Martes 29 de Enero de 2002
Mujeres violentas:
Hombres maltratados
Los hombres víctimas de violencia intrafamiliar creen que su caso es el único. Pero están equivocados. El año pasado, el 10,7 por ciento de las denuncias que recibió la 48º Comisaría de Asuntos de la Familia fue hecho por hombres agredidos, devastados, avergonzados. Dos de ellos se atrevieron a dar la cara para contarnos su historia.
Texto Marcela Recabarren M.
Cristian Carrasco, un hombre de treinta años, ojos claros y pelo castaño, no podía dormir tratando de entender qué le pasaba a su mujer. Los cuatro años de pololeo y los primeros doce meses de casados habían sido tranquilos, felices. Todo cambió cuando nació su única hija. "Después del parto ella se puso de mal genio, no me dejaba acercarme, la intimidad se murió. Peleábamos todos los días. Una amiga le dijo que yo andaba con otra. Hasta le metió en la cabeza que yo tenía un hijo por fuera. Cuando mi señora comprobó que era mentira no sabía dónde meterse", cuenta Cristian. Pero allí no terminaron los malos días. "El odio contra mí siguió y se extendió a toda mi familia. No dejaba que mi mamá viera a nuestra hija. Me decía que era un fracasado, un don nadie, que estaba arrepentida de haberse casado conmigo. Llamaba a mi jefe para decirle que yo era un drogadicto, pero él no le hacía caso. Una vez, ella intentó pegarme, pero le agarré los brazos. Me rasguñaba. Todavía tengo las cicatrices en los brazos. Mira".
Cristian soportó la agresión física y sicológica de su mujer durante más de dos años. Estaba deprimido, con la autoestima destruida, como todos los hombres que se acercan a la 48º Comisaría de Asuntos de la Familia a hacer una denuncia por violencia intrafamiliar. "Llegan sintiéndose de verdad buenos para nada", dice la mayor Patricia Carrasco, la comisario. "Se demoran más que las mujeres en denunciar. No pueden creer lo que les está pasando. Yo creo que es por la forma de ser en Chile: ¿cómo tu mujer te va a pegar?, ¿cómo no vas a ser capaz de solucionar tu problema solo?, ¿cómo vas a aceptar que tu señora te humille? En la sociedad chilena no se acepta que el hombre sea agredido".
Hay mucha, mucha vergüenza. Catherine Torres, carabinera que atiende llamados y hace turnos en la guardia de la comisaría donde se reciben las denuncias, cuenta que los hombres víctimas de violencia intrafamiliar piensan que van a hacer el ridículo. Por eso siempre empiezan con rodeos. "Por teléfono dicen ¿sabe?, tengo un primo, un amigo o un vecino que es maltratado. Y cuando se dan cuenta de que una los escucha con respeto, confiesan que son ellos los agredidos. Pero les cuesta abrirse. Cada uno cree que es el único en todo Chile que sufre algo así".
Están equivocados. El año pasado, el 10,7 por ciento de las denuncias por violencia intrafamiliar que recibió la 48º Comisaría fue hecho por hombres agredidos. Y los casos a nivel nacional han crecido sostenidamente. En 1995, hubo 997 denuncias. Y los años siguientes, 1.228, 1.550, 1.574 y 2.185 respectivamente. El año 2000 aumentaron a 3.264. Todavía son pocas, comparadas con las 50 mil 491 agresiones reportadas por mujeres el mismo año. Pero en la comisaría tienen claro que cada hombre sufre lo mismo que cada mujer agredida, algo que no todo el mundo entiende.
La mayor Carrasco dice que hay personas que consideran la violencia contra el hombre como "de segunda categoría", porque se preguntan cómo no se defiende, por qué no pega de vuelta. "No lo hace, porque no quiere agrandar el problema o tiene miedo de que se le pase el tejo. Sabe que tiene más fuerza, que no la mide y que puede hacer mucho daño. Se trata de hombres súper tranquilos, que no pueden entender las conductas de sus señoras, pero a la vez no quieren separarse de ellas", cuenta la mayor Carrasco. Esto último es lo más complejo de la situación. "A diferencia de las mujeres víctimas de violencia - que lo único que quieren es dejar a sus maridos- , los hombres agredidos están enamorados y quieren arreglar el problema, salvar su matrimonio", agrega Catherine Torres.
