EL SÁBADO

Sábado 28 de Enero de 2006

Las Ilusiones de Seis Futbolistas Cameruneses En Chile
Sueños Africanos

Las ilusiones de seis futbolistas cameruneses en Chile
Por Patricio Jara Fotos: José alvújar

Parque O'Higgins en martes por la mañana. Los bancos de nubes estacionados sobre la capital ahuyentan el calor del verano. Cuatro jóvenes corren en silencio por la pista atlética de la cancha central. Se preparan para las pruebas de admisión de alguna academia militar y su instructor contabiliza rigurosamente los tiempos en una tabla. A pocos metros, Romeo observa la carrera con atención. Los chicos hacen su mejor esfuerzo y el pecho de sus camisetas grises comienza a mancharse de sudor. Un queltehue planea sobre ellos y suelta un graznido. Romeo sigue al pájaro con la mirada y entonces se anima a entrar a la pista de ceniza. Doscientos metros más adelante, los corredores se ven como siluetas difusas, pero Romeo pronto tomará velocidad y podrá alcanzarlos, sacándoles una y luego dos vueltas de ventaja. Al cabo de unos minutos, Romeo se detiene en seco, satisfecho. Los aspirantes a uniformados dejan de correr y lo miran sorprendidos a la distancia.

­Tremendo pique del negro y quedó igual, como si nada ­susurran jadeantes.

Romeo Kede tiene 21 años y nació en Yaundé, Camerún. Durante varias temporadas fue delantero de Canon, el equipo de fútbol más popular de su país. La gestión de un empresario hizo que él y cinco compatriotas viniesen a Chile para fichar en un club profesional. Tras viajar más de un día en avión, Romeo llegó a Santiago en agosto del año pasado y se presentó en el camarín de Unión Española. Allí entrenó con el plantel de honor y fue noticia en las páginas deportivas de algunos periódicos. Pero no tuvo suerte. Al menos no en ese club. Por eso hoy, como todos los días, ha venido a la cancha central del Parque O'Higgins a mantenerse en forma junto a sus compañeros. Aunque el terreno es irregular y el pasto luce descuidado ­es el basurero de cualquier evento masivo que se desarrolle en la explanada frente a la cúpula­, la presencia de los africanos no pasa inadvertida: un grupo de niños sigue atento sus rutinas físicas y cree que son brasileños.

El paso por Chile de estos deportistas africanos no ha sido fácil. Tienen el compromiso de su representante camerunés, Bertrand Ndong, y de Camilo Cuevas, el empresario chileno que ha invertido en ellos, costeando el departamento donde viven en el remozado barrio Club Hípico. Pero también saben que para su inserción en el medio local no sólo deberán demostrar su talento, sino que también sortear las vallas del impenetrable mundillo de fútbol nacional, donde las palabras contacto, movida y dato parecen ser los únicos medios para que alguien pueda mostrar cuánto es capaz de hacer con un balón en los pies. La solidez económica y el discreto nivel de la competencia chilena despiertan el apetito de cualquier futbolista extranjero, incluido el de ellos, que provienen de un país donde todo se mueve a nivel amateur, pero que aún así ha exportado más de cien jugadores a Europa en los últimos años.

­El tiempo que practiqué con Unión Española fue muy importante ­dice Romeo en lento aunque perfecto español­. Los compañeros me recibieron muy bien y pude saber cómo es el jugador chileno. Yo estaba muy ilusionado, porque me dijeron que me iba a quedar, que estaba adentro... me dijeron tantas cosas... ahora está todo parado, pero probaremos en otros equipos.

Sus compañeros lo escuchan con atención. Se han sentado en el comedor del departamento donde viven y por momentos se desentienden del televisor del living, donde está sintonizado ESPN. Allí están Luc Bessala, Christian Nyebe y Georges Emock. Allí están Luc Joel Zamg Zambo y Francis Messi. Todos tienen entre 20 y 23 años, y saben que para ser alguien en este deporte debían salir de Camerún, el país que junto a Nigeria puso a los futbolistas de raza negra en el eje internacional. Pero esto último, a decir verdad, hoy está en entredicho, tras la sorpresiva eliminación de ambas selecciones para Alemania 2006.

­Un mundial sin Camerún no es un mundial ­reflexiona Francis Messi con notorio orgullo­. Nosotros queremos triunfar acá para que nos reconozcan allá y ser llamados a la selección. Y eso lo vamos a lograr.

