VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 2 de Junio de 2007

Palacio Falabella:
El origen de Providencia

Allí, en plena calle Pedro de Valdivia, se mantiene vivo y se deja sentir; un hermoso palacio de los años 30.
Texto, Valeria Campos Salvaterra. Producción, Carolina Ovalle N. Fotografías, Sebastián Sepúlveda Vidal

A fines del siglo XIX, exactamente en 1895, se abrió en Santiago una nueva gran avenida, que cambiaría la urbanización de la ciudad: Pedro de Valdivia, entre Providencia e Irarrázaval. Con ella se originó también un nuevo proyecto inmobiliario, la Población Providencia, uno de los primeros loteos del sector oriente de la capital. Fueron 147 terrenos ofrecidos a la venta, donde rápidamente aparecieron lujosas mansiones, que obligaron la construcción de un nuevo ferrocarril. Fue el estirón de una pequeña ciudad: nacía la comuna de Providencia.

Uno de aquellos terrenos testimonia hasta hoy aquel panorama: el Palacio Falabella, actual Palacio Consistorial de Providencia y Monumento Nacional desde 1998. Su historia habla, en primer lugar, del arquitecto Josué Smith Solar, autor del Club Hípico y del Hotel Carrera, el dueño original del terreno. A pesar de que se construyó allí una pequeña casa provisoria, que todavía está junto al ingreso, pronto se aburrió de la lejanía que su hogar tenía respecto del centro. Entonces vendió el sitio a quien le dio su nombre, Arnaldo Falabella, dueño de una de las más importantes sastrerías de la ciudad.

Falabella era un hombre de ascendencia italiana que no heredó fortuna, con una gran familia y un envidiable entusiasmo. La riqueza que entraba al país desde fines de 1800 lo convirtieron en un personaje rico –y famoso entre los santiaguinos por su fina costura– quien al oír del loteo de Pedro de Valdivia quiso dar el gran salto a la alta sociedad. En 1924 mandó a construir la casa familiar al destacado arquitecto italiano Guillermo Mancelli, quién proyectó un lujoso palacio "a la mode" renacentista del siglo XV. Su objetivo principal era demostrarle a los vecinos, muy preocupados de la alcurnia de quienes llegaban a vivir a la Población Providencia, que él y su familia siempre habían vivido con estas comodidades.

Gastó una enorme cantidad de dinero en espejos, vitrales, lámparas, mosaicos florentinos hechos por Aristodemo Lattanzi y mármoles que adornan toda la casa, y las deudas pronto comenzaron a pesarle. Se cuenta, por ejemplo, que cuando el marmolista Botinelli le entregó el valor final de lo gastado en mármoles, Arnaldo Falabella se indignó y le lanzó un guante blanco retándolo a duelo, sin saber que Botinelli era un experto duelista además de coleccionista de armas. En vista de ello, Falabella con gran sentido del humor echó a correr la historia que el duelo iba a ser de quién comía más pastas, ya que los dos eran italianos. Se convirtió pronto en el hazmerreír de sus pares y del duelo nunca más se supo. Pero, como si nada, Falabella siguió gastando dinero. Pronto la casa se vinculó a la municipalidad, pues la familia siempre estaba dispuesta a acoger en su hogar todo tipo de fiestas vecinales. Es memorable el Festival de la Primavera –que habitualmente se realizaba en el Teatro Oriente– que motivó una enorme celebración en el palacio cuando una hija de don Arnaldo fue elegida Reina. También histórico fue el matrimonio de Matilde Falabella, con un banquete para 1.500 personas que fueron recibidas por pajes vestidos a la usanza. El invitado de honor en esa ocasión fue el príncipe de Luxemburgo, Umberto de Saboya, de paso en Chile.

Pero el sueño duró poco. La crisis económica de 1932, producida por la depresión del '29, obligó a los Falabella a olvidarse de los lujos de palacio y de las apoteósicas recepciones sociales. La mansión tuvo que ser vendida, y el comprador fue la Embajada de México. No había pasado mucho tiempo cuando también los mexicanos debieron vender, esta vez a Manuel Cruzat Vicuña quien al poco tiempo se convirtió en otra víctima de la difícil recuperación tras la crisis. En 1940 puso la propiedad en remate, recibiendo una imperdible oferta de la embajada soviética. Sin embargo, la propiedad no pasó a manos de los rusos.

Por sucesos misteriosos, Manuel Cruzat terminó vendiendo el palacio a la Municipalidad de Providencia, bajo la alcaldía de Guillermo Martínez. Hacía algún tiempo que Martínez, en búsqueda de una nueva sede para el municipio, se había acercado tímidamente a Cruzat para ofrecerle una suma de dinero que escasamente alcanzaba la mitad de la de los soviéticos. En una primera instancia Cruzat la rechazó, pero sorpresivamente dos semanas después llamó a Martínez aceptando la propuesta, "feliz del uso que tendría el palacio, y en pleno uso de sus facultades mentales", comenta Miguel Laborde en su libro Santiago: lugares con historia.

Una vez adquirida la enorme casa, en 1948, la municipalidad hizo algunos cambios no sustanciales que dan vida hoy al Palacio Consistorial. Perfectamente mantenido, lo han abierto a la comunidad con visitas guiadas los fines de semana, y frente a él se construyó la Plaza Centenario, nuevo centro cívico de la comuna. Todavía en sus alrededores se puede apreciar la grandeza de los sitios de la Población Providencia, y la elegancia de la vida de la época, que a pesar de la crisis que la remeció, se mantiene silenciosamente hablando de la historia de Santiago.


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1. En el segundo piso se encontraban las habitaciones de la familia Falabella. Las barandas son de fierro forjado y bronce. El gobelino fue adquirido por la municipalidad.
1. En el segundo piso se encontraban las habitaciones de la familia Falabella. Las barandas son de fierro forjado y bronce. El gobelino fue adquirido por la municipalidad.
Foto:Sebastián Sepúlveda Vidal


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