Eso fue exactamente lo que le pasó a Cristian Carrasco. "No se me ocurrió denunciar a mi señora, porque pensé que se le iba a pasar. La amaba. Pero la situación me consumía. Llegó un momento en que no quería vivir". Se separaron el 16 de octubre del 2000. Cristian se fue de la casa sólo con lo puesto. "Los días siguientes ella reventó las tarjetas de crédito", cuenta. Se siguieron viendo, como un día en que llevaron a su hija al dentista. "Mi señora no quería que la vieran conmigo, así es que le di plata para que se fuera aparte en taxi con nuestra hija. Pagué el tratamiento. Dos semanas después ella entabló una demanda contra mí por acoso sexual en la vía pública. Según ella, todo había pasado el día del dentista. Ahora la odio. No me dan ganas ni de mirarla".
Pero es difícil, porque separados y todo viven a dos casas de distancia. "Cuando mi hija sale a la calle se tapa la cara con las manos, porque su mamá le tiene prohibido verme de frente". Cristian tomó la decisión después de Navidad. Demandó a su señora por violencia sicológica, pidió protección policial y solicitó que su ex mujer no se le acercara a más de cien metros ni lo llamara por teléfono. También está pendiente que a ella le hagan un examen siquiátrico en el Instituto Médico Legal.
"Muchos no le cuentan a nadie"
Después de la última golpiza, en la que su marido le puso una pistola en la sien, apretó el gatillo y la bala no salió, Celia Schiefelbein llevó su caso a la corte y mostró su cara amoratada en la televisión para denunciar que ella, una mujer de clase alta, era víctima de violencia intrafamiliar. Celia, quien se sintió sola y desesperada mientras soportó las agresiones de su marido, Carlos Köster Oelkers, creó en junio de 2000 una fundación contra la violencia intrafamiliar, que está orientada a gente de clase media y alta y lleva su nombre. "Porque yo viví la agresión en ese nivel social y no encontré ayuda. Me sentí en un abismo", dice.
En un principio pensó que sólo pedirían ayuda las mujeres - desde que abrió las puertas han llegado 110- pero cada vez aparecieron más hombres, 122 en total. "A veces, en las tardes, se estacionan en Mercedes Benz o en BMW frente a la fundación y me llaman por celular. Dicen que no quieren entrar, porque les da vergüenza. Entonces les propongo que nos juntemos a conversar en el lobby de algún hotel", cuenta Celia.
En la 48º Comisaría los hombres de clase alta piden hacer la denuncia directamente con la mayor Carrasco. Ella los recibe en su oficina del segundo piso y llama a un carabinero para que tome nota, porque de todas maneras debe quedar el caso por escrito. "Cualquier persona tiene derecho a pedir una audiencia conmigo. Muchos de los que vienen no le han contado a nadie lo que les pasa. O han contado, pero no con los detalles que entregan acá. La vergüenza social es tremenda. Y es más grande todavía en la clase alta. Por eso les preocupa tanto la privacidad", explica la comisario.
Una historia le quedó grabada; la de un gerente de cincuenta años que recibía golpizas cuando llegaba a la casa después del trabajo, porque su señora consideraba que era demasiado tarde. "Lo único que él hacía era agarrarle las manos y encerrarse en una pieza", cuanta la comisario. "Pidió hablar conmigo en privado e hizo la denuncia. Hay otros que solamente quieren contar lo que les pasa, recibir orientación, saber si con un tratamiento sicológico su señora puede cambiar y si no, vuelven y hacen la denuncia".
