REPORTAJES

Domingo 30 de Enero de 2000


Los Desafíos de Fernández. Continuismo en Defensa

El eventual regreso a Chile del general Augusto Pinochet condicionó fuertemente la designación del abogado y cientista político democrata- cristiano Mario Fernández como nuevo titular de Defensa. En el futuro no se descarta que la cartera pase a manos socialistas.
Por JUAN ARAYA DIAZ

HORAS antes de que Ricardo Lagos diera a conocer el viernes el gabinete que lo acompañará desde el 11 de marzo, se habían diseñado varios escenarios para la cartera de Defensa. El grupo de candidatos incluía desde radicales hasta socialistas renovados. Pero había una carta que nadie descartaba pese a que la Democracia Cristiana comunicó oportunamente al presidente electo que el ministerio no figuraba entre sus prioridades para el tercer gobierno de la Concertación. Esa carta en principio era Edmundo Pérez Yoma, cuya misión sería - dijeron analistas del sector y altas fuentes militares- cerrar la agenda histórica, conformada por el caso Pinochet completo y los procesos contra militares retirados y en servicio activo por presuntas violaciones a los derechos humanos.

Por eso es que cuando a media tarde del viernes trascendió el nombre de Mario Fernández, a nadie tomó por sorpresa. Este abogado y cientista político (DC), graduado en una universidad alemana, ha sido la mano derecha de Pérez Yoma en la mesa de diálogo y, además, cuenta con un acabado conocimiento del mundo militar, donde ocupó sucesivamente los cargos de subsecretario de Aviación y de Guerra.

A esos antecedentes curriculares suma el hecho, no menos relevante, de que es profesor de Ciencia Política en la Academia de Guerra del Ejército y en la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), donde tiene como alumnos a civiles y altos oficiales de las FF.AA.

"El 'Peta' - apodo con el que se le conoce desde la universidad y ahora en el mundo político y académico- es la continuación de Pérez Yoma con otra cara", comentó una alta fuente militar que reconoce tener una amistad estrecha con el nuevo ministro.

Las razones de Lagos

¿Por qué el futuro presidente desechó la opción de un socialista renovado o del PPD y prefirió darle continuidad a la conducción de Defensa? El interrogante comenzó a ser despejado en la misma noche del viernes, apenas Lagos anunció la conformación de su gabinete en el Hotel Carrera.

La razón fundamental, a juicio del presidente de la comisión de Defensa de la Democracia Cristiana, Eduardo Santos, radica en la "externalidad" de peso que significará en la relación Lagos-FF.AA. la posible llegada a Chile del general Pinochet.

Santos, que integró la comisión redactora del programa de defensa del futuro gobierno, es un convencido de que la situación se endurecerá drásticamente porque los militares no van a aceptar ningún juzgamiento a su ex comandante en jefe. "Es algo visceral, del corazón", se atreve a interpretar.

De acuerdo a esa visión, el amplio consenso que existía entre distintos sectores para dejar que la justicia cumpliera su tarea, sin interferencias de ninguna especie, era antes de la elección del domingo 16, pero ese cuadro se habría modificado ante la inminencia del regreso de Pinochet.

En ese escenario, el presidente electo eligió a un hombre, como Fernández, que tiene cintura política para tratar con los militares. De no haber sido Pérez Yoma, era el más indicado para "apagar el incendio" que se avecina en las próximas semanas, coinciden distintos análisis.

En cambio, un socialista - por muy renovado que fuera- podía encontrarse con un cuadro más que complicado si sectores de su propio partido presentan querellas o alientan a la justicia para encontrar vínculos entre Pinochet y algunos de los casos más graves de violaciones a los derechos humanos, como el de la Caravana de la Muerte.

El retorno de Pinochet va a alterar fuertemente la convivencia política chilena, admiten los distintos analistas de Defensa, razón por la cual la agenda del sector tendrá que dedicarse a los temas inmediatos, congelando o postergando los asuntos político-estratégicos o profesionales.

El cientista político y profesor de la ANEPE, Miguel Navarro, señala que el programa de defensa de Lagos requiere una buena relación político-militar. "Si se mezclan los dos elementos - modernización y agenda histórica- , hay un proceso de tensión y al futuro gobierno se le haría mucho más difícil desarrollar las tareas que se ha fijado para el área".

El académico coincide con otros expertos en que la solución de la agenda histórica involucra a todos los sectores políticos, por lo que estima necesario incorporar a los parlamentarios a un eventual acuerdo.

En ese caso, sigue vigente - sin perjuicio de la tarea que desempeñará Fernández- la idea de sacar la mesa de diálogo de Defensa y trasladarla al ámbito político, que podría ser la Secretaría General de la Presidencia. Y esa responsabilidad bien podría ejercerla Pérez Yoma, quien fue el mentor de la iniciativa.

Se sabe que la Democracia Cristiana aspira a que el actual ministro de Defensa se postule a senador por la Primera Región. En el caso que no continuara al frente de la mesa de diálogo, una buena alternativa sería que asumiera como intendente por esa zona, con lo cual comenzaría a pavimentar la ruta hacia la Cámara Alta.

