NACIONAL

Jueves 11 de Septiembre de 2003

General (r) Javier Palacios
Mi mensaje fue: 'Misión cumplida, Moneda tomada, Presidente muerto'

El oficial que constató la muerte del Presidente Allende lo calificó de valiente y afirmó que el bombardeo a La Moneda fue exagerado.
N. Y.

Veinticuatro horas antes del golpe de Estado el general Javier Palacios fue convocado de urgencia a las oficinas de la Comandancia en Jefe del Ejército. No le extrañó. Desde hacía un tiempo que venía participando en una serie de reuniones con el general Sergio Arellano Stark, y tenía - por ese conducto- información reservada sobre la inminencia de una intervención armada.

Ese 10 de septiembre el general Augusto Pinochet, quien para evitar filtraciones tomó juramento de silencio a los generales que le seguían en la línea de mando, le dio directamente las instrucciones: Me llamó y me dijo: 'Quiero que se haga cargo del regimiento Blindado y que rodee con los tanques La Moneda'. Me cuadré y le respondí: ¡Conforme mi general!, recuerda.

De madrugada se puso a la cabeza del regimiento ubicado en esa época en calle Santa Rosa. La situación no era fácil: enfrente tenía a los mismos hombres que se habían sublevado el 29 de junio en una fallida y solitaria incursión.

Todos estaban acuartelados y como a las 5:30 de la mañana, los llamé al patio central y les hablé como lo hizo el capitán Arturo Prat a la tripulación de La Esmeralda. En el fondo, mi arenga apuntó a replicar -con todas las diferencias del caso- ese histórico '¡Al abordaje muchachos!'... Con ese espíritu me subí a un tanque y partimos rumbo a La Moneda.

A esas horas, aproximadamente las 6, el almirante José Toribio Merino ya había activado el Plan Cochayuyo y asumido la Comandancia en jefe de la Armada en reemplazo de Raúl Montero; el general Gustavo Leigh ya estaba en su puesto en la Academia de Guerra Aérea y el general Augusto Pinochet se aprestaba a trasladarse a Peñalolén, donde era esperado por el general Óscar Bonilla.

Los momentos más complejos empezaron, sin embargo, a desencadenarse más tarde. Especialmente, después que el Presidente Salvador Allende llegó al palacio de Gobierno a las 7:40 horas.

Ubicado en las afueras de la Intendencia Metropolitana, Palacios relata que en los alrededores de La Moneda se mezclaba un intenso fuego cruzado con exigencias de renuncia, bandos y mensajes presidenciales.

Nos disparaban desde todos los flancos: de Obras Públicas, del antiguo edificio del Seguro Obrero y del Hotel Carrera, dice, al sostener que por la radio estaban al tanto de que el Presidente había rechazado categóricamente cualquier posibilidad de rendición.

Una de esas exigencias se la había formulado -por estar a cargo de las comunicaciones- el vicealmirante Patricio Carvajal, a quien el Jefe del Estado le respondió sin esconder su indignación: ¡Pero qué se han creído, traidores de mierda! ¡Métanse su avión por el c...! ¡El Presidente no se rinde!.

Poco antes de las 14 horas, Palacios decidió ingresar a La Moneda.

No era mi misión -dice-, pero quise entrar para pedirle personalmente al Presidente Allende que se rindiera, porque no tenía salida. Yo no iba mandado por nadie. De hecho, no era el comandante de las tropas.

Recuerda que ingresó por la puerta de Morandé 80, donde debió efrentar a un grupo armado del GAP. Una bala, al rebotar, lo hirió en forma leve en la mano derecha.

Cuando voy subiendo las escaleras -cuenta-, viene un soldado y me dice: '¡Mi general, el Presidente está muerto en el salón Independencia!'. Corro y lo veo recostado en un sillón, con la metralleta que le había regalado Fidel Castro. A su lado había un hombre: era el doctor Patricio Guijón, que fue quien me contó lo sucedido.

Para él no fue una sorpresa. El Presidente Allende ­sostiene­ había anunciado que no se iba a rendir y, en ese sentido, se lo digo a quienquiera escuchar: la actitud que tuvo fue muy de hombre, porque ¡puchas que hay que tener agallas para suicidarse!.

Al constatar lo sucedido, recuerda que envió el siguiente mensaje al vicealmirante Carvajal: ¡Misión Cumplida, Moneda tomada, Presidente muerto!.

Con la misma fuerza de hace 30 años, el general Palacios asegura hoy a El Mercurio que el bombardeo aéreo a La Moneda fue exagerado y que las fuerzas terrestres bastaban para dominarla. Yo lo hubiera suprimido, sobre todo por tratarse de un edificio como el palacio de Gobierno.




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Javier Palacios.
Javier Palacios.
Foto:Alejandro Carballal
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