"He atendido a tantos tipos que se ven regios y con plata que no lo puedes creer. Han venido de La Serena, Concepción, Punta Arenas", dice Celia Schiefelbein. Tiene montada una red de ayuda que cubre todas las regiones, menos la Undécima. Sus asistentes ponen avisos en los diarios locales, donde aparece un número de teléfono de contacto. Cuando se junta un grupo de víctimas de violencia, Celia viaja y se entrevista con ellas. Otras veces, la gente va a Santiago a verla. La fundación les ofrece asesoría médica, dental, legal, sicológica. Incluso trabaja con un estilista y un maquillador. No cobran o les ofrecen precios especiales a las víctimas, que llegan con la vida destruida.
La dinámica entre un hombre maltratado y una mujer violenta es compleja. En su consulta, Alex Kalawski, sicólogo especialista en terapias de pareja, ha observado el fenómeno. "Responden a un perfil. El es un hombre calmado que evita conflictos, que es considerado como bueno por el entorno. La mujer, que es de armas tomar, se acerca a él buscando que se ponga los pantalones, que la domine, pero él se retira. Ella, entonces, lo agrede más. El se va para adentro, porque no sabe qué pasa ni qué hacer, se deprime. Trata de agradarle a su mujer, ser más amoroso, y ella se vuelve más violenta. La mujer consigue justo el efecto contrario al que busca, pero no se da cuenta. Todo esto es inconsciente. Esto del buenito, del tiernucho, es lo peor que les puede pasar a estas parejas. Se genera una dinámica de irritabilidad".
Para romper la escalada de agresiones Celia les recomienda a los hombres que llegan a verla que sean indiferentes con sus mujeres. Un tipo que le hizo caso logró que cesara el maltrato físico y sicológico. "Entonces, este señor me dijo, cuando la tenga mansita, me voy a vengar. Un día le sacó la mugre y la mandó al hospital", recuerda. Es la única historia de vendetta que conoce. En las demás, los hombres han terminado separados de sus mujeres o siguen aguantando los maltratos. "Algunos estallan. Otros mueren aplastados", dice Celia.
"No le voy a devolver el golpe"
En Iquique, el prefecto de carabineros coronel Raúl Soto Isla ha presenciado un fenómeno. Del total de denuncias de violencia intrafamiliar que recibió el año pasado, 169 fueron de hombres y 1.114, de mujeres, lo que significa que hubo 15 por ciento de casos masculinos con respecto a los femeninos. Y a diferencia de lo que sucede en el resto del país, la mayoría de los hombres se queja de maltrato físico, no sicológico. El sector donde se concentran las agresiones es Alto Hospicio.
"Es una toma donde viven 55 mil personas, donde el problema de violencia intrafamiliar está relacionado con el alcohol y las drogas. El factor económico y social tiene mucho que ver", dice el coronel Soto Isla.
Dos cuarteles móviles recorren los sectores críticos con un personal mixto que se dedica exclusivamente a los problemas de violencia intrafamiliar. Los carabineros hacen campañas para prevenir el maltrato y alientan a las víctimas a denunciar las agresiones. "Hay hombres que han perdido la vergüenza. Otros que han sido victimarios y se cubren las espaldas denunciando a sus mujeres. La buena parte de las veces hay violencia cruzada", agrega el prefecto. Considera que el alto número de denuncias masculinas se debe, en gran parte, a que le han informado a los hombres que la ley de violencia intrafamiliar también los protege a ellos.
Esto es importante, porque muchos no tienen idea. "Se quedan con la imagen de los spots publicitarios, donde aparecen sólo mujeres y niños golpeados", explica Andrés Gatica, asistente social que realizó su tesis en 1999 sobre hombres maltratados, en Temuco. "Debería haber una difusión más clara".
A Sergio Bravo, un hombre de 42 años, moreno y de hablar tranquilo, le hubiera gustado enterarse antes. Los diez años de agresiones que vivió comenzaron poco después de que una mujer llegó a venderle libros, una y otra vez, al estudio de cine y televisión que él administraba. Se hicieron amigos y Sergio se enamoró de ella. Entonces empezaron las mentiras. Ella le contó que estaba separada, pero todavía vivía con una pareja. Le dijo que tenía tres hijas y luego apareció una cuarta, de otro padre. Sergio pasó todo esto por alto y le propuso que se fuera con las cuatro niñitas a vivir con él .
