ARTES Y LETRAS

Domingo 28 de Agosto de 2005

PATRICIO GUZMÁN. "Salvador Allende", el documental:
El sastre de Allende

Patricio Guzmán, el más importante documentalista chileno, aseguraba hace un año que nadie distribuiría "Salvador Allende" en Chile. Se equivocó. El jueves se estrena la biografía de un hombre que no deja de penarle a nuestro país. Guzmán define su oficio como el de un artesano; quizás podría ser el de un buen sastre, de corte preciso, a la medida de su propia pasión. Un hombre mirando siempre a su izquierda.
ÓSCAR CONTARDO

En un muro a cuadras de Plaza Italia se superponen capas de anuncios de fiestas electrónicas y tocatas de grupos pop. Entre esos afiches hace una semana apareció otro, el de una película que tiene por título un nombre: "Salvador Allende". Más de treinta años han pasado desde que los muros fueran territorio exclusivo de las brigadas muralistas. La época en que un comprometido Matta trabajó junto al "Mono" González en esos anuncios colorinches con algo de mexicano y mucho de comic dando noticias de que una nueva sociedad se hacía inminente. Una época que ahora parece otro mundo. Años en que los dos socios que trajeron "Allende" a Chile apenas habían nacido.

Antonino Balestrazzi (29) y Rodrigo Orellana (31) son los responsables de esos afiches y de las pegatinas en el piso en los multicines del barrio alto en las que se publicita la película. Esperan llegar a las poleras con el rostro del ex Presidente para completar el merchandising de rigor. Es "Salvador Allende" en un país distinto.

En 2004, Balestrazzi y Orellana estaban en España, en el Festival de San Sebastián, mostrando su trabajo en Chile como productores, cuando vieron que en la televisión el documentalista Patricio Guzmán les afirma a sus entrevistadores que en Chile ninguna distribuidora estaba interesada ni se atrevía a llevar su más reciente trabajo. Los jóvenes socios se encargarían de demostrarle lo contrario.

Este jueves se estrena "Salvador Allende", con 10 copias de 35 mm. Un hecho inédito para un documental. El susto inicial de las salas por colgar el afiche en blanco y negro con el rostro del ex Presidente y su nombre en letras rojas pareciera haberse calmado. El adjetivo "rojo" dejó en gran medida de ser sinónimo de revolución por estos lados.

El autor de "La Batalla de Chile" (concluida en 1979), "En el Nombre de Dios" (1987); "La cruz del sur" (1995); "Las barreras de la soledad" (1997) y "El caso Pinochet" (2001), estrenó el año pasado en Cannes su película "Salvador Allende" y vino a Chile para asistir al lanzamiento local. Patricio Guzmán compara su trabajo de documentalista con el de un artesano, muy distinto al del cine de ficción. Un trabajo en el que se deben unir y coser los distintos trozos desperdigados que se van encontrando hasta formar un todo armonioso. Siguiendo su metáfora, él es un artesano reconocidamente diestro. Un hábil sastre.

"Patricio Guzmán realiza un retrato biográfico que reflexiona sobre las ambigüedades y las paradojas de un revolucionario demócrata (...) Aunque el personaje sea visto sólo desde el punto de vista de sus partidarios y de unos pocos opositores norteamericanos, la cinta es cautivante y matizada", dijo Le Figaró de "Salvador Allende".

Cada vez que se escribe sobre Guzmán en Chile es necesario hacer el rito de explicar que sus documentales no pretenden objetividad. El único dato en frío que el director nunca deja de evocar en la memoria es el 42 por ciento logrado por la UP en las elecciones parlamentarias de marzo del 73. En el resto siempre está la medida de su propia pasión. "Un eterno huérfano de Allende" lo llamó el diario Liberation. Huérfano de un padre al que en vida sólo vio de lejos.

-¿Qué atributos de Allende recuerda que le llamaran la atención antes de que llegara a la presidencia?

"Era un hombre que hablaba bien. De alguna manera la gente le respetaba mucho. Eso para mí era inexplicable, porque casi siempre estaba con traje, con corbata, tenía unos anteojos que eran muy clásicos, y era un caballero, un parlamentario. No era como Perón con las mangas de la camisa recogidas, él no hacía eso... era muy compuesto. Es curioso, parecía mejor vestido que los parlamentarios de derecha. Tenía mejor sastre. Era un caballero que estaba arengando a la gente y ellos lo respetaban".

- ¿Cuál es la diferencia de exhibir este documental en Francia a exhibirlo acá?

"Pienso que aquí hay poca perspectiva para analizar a Allende y allá hay toda la perspectiva del mundo para valorarlo, ponerlo en su lugar; eso no solamente pasa con Allende. Hay muchas cosas que se discuten allá que acá no se tocan porque si las plantearas serían chocantes. Si comparas a Chirac con la derecha latinoamericana, Chirac es algo como el MIR. Aquí se va a leer de otra manera, porque habrá gente a la que no le gusta el personaje, y dirá por qué lo sacan otra vez cuando se supone que estaba sepultado definitivamente. Acuérdate que Allende sacó en la ultima elección, las parlamentarias del 73, el 42.4 por ciento de los votos, lo que significa que Allende tenía, proporcionalmente, más votos que Zapatero y Berlusconi. No era ninguna minoría".

