EL SÁBADO

Sábado 24 de Junio de 2000

El Nuevo Hombre
Padre Agustín Moreira, próximo capellán del Hogar de Cristo

Fue escogido con pinzas. A los méritos intelectuales, suma su sencillez y excesiva responsabilidad. Un digno sucesor para el padre Renato Poblete, quien lo presentó en público la misma noche de la Cena Pan y Vino. El joven jesuita estará a la cabeza de esta institución a partir del próximo 31 de julio. Aquí les contamos su historia y los entretelones de su designación.
por Haydée Rojas

Curiosamente fue en la localidad de Padre Hurtado, donde trabajaba administrando un campo, cuando sintió el llamado de Dios. Quien está próximo a asumir como capellán del Hogar de Cristo, en reemplazo del padre Renato Poblete, probablemente no imaginó en ese momento que trece años después estaría al mando de la principal obra del beato Alberto Hurtado.

Agustín Moreira (41 años), sacerdote jesuita con todas las de la ley desde hace apenas veintidós meses, tiene un currículo para quedar boquiabierto. Al egresar del colegio San Ignacio de El Bosque entró a agronomía en la Universidad Católica, donde volvería años después, como seminarista, a estudiar, primero filosofía y después teología. Posteriormente viajaría a España a la Universidad de Comillas, en Madrid, para obtener una licenciatura en teología moral y un master en bioética. En total, quince años de estudios universitarios.

Pero más allá de los méritos intelectuales, el Cucho Moreira como le dicen sus amigos es reconocido como un hombre afectuoso, austero, sencillo, casi espartano en su estilo de vida, excesivamente responsable y perfeccionista, a lo que se suma su bajo perfil. Asunto que nos consta por sus innumerables negativas a aparecer en esta historia.

Fue precisamente en España donde, en enero de 1998, se enteró de boca del padre Juan Díaz, provincial de la Compañía de Jesús en Chile, de su nombramiento. Así recuerda ese momento:

La verdad es que no me lo esperaba. De hecho nunca habíamos conversado sobre el tema, entonces fue una sorpresa muy grande. Mi primera reacción fue decirle que me emocionaba la confianza de la Compañía hacia mi persona, pero por otro lado le manifesté la idea de que podía ser un mejor aporte en el área de la bioética, tan en pañales aquí en Chile.

En cambio, al directorio de esta fundación de beneficencia la elección le pareció muy sabia, como lo asegura José Zabala, su presidente:

Se eligió a un hombre muy capaz, muy bien preparado y con una calidad humana extraordinaria. No puede haber un mejor traspaso de mando.

"Escuchar mucho, opinar poco"

No fue sino hasta seis meses después en julio de 1998 cuando tuvo su primer contacto con el Hogar de Cristo, coincidiendo con su ordenación sacerdotal. El padre Moreira vino a Chile por tres meses, oportunidad en que recorrió algunas de las obras de la institución. Le bastó esa corta visita para darse cuenta en lo que se estaba metiendo:

Me impresionó la presencia que tiene el Hogar en todo Chile. Es una institución muy querida, que tiene prestigio, y en la que la gente confía. Caí en la cuenta de algunas áreas en las cuales se está trabajando y que son de mucha importancia, como por ejemplo, la de adultos mayores, que está presente en casi todas las obras. Eso me llevó a pensar que tenía que aprovechar ese año que me quedaba en España para capacitarme.

Regresó así a Europa a terminar sus estudios, con el objetivo de sacarle el jugo a esa estada. Allí aprovechó de hacer un voluntariado en una de las mejores residencias para ancianos de escasos recursos existentes en Madrid.

Fue una experiencia estupenda. Estuve un año con los ojos bien abiertos, visitando este centro todas las semanas, donde me hice amigo de los funcionarios y de los usuarios, y aprendí todo el manejo. Eso fue importante porque me dio un techo hacia el que se puede tender. Verdaderamente es un modelo que aspira a la excelencia en términos de atención, porque se aborda a la persona desde todas las dimensiones, un lugar donde se les brinda ayuda médica, sicológica, de enfermería, de nutrición, además de apoyo espiritual y entretención.

Visitó también centros de atención de drogadictos y se interiorizó de sus programas. Hasta participó en terapias. Y por si fuera poco, recorrió centros de minusválidos síquicos en Andalucía, Madrid y en el País Vasco. "Había que tratar de ver qué es lo que hacen en otros lugares ante problemas similares", explica como disculpándose por el trabajo que se dio.