Señales castrenses

Antes de que se conociera el nombramiento de Fernández, fuentes militares de alto nivel habían hecho saber que no les disgustaba la designación de un socialista renovado para conducir un ministerio con más capacidad de gestión que el actual, previa una reforma a su estructura.

En conversaciones reservadas, esos sectores castrenses reconocían que cuadros medios del Partido Socialista y del PPD han demostrado interés real en estos últimos años por aproximarse a los temas de la defensa y conocer más profundamente el estamento militar.

También recordaban el encuentro en El Escorial de Madrid (ver recuadro), hace cuatro años, cuando los principales dirigentes socialistas de la época, incluidos Ricardo Lagos, se reunieron con altos oficiales del Ejército, algunos de los cuales - Juan Emilio Cheyre, Carlos Molina Johnson y José Miguel Piuzzi- desempeñan hoy cargos claves en la institución.

Esa aproximación socialista a la defensa se ha manifestado también en la participación en distintos cursos y posgrados en las Academias de Guerra y en la ANEPE, donde incluso han establecido amistad y camaradería con integrantes de las FF.AA..

Por ello es que dirigentes del PS le restaron significación a la demora de ocho días en el saludo protocolar del general Ricardo Izurieta a Ricardo Lagos. La prensa extranjera había interpretado esa tardanza como un signo de tiempos difíciles en la relación cívico-militar, contrastándola con la visita que el general Pinochet le hizo a Eduardo Frei, en diciembre de 1993, al día siguiente de su victoria sobre Arturo Alessandri.

"Lo que pasa es que no hay un protocolo definido para este tipo de saludos", apuntó el director de Flacso y experto en temas militares, Francisco Rojas.

En el Ejército existe la convicción de que la relación con los socialistas iba bien encaminada hasta el caso Pinochet. Continuó incluso un poco más allá por la gestión de Insulza, pero luego se deterioró con un sector del PS cuando los diputados Isabel Allende, Juan Pablo Letelier y Juan Bustos decidieron viajar a Inglaterra.

De ahí entonces que se encuentre explicación cuando al interior del Ejército se dice que "hay socialistas y socialistas", aludiéndose a los renovados y a los ubicados más a la izquierda.

"El caso Pinochet perjudicó mucho esta relación; de lo contrario, para Lagos habría sido muchísimo más simple", razonó una alta fuente de la institución. Y también lo perjudica su regreso, porque se le abre un escenario muy complicado, en el cual el socialismo tendrá que optar entre dos caminos: ali-nearse disciplinadamente tras el Presidente, quien sostiene que debe dejarse actuar a la justicia, o insiste - aunque sean sectores minoritarios del partido- en alentar a los jueces para que sigan adelante con las investigaciones.

Todas estas consideraciones fueron las que a la postre pesaron en la decisión de Lagos de optar por el continuismo, dejando para más adelante el momento en que un socialista asuma la cartera de Defensa, hecho que no ocurre desde la época de Orlando Letelier, el último ministro de Salvador Allende.

Liderazgo civil

En medio de las turbulencias que se avecinan por el caso Pinochet, el abogado radical Jaime Campos, quien de haber desempeñado el cargo de presidente de la comisión de defensa de la Concertación ocupará la cartera de Agricultura en el gobierno de Lagos, admite que el proceso para restablecer la confianza entre el mundo socialista y los militares "está iniciado pero no concluido".

Sin embargo, señala que el desafío es mucho mayor que esa instancia, y tiene que ver con la pretensión del gobierno de Lagos de restablecer la vigencia del principio de la soberanía popular en el área de la defensa, una de cuyas manifestaciones es la facultad del Presidente para nombrar o destituir a los comandantes en jefe.

Para Campos, lo más importante de todo es que la política de defensa tiene que ser la "expresión de un gran acuerdo o consenso ciudadano, y no producto de un programa autónomo generado exclusivamente por las FF.AA.".

"Tiene que haber una visión de conjunto y, evidentemente, es el órgano político el que debe diseñarla y darla a conocer, recibiendo por supuesto la opinión técnica de las FF.AA.", enfatiza.

La agenda profesional

En esa línea de razonamiento no hay prácticamente discrepancias, se reconoce en las filas uniformadas.

Un profundo conocedor de lo que piensan las instituciones militares, por haber pertenecido a ellas, es el doctor en Ciencia Política y Sociología, brigadier (r) Jaime García Covarrubias, para quien es muy importante que el gobierno de Lagos defina y separe la agenda histórica de la profesional o político-estratégica, y le coloque plazos para el cumplimiento de los objetivos.