Las nubes engañosas de esta mañana sobre Santiago se han disipado como un espejismo; el calor de la tarde se hace sentir con fuerza dentro del departamento. Pero aquello no les importa ni les incomoda. Han dormido una breve siesta y en una hora más volverán a la cancha del parque. Los cameruneses son alegres y les gusta hablar, ya sea en francés o ewondo, uno de los 220 dialectos que hay en su país. Son hombres amables y pacientes. Aunque antes de venir a Chile algunos apenas se conocían de vista, parecen felices viviendo juntos y compartiendo una vida austera, a la espera de ese llamado que pueda cambiarles la vida.

EN LA CANCHA VEREMOS

El mundial de Italia 90 fue determinante para el boom de los futbolistas africanos. De golpe, los clubes más importantes de Europa fichaban para sus planteles a decenas de jugadores de raza negra. Fueron contratos millonarios. Los descendientes de esclavos de las antiguas colonias emancipadas llegaban a Francia, Italia, Inglaterra y España convertidos en celebridades y también en puentes para que cientos de otros jóvenes pudieran escapar de la pobreza de sus países antes de los 18 años. Tal fue el impacto, que incluso algunos hicieron realidad lo impensable: el nigeriano Emmanuel Olisadebe fue nacionalizado polaco y Gerald Asamoah, nacido en Ghana, hizo noticia en 2002 por ser en el primer jugador negro en vestir la camiseta de la selección de Alemania.

En Sudamérica, en tanto, el proceso ha sido más lento y también más fallido. En las últimas décadas sólo se cuentan dos casos exitosos y, para ilusión de Romeo y sus compañeros, ambos de deportistas cameruneses: Cyrille Makanaky, mundialista de Italia 90, fichó en el Barcelona de Ecuador, y Alphonse Tchami defendió a Boca Juniors desde 1995 a 1997, tras destacar en el mundial de Estados Unidos. Actualmente hay una decena de jugadores negros en el campeonato argentino en sus diferentes niveles. Podrían ser muchos más, pero los tres mil dólares del pasaje aéreo y la lejanía con sus países no son un detalle.

La presencia africana en Chile es un capítulo tan triste como aparte: aún se recuerdan las peripecias del nigeriano Ikechukwu Uzoma, quien en 2002, tras una temporada en Rangers de Talca, tuvo una posibilidad en Santiago Morning, pero la ilusión del jugador se derrumbó cuando le ofrecieron como sueldo nada más que 120 mil pesos. Lo último que se supo de Uzoma fue que vivía como allegado en una población de La Pintana. Más dramático aún fue el caso del camerunés Georges Massamba, quien abandonó sus estudios universitarios en Francia entusiasmado con la promesa de ser figura en Chile. Según las notas de prensa, el jugador habría pagado un adelanto de 15 mil dólares a un representante por concepto de trámites pero, una vez en Santiago, se dio cuenta de que todo había sido una estafa y nunca más vio a su apoderado ni recuperó su dinero.

Los cameruneses escuchan estas historias y arquean las cejas con incredulidad. Si bien han sabido de fraudes similares en Argentina, donde algunos estuvieron una temporada antes de llegar a Santiago, más los estimula pensar en el éxito de próceres como Samuel Eto'o en España o del mismo Alphonse Tchami, cuyo nombre sonó en Universidad Católica en 1997.

Precisamente, uno de ellos, Luc Bessala, entrenó a fines del año pasado en las canchas de San Carlos de Apoquindo, tras haber jugado en Tiro Federal de Argentina. Luego de algunas semanas con los reservas, fue integrado a las prácticas del primer equipo de la UC. Su alegría no podía ser mayor.

­Iba todo muy bien, pero un día le dijeron a mi representante que yo no fuera más y ahí terminó todo ­se lamenta Luc­. Nunca tuve una respuesta ni me dieron razones.

MFIANG OWONDO

El Mfiang Owondo es una sopa cocinada con carne de cerdo, maní, arroz, mandioca, papas y aderezos picantes. Los cameruneses no saben qué darían hoy a cambio de un plato como ése.

­¡Espectacular! ­vocifera Luc Joel Zamg-Zambo, que durante gran parte de la conversación se ha mantenido atento al partido de fútbol de ESPN. Es el que menos habla español del grupo, pero la exclamación le sale perfecta. Ante la aprobación de sus compañeros por sus avances con el idioma, se anima con una frase más pintoresca­: Mfiang Owondo... ¡Espectacular, huevón!

A diferencia de Romeo Kede, quien tuvo clases en la secundaria y luego continuó durante un año más, todos aprendieron español con el diccionario atornillado a sus manos. Así llegaron a Chile, un país que les sorprendió y del que sólo habían escuchado mencionar a Marcelo Salas.