Con la convivencia vinieron los insultos. "Ella me apocaba, era la dueña de la verdad, voz y voto. No le gustaba que yo trasnochara por mi trabajo. Insistía en que renunciara. Me enfermó tanto de los nervios que le dije bueno, sal tú a trabajar y yo me quedo en la casa". Para entonces ya habían tenido dos hijos juntos y Sergio se hacía cargo de ellos. En realidad, lo había hecho desde que nacieron. "A veces me llamaban los chicos al trabajo para decirme que a la mamá se le había olvidado dejarles almuerzo. Entonces yo corría, compraba algo, les cocinaba y volvía al estudio de cine. A veces yo llegaba a las tres de la mañana y uno de los niños estaba llorando. Mi mujer no se levantaba. Yo le hacía la mamadera a mi hijo y me acostaba para despertarme a las siete y partir al trabajo nuevamente. Nuestras peleas eran constantes".
Luego comenzaron los golpes. "Me pegaba combos. En la casa rompió dos televisores, agarraba la loza y la tiraba, quebraba los vidrios, botaba las bandejas con comida. Cuando había violencia yo me iba. Después terminaba yo limpiando, con las niñitas. Hasta que un día me echó de la casa. Estaba con la autoestima por el suelo. Seguí pagando el arriendo del departamento, por mis hijos, durante un año. Hasta que la dueña me llamó y me dijo que le debía doce meses. Esta mujer se había gastado la plata en otra cosa".
En noviembre vino el golpe de gracia. Ella se fue con un amigo de Sergio. "Alguien a quien yo había ayudado a encontrar trabajo, al que había llevado de visita a mi casa. Me deprimí. Esta ha sido la única mujer de la que me he enamorado. Y me fregó la vida". La violencia sigue, porque cuando se encuentran - cada mañana, cuando Sergio viaja desde su departamento en Apoquindo a buscar a sus hijos a La Florida, para llevarlos al colegio, que queda en Las Condes, y cada tarde, cuando los lleva de vuelta- ella lo insulta. A pesar de esto, Sergio no ha respondido a los ataques. "Lo que ella espera es que yo pierda el control y le devuelva el golpe. Pero nunca lo va a conseguir porque soy tranquilo. Cuando discutimos no la pesco, me voy. Eso la frustra, la pone furiosa".
El 8 de noviembre del año pasado, Sergio supo por un carabinero que tenía derecho a denunciar a su mujer por violencia intrafamiliar. Al día siguiente fue a la comisaría y dejó constancia del maltrato sicológico que había soportado durante una década. Le hubiera gustado haberlo hecho antes. En una de ésas, la historia hubiera terminado de otra manera.
las denuncias
La cantidad de denuncias por violencia intrafamiliar hechas por hombres es baja comparada con el número de mujeres que reporta agresiones de su pareja. Sin embargo, los casos masculinos se triplicaron entre 1995 y 2000, mientras que los femeninos se duplicaron.
(Los datos del año 2001 aún no están disponibles)
Fuente: Sistema Integrado Estadístico de Carabineros (SIEC).
dónde acudir
No hace falta ir a la 48º Comisaría de Asuntos de la Familia para hacer una denuncia por violencia intrafamiliar. El trámite se puede realizar en cualquier comisaría del país. Lo bueno, sí, es que en la 48º están acostumbrados a recibir estos casos y el personal mixto ha recibido un entrenamiento especial para atender a víctimas de agresiones, sean hombres o mujeres. Y si uno no quiere salir de su casa para hacer la denuncia, puede llamar y una patrulla va hasta el lugar indicado a hacer el trámite. Las víctimas cuentan con todas las facilidades. Teléfonos: 688 1492 y 688 1490.
La Fundación Celia Schiefelbein contra la violencia intrafamiliar atiende a hombres y mujeres, a partir de las 4 de la tarde, en Bombero Núñez 377, en Bellavista. El teléfono es el 357 6720 y el celular de Celia es el 09 690 3500.
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