más congelada y meridional del planeta.

No deja de ser un evento mayor: de las dieciocho especies que existen en el mundo, nueve se encuentran apostadas en tierra chilena, del continente Antártico hasta el norte del país.

Como anticipo, ya partió -a mediados de febrero- la población juvenil que, investida con nuevas plumas rígidas e impermeables, estrenó sus dotes en el arte de nadar.

Antes de partir en su periplo, los machos detectaron a las hembras deseadas.

Con coquetos gestos, se picotearon mutuamente, aliviando la comezón producida por la pérdida del primer plumón.

El macho avanzó a la danza ritual: aletas bien abiertas, cuello extensamente dirigido al cielo y un rebuzno con la fuerza del burro. La hembra, sin comentarios, aceptó la monta.

Ordenadas así las cosas, luego de un simple ritual post-nupcial, abandonaron las cuevas de sus mayores y emprendieron un largo viaje de cuatro semanas, rumbeando al norte en compañía de su nueva familia.

Las parejas adultas habían llegado a las costas patagónicas en septiembre con el fin de procrear la especie.

Durante estos seis meses, hembra y macho compartieron los arenosos nidos excavados bajo los matorrales de la pampa magallánica, convertidos en esclavos de sus polluellos.

Pero, para que a ninguno le saliera muy pesada la carga, se distribuyeron equitativamente las responsabilidades: doce días incubó él y doce, ella.

Entre ambos completaron 42 días de espera luego de los cuales emergieron, desde los dos grandes y ásperos huevos verduscos, los desordenados polluelos.

Antes de ese acontecimiento, ninguno tuvo derecho al ocio: cuando uno permanecía encerrado, el otro recorría diariamente los 30 metros que separaban la madriguera del mar.

Travesía fiel

Luego de darse un minuto para percibir las condiciones marinas, conversar con los demás colegas -son ante todo, aves amistosas y gregarias: lopeor que les puede ocurrir es que les apliquen la ley del hielo-, bucean hasta los 78 metros. Los flojos llegan hasta los 15.

Bajo el agua nadan a 40 km por hora y resisten entre 58 y 160 segundos. Obtienen el menú de crustáceos, más peces y pulpos.

Aunque cuentan con ocho horas de almacenaje interno, regresan a la madriguera con sus bocadillos a buen tranco. Elegantemente erguidos, toman el sendero de vuelta al nidal. Sistemáticos como son, no será el mismo camino usado para circular inversamente: desde el nido hasta el mar.

Para completar con eficiencia tal tarea, la naturaleza les otorgó un cuerpo hidrodinámico. Aletas y patas con membranas facilitan la propulsión. Luego, equilibrándose con la apertura de ellas, logran movilizarse en tierra.

Si el macho faltara a su compromiso con el polluelo y con su hembra, sería una de las causales del 10% de los divorcios que ocurren entre las parejas.

En general, se mantienen en un 90% fieles el uno al otro y ambos, a su guarida que localizan al abrigo de los fuertes vientos.

"Usando señales numeradas y de colores distintivos en las aletas de los pingüinos, pudimos comprobar los patrones de comportamiento después del periodo migratorio: siempre vuelven con la misma pareja a reconocer la cueva que dejaron vacía para iniciar una nueva incubación", cuenta el veterinario Cristóbal Pizarro, investigador de aves silvestres de la Universidad de Concepción.

Desde satélites

Todos estos detalles del comportamiento de los pájaros-bobo o pájaros-niño, como también se los conoce, resultan de investigaciones de chilenos, ingleses, canadienses, y argentinos en los últimos cuatro años. No obstante, el rigor y aislamiento del entorno donde subsisten hace difícil completar la información.

Manuela Forero y Keith Hobson, biólogos del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados, publicaron en "Scientia Marina" su investigación. Midieron con isótopos de nitrógeno y carbono el régimen alimentario. Descubrieron variaciones en los patrones migratorios tradicionales. Lo consiguieron comparando lo que comían las aves con la disponibilidad de esos alimentos en diversas zonas geográficas.

Por su parte, el investigador Boris Culik insertó un chip en el cuerpo de las aves para monitorearlas desde un satélite y trazar sus rutas.

Para el inglés Mike Bingham el número de pingüinos ha tenido un preocupante descenso debido al derrame de petróleo en Puerto Stanley, producto de la actividad naviera. También ha influido la actividad de las industrias pesqueras, que dejan sin alimento a los pingüinos.

Las cifras son delatoras: la especie Gentoo decayó de 60.000 (1992) a 320 parejas en 12 años, lo que no ha ocurrido en ningún otro punto de Sudamérica.

Las demás poblaciones de Isla Noir, Recalada, Idelfonso, Galápagos y Humboldt reportan individuos sanos que alcanzan la adultez a los cuatro años y mueren una vez terminado su periodo reproductivo (25 años). Como toda animal silvestre, su único propósito es perpetuar la vida por lo que no esperan la vejez para finalizar su ciclo vital y la naturaleza confabula con ellos para que así sea.

Anzuelo turístico

Una centenaria familia croata asentada en el Seno de Otway -los Kuzmamic y los hermanos Kusnovic-, apoyados por la Comisión Nacional del Medio Ambiente, instalaron una estación de observación en las pingüineras.

Se trata de un pasadizo de madera con una mínima elevación para no interrumpir los senderos de los pingüinos. Llaretas y calafates esconden la presencia de estas tablas, incluso ante el resto de la fauna del lugar: zorros, ñandúes, gansos y perros salvajes.

Esperan contratar guardafaunas que defiendan la colonia de sus enemigos más temibles: perros salvajes que atacan las cuevas. Y, también, el ser humano que roba los huevos. Además, la carne del pingüino es la mejor carnada en la recolección de centollas.

Si todo va bien, se copiará el proyecto en la Isla Magdalena.

EN INTERNET

Adopte un pingüino

http://www.seabirds.org


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Estudiosos de Chile, Argentina, Canadá y Gran Bretaña buscan seguir las rutas de estas aves que se casan para toda la vida. Se sabe que llegan a Brasil, Uruguay y el norte de Argentina. Pero también van mar adentro.
Estudiosos de Chile, Argentina, Canadá y Gran Bretaña buscan seguir las rutas de estas aves que se casan para toda la vida. Se sabe que llegan a Brasil, Uruguay y el norte de Argentina. Pero también van mar adentro.
Foto:VÍCTOR PEÑA
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