Domingo 15 de Diciembre de 2002
HISTORIA. Biografía de Lord Cochrane:
El lord de los mares
Se acaba de publicar la traducción castellana del aclamado libro "Thomas Cochrane (1775-1860)", del escritor Robert Harvey, un relato accesible y ameno de la turbulenta vida de este personaje.
Marcelo Somarriva Q.
Cuenta el general William Miller, en su libro de memorias, escritas por su hermano John Miller, que Lord Cochrane, entonces recién designado almirante de la Escuadra chilena, era "notado por la viveza con que percibía la venida de una bala, y la precisión con que acertaba cuál era su dirección". William Miller luego recordaba que estando una vez los dos sentados a un costado del buque en pleno combate, Cochrane le dijo: "una bala viene recta a nosotros, pero no moverse, porque dará más abajo". La bala precisamente pasó por debajo y se llevó la cabeza de un marino que se agachó pretendiendo esquivarla e hirió a otros cuatro más. Cochrane doblaba en edad a Miller, que apenas pasaba de los veinte, y para entonces, aun cuando todavía podía considerársele joven, era ya un verdadero veterano en lides navales que se contaban entre las más deslumbrantes de la historia de la armada británica. Sin embargo, a pesar de estos méritos, no hacía mucho tiempo Cochrane había sido degradado y deshonrado a consecuencia de un oscuro incidente judicial, cortándose así de manera abrupta 17 años de brillante carrera naval y sus incipientes actividades políticas. Por algo el marino se encontraba en Chile, en el fin del mundo, al servicio de una República en ciernes, emprendiendo un quijotesco plan de independizar Sudamérica. Lord Cochrane, que tanto arrojo y desplante demostraba en el corazón mismo del combate más encarnizado, era por contraste, bastante tímido y reticente cuando se enfrentaba ante un público inquisitivo. Se confundía e incluso fácilmente llegaba a irritarse o perder el control. El problema fue que a lo largo de su vida, aun cuando su lugar natural era el alcázar de un barco de guerra, fueron muchas las ocasiones en las que se vio obligado a enfrentarse con una audiencia ante en la cual terminaba por traicionarse. La biografía de Thomas Alexander Cochrane (1775-1860), décimo conde de Dundonald, está plagada de incidentes brillantes en la batalla y de episodios desafortunados ante sus superiores, las autoridades o el foro. En Cochrane parecían unirse explosivamente, genio, energía y una capacidad militar prodigiosa con una mezcla aparentemente incompatible de idealismo a ultranza, ambición y orgullo. Esto, al menos, es lo que puede desprenderse de la última biografía sobre Cochrane traducida al español "Thomas Cochrane" (Edhasa 2002) escrita por el inglés Robert Harvey, quien ya en su anterior libro "Libertadores" (Océano 2002) - publicado también en forma reciente en su versión castellana- había hecho un adelanto sobre Cochrane, fundamentalmente en relación con sus andanzas sudamericanas. Sin embargo, el trabajo de Harvey en aparencia no es la última biografía publicada sobre Cochrane, ya que el trabajo "Más allá de la Audacia. Vida de Thomas Cochrane, décimo conde de Dundonald"(Andrés Bello 2001), escrito por el chileno Carlos López U, experto en historia naval, fue publicado posteriormente.
La vida inverosímil
La vida de Lord Cochrane es uno de los episodios más fascinantes del siglo XIX y sobre él se han escrito más de una veintena de biografías; su figura, por otra parte, ha inspirado a toda una serie de obras de ficción y podría decirse que está en el corazón de la novela marinera moderna. Entre las que cuentan las obras pioneras de Frederick Marryat - quien conoció personalmente a Cochrane- y libros de autores contemporáneos como C. S. Forester, Dudley Pope y Patrick O'Brian. Sin embargo, como señala Carlos López en su biografía, a propósito del desigual combate que sostuvo el bergantín Speedy al mando de Cochrane con el imponente Gamo de la armada española: ni Forester, ni O'Brian se atrevieron a comprometer a sus héroes en aventuras tan descabelladas como las que vivió el Cochrane de carne y hueso. La tumultuosa vida de Cochrane supera con mucho cualquier intento de ficción. Por la misma razón no es casualidad que la biografía de Robert Harvey haya sido publicada por la misma editorial que publica las novelas de Forester sobre Horatio Hornblower y las de O'Brian sobre Jack Aubrey y Stephen Maturin. El "Thomas Cochrane" de Harvey puede leerse como un libro de aventuras y en ese sentido no es una biografía tradicional, a diferencia de lo que podría ser el trabajo de Carlos López. Robert Harvey privilegia el relato sin interrumpir su lectura con notas y tomándose algunas libertades en su intento de construir un retrato psicológico acabado del personaje, con todas sus complejidades y contradicciones. Según Harvey "Cochrane (joven) era en extremo inteligente y tenía una susceptibilidad hacia el desprecio y la humillación muy acusada en alguien que posteriormente mostraría tanto valor en el combate". El marino, de acuerdo a Harvey, habría sido "un intelectual reprimido", víctima de "una rebelión casi patológica hacia la autoridad", con una obsesión por hacer dinero por sus propios medios. Carlos López, por el contrario, no emprende especulaciones sicológicas de ningún tipo y es cauteloso a la hora de abordar intimidades. De esta manera, por ejemplo, mientras que Harvey da por sentado que entre Maria Graham y Lord Cochrane hubo un cándido romance, Carlos López lo desestima completamente por no encontrar ninguna prueba fehaciente que lo respalde. Las fortalezas del libro de Carlos López se encuentran a propósito de las peripecias de Cochrane en América, ya que el autor aporta información que los autores ingleses suelen omitir o ignorar.