Finalmente regresó a Chile hace ya un año, con la cabeza llena de ideas y las pilas bien puestas. Se puso a trabajar al tiro, sólo unas horas después de haber aterrizado en Pudahuel. En las oficinas centrales de la institución lo estaban esperando con un desayuno al estilo Hogar de Cristo, encabezado por el padre Poblete, quien a partir de ese día se convirtió en su maestro. Lo primero que le preguntaron fue qué pensaba hacer. Él, con la serenidad que lo caracteriza, respondió que lo primero era conocer el Hogar a fondo, visitar todas las áreas, ver lo que se estaba haciendo, "escuchar mucho, opinar poco", y, por sobre todo, "aprender, porque vengo de la nada".

Dicho y hecho, a los pocos días estaba sentado en un bus con destino a Puerto Montt. Y de ahí no ha parado más.

En su recorrido, ¿qué es lo que más le ha impactado?

La generosidad y calidez de muchos de nuestros funcionarios, que se entregan realmente con un espíritu heroico. Ellos son los verdaderos protagonistas de esta institución. Son las personas que le están cambiando las sábanas a los ancianos, atendiendo en las hospederías a los curaditos, a los que llegan agresivos, a los que los insultan. Ellos son la encarnación del padre Hurtado.

Y los usuarios, ¿qué le dicen?

En algunas partes se quejan y a mí me parece muy bien que lo hagan. Si a uno lo atienden mal, tiene derecho a quejarse. Ojalá todos nuestros usuarios pudiesen ejercer ese derecho que tienen; si la comida es mala que lo digan; si la atención es inadecuada que lo digan, porque necesitamos que nos corrijan. Pero, la mayoría de las veces escucho buenos comentarios. En general, están felices, sienten que el Hogar de Cristo es la familia que no han tenido y hablan con un cariño que te emociona.

Tanto que no han sido pocas las veces que en este año, el padre Moreira ha llorado.

Vocación tardía

Hijo de Carlos Moreira y de Lillian Hudson, el padre Agustín es el segundo de cinco hermanos, el mayor de los hombres. Lo de la vocación religiosa le pudo venir en los genes: su abuela materna Clementina es hermana del cardenal Raúl Silva Henríquez y un tío paterno fue sacerdote jesuita, amén de haber varias monjas en la familia.

Sin embargo, y para ser más exactos, la historia de su vocación se remonta a sus padres:

Dios siempre ha estado presente en mi vida. Cuando era chico me daba una lata horrible ir a misa, pero en mi casa era algo que no se cuestionaba, había que ir, no cabía otra posibilidad. Los valores cristianos se adquieren en la familia, eso es innegable.

De su tío abuelo, el cardenal, guarda buenos recuerdos. El acercamiento definitivo entre ambos se produjo cuando él cumplió 75 años, dejó de ser arzobispo de Santiago y se trasladó a vivir a la calle Los Pescadores, en Ñuñoa, junto a su hermana Clementina, quien se hizo cargo de la casa. Así, las visitas del entonces agrónomo se hicieron frecuentes, ya que siempre fue muy cercano a esta abuela que se había cansado de pedir a Dios tener un hijo sacerdote, deseo que finalmente sería concedido una generación después. De esta forma la amistad entre el sobrino nieto y el cardenal se consolidó, al punto de que cuando Moreira decidió ingresar al sacerdocio, monseñor Silva Henríquez ofreció una comida en su honor. "Estaba feliz de que hubiese elegido a la Compañía, tanto como si hubiese ingresado a los salesianos. Le tenía mucho cariño a los jesuitas", comenta Moreira.

Una vocación de la que quiso escapar. Recién a los veintiocho años se decidió a ingresar al seminario, después de dos pololeos, uno de dos años.

Tenía miedo, no quería ser cura. Sentía que esa posibilidad era una alternativa, pero la desechaba. Llegó un momento en que sentí que tenía que plantearme de una vez por todas la pregunta por la vocación religiosa, porque era algo que irrumpía en mi vida cada cierto tiempo. Entonces me fui una semana al norte a hacer ejercicios espirituales con el padre Juan Díaz, que en ese entonces era maestro de novicios. En esos ejercicios fui descubriendo que este llamado era un llamado de Dios; que era él, el que tomaba la iniciativa; que era él, quien me elegía y me daba las fuerzas para dejar todo lo que estaba haciendo y lanzarme a la vida religiosa.