- ¿Y cuál es el sentimiento que provoca el personaje Salvador Allende en la izquierda de hoy en Chile, la que fue contemporánea a él?

"Mira, la izquierda ha cambiado tanto. Mucha gente no quiere hablar de Allende porque simplemente no es viable. Es como traer un fantasma. La izquierda se esta transformando en una social democracia centrista y Allende quería hacer transformaciones radicales que sin duda iban a causar conmoción. Se trata de no asustar a nadie. No es aún el momento de que los políticos coloquen a Allende en un primer rango. Hoy todo lo que signifique Allende, UP, Golpe de Estado, Pinochet, es una bola que la gente quiere lanzar lo más lejos posible. Chile es un país que quiere normalidad. Todos queremos ser normales. Pero no lo somos. Hace diez años, antes del juicio en Londres, todos decían "ya estamos al otro lado" y miren lo que pasó depués".

-¿Cómo fue el proceso de recolección de imágenes, cuáles fueron los hallazgos?

"Laborioso, pero normal. Yo pensaba que había más material del que efectivamente hay, porque en esa época había muchos corresponsales cubriendo lo que sucedía en Chile, pero la mayoría de las imágenes son fragmentarias. Planos de la Alameda, gente desfilando, algunos planos de Quilapayún, imágenes de Allende hablando, pero con pésimo audio y un locutor encima... con eso no puedes construir una secuencia. Son ilustraciones más que planos.. Me encontré mucho de eso que no sirve. Hay una entrevista de Rosselini con Allende, famosa, pero la cámara está mal puesta, Rosselini esta nervioso y Allende está tenso, entonces un tenso con un nervioso es una mala combinación".

-¿Y lo que sí servía?

"Me topé con cosas buenas como el 'Tren de la Victoria' (documental de Allende recorriendo el sur en campaña) que es una joya. Es una película de Joris Ivens con fotografía de Sergio Bravo. Eso lo tenía la viuda de Joris Ivens, que se llama Marceline Loridan y que conservaba sólo el video digital, porque no hay rastro del negativo. Después de largas conversaciones tuvo la gentilaza de cederme ese material; luego tienes que Heynovsky y Schoemann tiene ese plano largo de La Moneda ardiendo que yo no lo había visto en otras películas. También está la entrevista al embajador norteamericano Edward Korry que hizo Patricio Henriquez, no la hice yo. Henriquez, a su vez, se la encomendó a una periodista norteamericana que fue a entrevistarlo. La entrevista con Korry es el gran contrapunto, la contracara, el gran responsable. Si no fuera por Estados Unidos, no hubiera habido Golpe de Estado. La derecha por sí misma no habría sido capaz de organizar todos los estamentos para dar el golpe. Y el embajador lo confiesa... yo creo que él (Korry) odia a Kissinger y a Nixon, él los detesta, y de alguna manera él se venga en esa entrevista".

- ¿Cuál fue la diferencia, a la hora de armar el documental, entre "El Caso Pinochet" y "Salvador Allende"?

"Son dos películas completamente diferentes. "El caso Pinochet" es una película muy austera, muy fría... o mejor dicho muy desnuda. Seca. Una película en la que yo quise intervenir lo menos posible, porque es tan delicado hablar de la tortura, de la desaparición, que como documentalista te quedas lo más lejos posible. De una manera muy reservada, muy sobria. En cambio 'Allende' es un película de expresión. Hay mucha emoción. 'El caso Pinochet' es la imagen de la pesadilla, y Allende es la imagen del sueño. Eso es lo que yo quería hacer. Transferir un poco el estado de animo que vivía Chile".

- Hay una historia en el documental que no se perfila del todo, y que resulta muy interesante. Es la historia del zapatero anarquista que habría sido su primer guía político...

"Eso parece que era bastante común en la época. Los anarquistas italianos y españoles que llegaron a America Latina, y en particular a Brasil, influyeron mucho. Era gente que hablaba muy bien; los anarquistas en esa época eran muy seductores y creo que eso a un joven le tiene que haber encantado...".

-Hay más rastros de la historia de ese personaje...

"No, tampoco hay fotos de este hombre. Y yo fui al lugar donde estaba la zapatería y lo filmé. Finalmente no lo puse porque no encontré suficientes testimonios para contar la historia".

-¿Quiénes conocían la historia del zapatero?

"El grupo de socialistas que entrevisté. Uno de ellos me dijo que sabía donde estaba el local del zapatero italiano anarquista, que se llamaba Juan de Marci. Ese personaje es fascinante, pero hay poco material".