El contacto con los chilenos ha sido escaso, pero no dejan de hacer notar la costumbre de algunos de mirarlos como si nunca en su vida hubieran visto a un africano. Un país que se jacta de estar abierto al mundo, tiene habitantes que reaccionan como si su presencia fuera parte de número de variedades.

Aquello les causa gracia, aunque no pueden decir lo mismo de los que les robaron sus cortavientos y tobilleras en el Parque O'Higgins. Por eso, ahora no quitan los ojos de encima de quien los observe demasiado rato sin decirles nada cuando entrenan. En estos meses en Chile, han aprendido a desconfiar.

Se diría que los africanos apenas si salen de su casa. El llamado a presentarse en los entrenamientos de algún club puede venir en cualquier momento y deben estar atentos, casi acuartelados. Para saber de sus familias y de sus hijos, allí está el teléfono y el correo electrónico.

­Aunque somos solteros, la vida social y las mujeres no son muy importantes por el momento ­dice Georges Emock con africana severidad­. Lo fundamental es conseguir trabajo, firmar en un club y luego vendrá lo otro. Si ahora tengo una mujer en casa y no tengo trabajo, ¿qué voy a hacer con ella?

Emock mide casi dos metros y es defensa. También es el único que completó la secundaria. Sus compañeros, con excepción de Bessala, que aprendió carpintería, interrumpieron sus estudios por dedicarse exclusivamente al fútbol.

Aunque no lo juzgan, el individualismo ha sido una de las costumbres que más les ha llamado la atención de Chile.

­Aquí cada uno está en su lugar ­comenta Francis Messi­. Las personas que nos visitan piensan que la pasamos mal viviendo los seis juntos en este departamento, pero se equivocan. En Camerún las cosas se dan, no se prestan.

JUGAR ES UN PREMIO

Los rechazos de Romeo Kede en Unión Española y de Luc Bessala en Universidad Católica no disminuyen un ápice el entusiasmo de los africanos. Saben sus capacidades y aseguran ser un aporte al campeonato nacional, tan criticado por su lentitud como por su escaso sentido del espectáculo.

­Ustedes, los chilenos, ¿no están ya un poco cansados de ver la misma cosa todos los días? ­pregunta Bessala­. ¿Nadie aquí está dispuesto a ir al estadio a ver cómo juega un camerunés?

Aunque la temporada de contrataciones está vigente, las dificultades, se verá, también implican otros aspectos.

­Los blancos creen que cuando un africano los marca siempre les hará daño y no es así ­comenta Bessala­. Los árbitros también lo piensan y eso es injusto.

A su lado, Romeo Kede asiente y agrega:

­En Unión Española me decían que fuera despacio... tienen metido en la cabeza que los negros iremos al choque, que somos indisciplinados y brutos. En mi país los entrenamientos son muy duros y jugar el fin de semana es un premio que hay que ganarse.

­Tenemos buen nivel para el campeonato chileno ­añade Francis Messi­. Sólo pedimos que nos prueben, que nos den una oportunidad. ¿Cuesta tanto eso?

El diálogo es intenso y por momentos se desborda. Alguien menciona la palabra globalización; otros se atropellan al hablar y gesticulan. Han sido meses duros, de poner a prueba su imperturbable paciencia, su paciencia africana, pero las ganas por jugar y sentirse útiles son mayores. Al cabo de diez largos minutos de especulaciones de todo orden, Luc Bessala pide la palabra y cierra el episodio:

­Pero ese prejuicio sólo es en la cancha, amigo. Aquí la gente es buena y simpática ­dice, al tiempo que comienza a prepararse para el entrenamiento de la tarde. Dos semanas después, Bessala sería contratado por Deportes Concepción.

Zapatillas, camisetas, vendas, tobilleras y pelotas circulan de mano en mano por las habitaciones. En el trayecto desde el departamento al Parque O'Higgins, varios niños saludan al grupo mientras pasa por fuera de Fantasilandia. Un poco más allá, un camión cementero les toca la bocina con estridencia y ellos levantan la mano y luego cruzan enigmáticas frases en su dialecto. El bullicio del parque de diversiones queda atrás y frente a ellos se abre la desolada planicie de la cancha de fútbol, donde el pasto lucha por no secarse, donde la vegetación se aferra a lo que puede.


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Christian Nyebe sabe que el campeonato chileno tarde o temprano  aceptará la presencia de futbolistas africanos.
Christian Nyebe sabe que el campeonato chileno tarde o temprano aceptará la presencia de futbolistas africanos.
Foto:José alvújar


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