¿Napoleón en Valparaíso?
Lord Cochrane llegó al puerto de Valparaíso el 28 de noviembre de 1818. Según cuentan sus biógrafos sus intenciones iniciales fueron hacerlo a bordo de una embarcación a vapor que él mismo había diseñado, el "Rising Star". Cochrane compartía con su padre la debilidad por los inventos y en más de algún sentido fue un adelantado. Sus experimentos fueron vislumbres de la navegación a vapor y - menos felizmente- de la guerra química. Sin embargo, la urgencia de la situación de la causa patriota en Chile y el tiempo que se tomaba la construcción del "Rising Star" lo obligaron a partir antes de lo esperado y a bordo de una embarcación normal. En su camino hacia Chile, cuenta Harvey que Cochrane tenía serias intenciones de pasar a rescatar a Napoleón, entonces exiliado en Santa Elena, con el propósito de instalarlo en el trono de una gran confederación de Estados Sudamericanos como contrapeso al emergente poderío norteamericano. El proyecto, obviamente, no se concretó, pero hasta hoy se desconocen cabalmente los alcances de estos planes y las proyecciones que estas intenciones pudieron haber tenido en las experiencias sudamericanas del almirante. Fue, en todo caso, el propio Napoleón quien le dio a Cochrane el epíteto más grande de cuantos adquiriera en su carrera de marino: "El lobo de los mares". En América, las fuerzas realistas que tuvieron que padecer sus desvergonzados y demoledores ataques por mar no tardaron en llamarlo el "Diablo", algo que ya habían hecho los españoles durante sus correrías en el Mediterráneo al ver a su tripulación abordar el barco con la cara tiznada. Poco tiempo antes de llegar a Chile, Lord Cochrane había sido condenado por Lord Ellenbourgh a un año de prisión, a pagar una multa de 1000 libras y a pasar una hora en el cepo frente a la bolsa de valores. Harvey se detiene detalladamente en el relato de este polémico incidente de la vida de Cochrane, que genéricamente se conoce como el "fraude a la bolsa de valores". De acuerdo a Harvey la controversia provocada por este fraude sólo pudo compararse con la que produjo un siglo más tarde en Francia el célebre caso Dreyfuss. Lord Cochrane fue acusado de dirigir una conspiración con su tío Andrew Cochrane-Johnstone - la oveja negra de la familia- y un sujeto oscuro llamado Random de Berenger para propagar el rumor alarmante de que los aliados habían obtenido la victoria sobre Napoleón y que éste había sido asesinado. El naciente mercado de valores londinense se remeció ante esta noticia falsa y el precio de muchas acciones subió muchísimo para luego volver a descender violentamente. Tras un juicio aceleradísimo lleno de iniquidades Cochrane fue juzgado y condenado. Poco después, el héroe naval condecorado con la orden de Bath, el marino más popular y destacado del reino; el heredero a uno de los más antiguos títulos de conde en Escocia y el brillante político radical fue sometido a la "degradación y deshonra con presteza y meticulosidad". Según Harvey, con toda probabilidad la razón que había para someter a Cochrane a esta infamia habría sido el interés que tenían ciertas autoridades de destruir al más grande azote contemporáneo que tenía el Almirantazgo.
Paradójicamente esta condena que humilló públicamente a Cochrane y que dañó su reputación de tal forma que su nombre nunca pudo ocupar el puesto de honor que merecía entre las glorias inglesas le permitió pasar a ocupar un sitio de gloria al otro lado del mundo. Cochrane, como se sabe, tuvo una participación muy trascendente en la ocupación del Océano Pacífico por las fuerzas patriotas después de sus múltiples intervenciones militares que abarcaron desde Chiloé hasta Acapulco y un papel decisivo en la independencia de Brasil - a pesar de no haber protagonizado aquí ninguna acción espectacularmente heroica- y Grecia. Sin embargo, según advierte en su libro Carlos López, que siguió meticulosamente la huella de Cochrane a lo largo del mundo, desde Inglaterra hasta Grecia, en los distintos escenarios donde intervino no hay nación donde su nombre se recuerde con mayor familiaridad que en Chile, a pesar de que el país nunca terminó de pagarle al almirante extranjero lo que le debía por sus servicios.
FICHA
THOMAS COCHRANE 1775-1860.
Robert Harvey
Editorial Edhasa 2002. 431 págs.
Traducción Amanda González.
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