-Uno de los socialistas que recuerdan el golpe narra cuando vagaban por las calles sin saber qué hacer y que de repente ven a un grupo de hombres que jugaban a la pelota. Se sorprenden, porque para esos hombres lo que estaba sucediendo no significaba nada, o al menos, nada malo...

"Claro, ese grupo que no le importa nada. Yo creo que cuando Alemania está rodeada por los cuatro costados y Hitler está derrotado... o cuando en los momentos más dificiles, mientras estaban bombardeando Pearl Harbor, a lo mejor hubo unos tipos jugando rugby y no les importó nada que los japoneses bombardearan Pearl Harbor. La vida cotidiana siempre se impone y se sobreimpone. Y esa descripción es valiosa por eso".

-¿Cómo incorporar el otro lado a la narración?¿Cómo incorporar el otro Chile?

"Sería estupendo que otro cineasta diferente que vivió todo aquello y nunca le golpeó, hiciera una película, una gran película sobre eso. Sería de agradecérselo, y tal vez todo el mundo lo está esperando. Pero no aparece. Pienso que si tienes que hacer la película de un personaje, lo debes hacer con todas las ganas, toda la fuerza y toda la pasión. Luego es estupendo que haya otra persona que lo haga desde otro punto de vista, y que el espectador pueda elegir cuál le gusta".

-Los testimonios masculinos son mucho más políticos, menos centrados en el personaje que los femeninos...

"Excepto uno. El de Ernesto Salamanca, uno que dice que Allende tenía dos novias para poder elegir. Ése es un personaje pícaro. Salamanca fue un dirigente poblacional y tambien fue miembro de un conjunto musical, él bailaba cueca, entonces tiene una picaresca de la gente del campo. Ése es un personaje maravilloso. Y luego está Volodia, pero Volodia dice las cosas que uno espera que diga, por eso hay pocos como él, porque si me hubiera puesto a entrevistar a ex diputados, la película se hunde".

-Volodia Teitelboim dice algo que es bien cierto: la idea que ronda de Allende como un iluso.

"Iluso y silenciado en su propia patria. Ambas cosas".

-En el caso de la entrevista a Miria Contreras, la Payita, ella aparece sumamente reticente. Insiste en contestar que ella es insignificante en esta historia...

"Pero yo creo que ella responde a las preguntas que le hago. A su manera, pero responde. Quizás por discreción, por cautela, ella no quiere molestar, ser indiscreta. Ella es muy cautelosa, prudente".

-Esa prudencia afecta conocer un poco más de Allende en una dimensión menos política, más personal...

" Claro, la Payita era la amante de Allende y punto, y todo el mundo lo sabe. Y me interesaba eso, porque ella se quedó en La Moneda. No sólo era la amante. Era una mujer dispuesta a dar su vida, todo, por ese hombre. Estuvo allí, se escondió, salió, le mataron un hijo, se fue fuera de Chile, creó una agencia de viajes, Habana Tour, que comenzó con el turismo cubano. Era una mujer a prueba de todo. Y sí, es cierto que es delicado el tema: yo tengo un enorme respeto por doña Hortensia, por Isabel y por la familia, pero yo encuentro que eso había que tocarlo, porque Allende era un gran seductor, y hay que decirlo. Varias mujeres me lo dijeron. Cuando Allende se les acercaba con esa manera de ser, era incluso cómico por lo pomposo. Y bueno, eso era una parte que habla muy bien de él en la medida que era un hombre que amaba la vida. Comía, bebía. Pero a la vez era muy disciplinado. Eso nunca me lo imaginé. Comía un plato de fruta a media mañana. Tomaba vino, pero no con exceso. Trasnochaba mucho, pero se cuidaba.

-¿Cómo cree que pueda recibir en Chile el documental la gente que no conoció a Allende, el público algo menor que sus distribuidores?

"No tengo la menor idea. Un amigo mío, que se llama Nicolás Philibert, hizo un documental que se llama "Ser y tener" (sobre pequeñas escuelas rurales atendidas con un profesor) por el que nadie apostaba y fueron 2 millones de personas. Y hasta hoy se preguntan la razón. Lo mismo sucedió con otra película documental, "La pesadilla de Darwin", de un realizador austriaco que filmó con una cámara minúscula las pésimas condiciones de una faenadora de pesca en África. La mitad de la película está desenfocada y ha tenido un enorme éxito. El autor ahora planea hacer otra sobre rascacielos ruinosos y pobres en Asia".

-Parece ser que en el caso de Allende es muy difícil dar con un rostro distinto del político...

"Generalmente, cuando tu abordas el personaje famoso hay una serie de obstáculos para narrar con agrado una historia, y eso es lo que el documentalista tiene que sortear, cómo hacer que la película llegue a la gente, al público, cómo hacer un retrato que no sea de enciclopedia, de efeméride. Intentar hacer una biografía con los elementos mínimos para que el espectador recoja... es un arte, es muy difícil".




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