ACTIVIDAD CULTURAL

Domingo 15 de Febrero de 2009

Gran interés de cubanos por adquirir títulos nacionales:
Exitosa apertura para Chile en Feria de La Habana

Pablo Neruda y Roberto Ampuero entre los autores más comprados, en un evento que también recuerda la historia política que une a ambos países.

DANIEL SWINBURN
Enviado especial

En el imponente recinto de la fortaleza Morro-Cabaña, tiene lugar la XVIII Feria Internacional del Libro, Cuba 2009.

La inauguración, el jueves, tuvo como principales oradores al Ministro de Cultura Abel Prieto, y a la Presidenta Michelle Bachelet, quien en su discurso -el más breve de todos- junto con agradecer la designación de Chile como país invitado de honor, recordó que "nuestra cultura aún no se repone del daño provocado por los 17 años de la dictadura, a pesar de los grandes avances logrados hasta ahora". Presenció la ceremonia el Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, Raúl Castro.

El pabellón de Chile -abierto al público el viernes 13 y organizado por la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería (Dirac), dentro de la Embajada Cultural que organiza en la isla con gran despliegue de artistas de diversas disciplinas-, ocupaba cuatros grandes espacios en forma de arcadas de la fortaleza. La primera ofrecía una buena oferta de títulos infantiles nacionales, con una gran actuación de Elena García Huidobro en el espacio Cuentacuentos. En la segunda, dedicada a las editoriales oficiales chilenas (Fondo del Libro y Dibam), los ejemplares no estaban a la venta.

En la tercera estaban las editoriales comerciales invitadas al evento, cada una con un mínimo espacio de unos dos metros cuadrados. Fue lejos el lugar más concurrido por los ávidos lectores cubanos, quienes se abalanzaron en masa a adquirir algunos libros que se ofrecían con muy escaso stock, siendo los más demandados los de Roberto Ampuero (Editorial Planeta) y los de Pablo Neruda. Había en exhibición un ejemplar de la polémica novela "Nuestros años verde olivo", de Ampuero, que fue adquirido por un sigiloso visitante. Mientras otros preguntaban dónde encontrar más ejemplares, se les respondía, con vaguedad, que podría ser repuesta en un par de días. Otros diez títulos de Ampuero se vendieron en una hora, y el mismo éxito tuvieron los libros de Neruda, vendiéndose en un instante tres ejemplares de "Confieso que he vivido", otro de los libros acusados por algunos escritores chilenos de estar censurados en la isla. De Jorge Edwards sólo se ofrecían dos ejemplares de su última novela "La Casa de Dostoievski".

La cuarta arcada del generoso espacio concedido a nuestro país estaba dedicada íntegramente a recordar el viaje de Fidel Castro a Chile en 1971. En grandes paneles se evocaban sus actividades diarias, y cuatro pantallas mostraban las películas grabadas en esa ocasión. El recorrido cerraba con una foto de Fidel Castro, a escala natural, frente a la tumba de Salvador Allende, tomada en 1996. Este gran espacio de propaganda, que pudo haber sido utilizado para ampliar las muestras de las editoriales invitadas, no fue gestionado por la Dirac.

Un poco más lejos, en el pabellón de la Distribuidora Nacional de Libros de Cuba, se vendían los autores chilenos publicados para esta ocasión por editoriales isleñas en ejemplares de bajo costo. Ahí los stock eran generosos: rumas de 200 ejemplares de Gonzalo Rojas, Gabriela Mistral, Volodia Teitelboim, antologías poéticas... Los precios eran sustancialmente más baratos que los del pabellón chileno.

Destacaban también las Décimas de Violeta Parra, "Víctor, un canto inconcluso" de Joan Jara, "Naciste pintada" de Carmen Berenguer, "Lumpérica" de Diamela Eltit, "El evangelio americano" de Francisco Bilbao, "La reina Isabel cantaba rancheras", de Hernán Rivera, todos publicados por Editorial Arte Literatura y Editorial Casa de las Américas. No figuraba ningún título de Neruda.

ARMAS DE AYER

Tal vez la mayor atracción del primer día de la Feria para Chile lo constituyó el lanzamiento de "Las armas de ayer", de Max Marambio, en una reedición ampliada de la editorial cubana José Martí y del Instituto Cubano del Libro. Con despliegue de periodistas y ante unas 200 personas, Marambio, acompañado de su mujer Esperanza Cueto, subió al estrado junto al senador chileno Carlos Ominami, el editor de Ramdom House Mondadori Pablo Dittborn, y el historiador cubano Eusebio Leal. Con un prólogo de Gabriel García Márquez, y un capítulo nuevo sobre la figura de Salvador Allende, Leal recordó al entonces jefe de Marambio en el MIR, Miguel Enríquez, y aprovechó de rendir un homenaje a "todos los compañeros que fueron a Chile a ponerse bajo las órdenes de Henríquez". Dos de ellos estaban en la sala y fueron aplaudidos de pie cuando Marambio los nombró, igual como sucedió con Miguel Enríquez-Ominani.

Las emotivas palabras del senador Ominami contradijeron un tanto a Leal, al afirmar que en el libro de Marambio quedaba "meridianamente claro que no hubo intervención cubana sino sólo de Estados Unidos", durante el gobierno de la Unidad Popular. Sus palabras finales no cayeron muy bien en la selecta audiencia, al recordar que el autor escribió sobre "las armas de ayer, no las ideas de ayer ni los principios de ayer... Es importante hacer una diferencia entre dos palabras que se parecen sólo en su pronunciación: renovar y renegar", como agregó el senador. El libro de Marambio recuerda la vida del autor como miembro del MIR y del GAP durante el gobierno de Allende, más los episodios vividos en la Embajada cubana los primeros días después del golpe militar de 1973.

En otra sala, los poetas chilenos Raúl Zurita, Elicura Chihuailaf, Carmen Berenguer, Omar Lara y Reynaldo Lacámara presentaban títulos editados en la isla.

Una apertura exitosa para la delegación chilena, en una Feria donde la gran mayoría de los pabellones eran cubanos, con escasa presencia de narrativa latinoamericana contemporánea, y con profuso material ideológico de apología de la revolución.


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El pabellón de Chile ocupa cuatros grandes espacios en forma de arcadas de la impresionante fortaleza Morro-Cabaña.
El pabellón de Chile ocupa cuatros grandes espacios en forma de arcadas de la impresionante fortaleza Morro-Cabaña.
Foto:EL MERCURIO


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