García identifica las siguientes tareas, algunas de las cuales coinciden en gran medida con el programa de la futura administración:

Estructurar un ministerio de Defensa moderno, eficiente y técnico, capacitado para formular y coordinar la política de defensa y llevar a cabo la política militar respectiva;

Estudiar y conciliar los procesos de modernización de las instituciones de la defensa nacional con el único propósito de asegurar a futuro la convergencia de éstas en beneficio de una idea global, cual es delinear el rasgo disuasivo de las FF.AA. (García considera que el rasgo disuasivo es la asignatura pendiente del Libro de la Defensa);

Definir el nivel de organización conjunta que tendrán las FF.AA.;

Replantear integralmente el servicio militar, conciliando la dinámica de la modernidad, las necesidades operativas y las aspiraciones de los jóvenes y;

Preparar especialistas civiles para asegurar la continuidad de la administración del sector, en su ámbito más operativo.

La opinión prevaleciente en las instituciones de la Defensa es que con la actual estructura el ministro carece de una oficina con técnicos que sepan de estrategias, de operaciones, y que se involucren a fondo con las modernizaciones, siendo capaces - llegado el caso- de discrepar del escalón técnico.

Por lo tanto, lo que se necesita, dicen, es una organización táctico-técnica, formada por especialistas con cable a tierra y no con filósofos de las políticas de defensa.

En lo que respecta al principio de Lagos de recuperar la facultad presidencial de nombrar y/o remover a los comandantes en jefe, los altos mandos interpretan que ese gesto es más emblemático que operativo. Y dan sus razones: primero, el Jefe de Estado mantiene su atribución de elegir; segundo, siempre ha optado entre los cinco primeros. El único que no lo ha hecho es el general Ibáñez del Campo.

En lo que sí tendría mayor efecto la supremacía civil sería en el envío de los ascensos de generales al Senado, terminando con lo que algunos expertos califican de "dictadura" de los comandantes en jefe en materia de nombramiento en las cúpulas de las instituciones.

Toda esta agenda profesional o de defensa debería desarrollarse con fluidez si hay voluntad política, reconocen civiles y militares. Pero lo que podría retardar o entorpecer su inicio sería la llegada a Chile del general Pinochet, con todas sus implicancias políticas y jurídicas. De ahí que el ministro Fernández tendrá que transitar sus primeros pasos sobre un tejado de vidrio. Claro que con la gran ventaja de conocerlo.

Mea Culpa Socialista

Acuatro años de su realización, la reunión de El Escorial entre socialistas y altos oficiales que ahora ocupan cargos claves en el Ejército mantiene su vigencia como hito en el intento de acercar posiciones entre sectores fuertemente divorciados en la historia chilena de las tres últimas décadas.

El actual embajador en Italia, Alvaro Briones (PS), fue uno de los convocantes de ese encuentro, cuando ocupaba similar cargo ante el Gobierno de España. En aquella reunión participaron, además de dirigentes españoles, los oficiales del Ejército Juan Emilio Cheyre (entonces agregado militar en España), Carlos Molina Johnson, José Miguel Piuzzi y Jaime García Covarrubias; los socialistas Ricardo Lagos, Jaime Gazmuri, Enrique Correa y Camilo Escalona (a la sazón presidente del partido), y los representantes de la centro-derecha, Hernán Felipe Errázuriz, Sergio Rillón (asesor del general Pinochet), el filósofo Fernando Moreno, y el diputado Luis Valentín Ferrada.

Desde Roma, Briones reconoce que el Partido Socialista asumió que no tenía un conocimiento real y concreto del mundo, la doctrina y la lógica militar, elementos que son "imprescindibles" llegado el momento de la conducción del Estado.

Admitida esa falencia, el diplomático - quien acaba de escribir un polémico libro sobre la transición titulado "La Pata Coja"- señala que los socialistas, de algún modo intuitivamente, y en otros casos por una decisión consciente del partido, se hicieron cargo de ese déficit, dedicándose en estos años a estudiar los temas de la defensa y a conocer el cerrado mundo militar.

Por ello, Briones dice que no ve "ninguna razón para que existan traumas de tipo general o de una perspectiva doctrinaria o política" con lasFF.AA..

Sin embargo, no descarta que haya de ambas partes resabios o personas que "en el fondo de sus sentimientos guarden recelos, pero de ser así serían casos personales y aislados".

El senador Gazmuri , hasta hace poco presidente de la Comisión de Defensa del PS, sostiene que a esta altura del proceso de transición, las FF.AA. tienen claro de que "el país vive un Estado de Derecho, la democracia se reinstaló por largo tiempo y nadie la amenaza, y en una democracia los poderes constituidos tienen que gozar de sus atribuciones y ejecutarlas".

Por lo tanto, concluye que "no hay ningún elemento de resquemor y de problemas específicos entre las FF.AA. y el futuro Presidente".


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El nuevo ministro de Defensa desde el 11 de marzo, Mario Fernández (izquierda), representa la continuidad de la actual gestión de Edmundo Pérez Yoma. En la foto dialoga con Claudio Huepe, futuro ministro Secretario General de Gobierno.
El nuevo ministro de Defensa desde el 11 de marzo, Mario Fernández (izquierda), representa la continuidad de la actual gestión de Edmundo Pérez Yoma. En la foto dialoga con Claudio Huepe, futuro ministro Secretario General de Gobierno.
Foto:Jaime Bascur


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