Tres semanas después ingresó a la Compañía de Jesús, la única opción que había barajado:

La verdad es que los jesuitas me mostraron una forma atractiva de ser cura. En mi colegio los vi felices, contentos, y no era algo externo, sino auténtico. Estaban comprometidos muy fuertemente con cambiar el país y construir un mundo distinto. Además, esa espiritualidad ignaciana, que fui conociendo a través de retiros y ejercicios, me atrajo mucho, una espiritualidad que combina un acento fuerte en la relación con Dios, pero también en el compromiso con el cambio social. Siempre tuve la certeza de que si era cura, era jesuita.

Han transcurrido trece años desde que optó por la vida religiosa y hoy, al igual que en su primera homilía, pronunciada con emoción el 5 de septiembre de 1998, asegura que se siente profundamente feliz.

En esa ocasión, celebró la misa en honor al padre Alberto Hurtado. De él dijo:

"...un hombre que no sólo supo mirar con lucidez y cariño la realidad chilena; supo también dar soluciones creativas ante la cruda realidad de injusticia y miseria. Alberto Hurtado fue un luchador abnegado por el servicio y la dignidad de los más pobres, en quienes reconoció al mismo Cristo".

La misma lucha que ahora él tendrá que dar cuando, a partir de este 31 de julio, se convierta en su nuevo heredero.

Cercano a la gente

Desde hace seis meses, el padre Moreira celebra misa en Nuestra Señora de Fátima, en el sector de Independencia, a pasos del Hipódromo Chile. A su regreso a Chile se contactó con el vicario de la zona norte y se puso a su disposición. "Es tal la escasez de curas que uno no puede darse el lujo de no hacer una misa en algún lugar", señala.

Así llegó a esta iglesia, caído literalmente del cielo, para ayudar al padre Héctor Villagrán, su párroco y quien tiene a cargo otras cinco capillas del sector.

La de Moreira es la misa de las diez. Y tiene su clientela: más de doscientos feligreses que domingo a domingo no le fallan, aunque el día esté para quedarse en cama, como lo comprobamos una fría mañana de junio.

Son principalmente adultos, a pesar de que han comenzado a llegar algunos adolescentes alertados de la presencia de un cura joven que habla claro e interroga a la audiencia desde el púlpito.

El padre Villagrán dice de él:

Es un hombre muy culto, muy al día con lo que pasa, pero sobre todo profundo en su pensamiento, de una fe que le sale por los poros. Eso es lo que la gente busca hoy.

Coincide el matrimonio Troncoso-Inzunza de esta comunidad. Habla Carlos:

Como buen jesuita, es muy aterrizado, muy terrenal. Eso le gusta mucho a la gente, porque acerca la religión. Lo mismo el hecho de que a uno lo esté esperando a la entrada y también se despida a la salida, eso es bueno porque lo sentimos muy cercano.

Otra experiencia de los primeros pasos del joven capellán: conmovió hondamente a quienes asistieron a la misa de Navidad que él celebró para los "niños apadrinados". Allí, un centenar de ellos se encontró con sus padrinos y madrinas, personas anónimas que los ayudan con dinero mensual para que puedan continuar con sus estudios. La homilía del padre Agustín fue emocionante, una muestra de lo mucho que tiene para dar.

El legado del padre Poblete

Nadie puede negar que en estos casi veinte años al mando de la institución, el padre Renato Poblete (76 años) ha hecho maravillas. Dos décadas de crecimiento ininterrumpido y grandes transformaciones, han convertido al Hogar de Cristo en la mayor institución de solidaridad del país.

No es coincidencia que las mayores transformaciones experimentadas se hayan registrado en estas dos últimas décadas, con él a la cabeza. ¿Por qué su cambio, entonces?

José Zabala, presidente del directorio, lo explica:

La única razón es la edad. Lo lógico es desligarlo de las labores más rutinarias e ir preparando a alguien más joven. De todas formas seguirá con nosotros como vicecapellán, porque es un capital que no nos podemos farrear. La experiencia que él tiene en marketing y captación de recursos, es enorme.

Sí, porque si hay algo que se le reconoce a este capellán sociólogo verdadero monumento a la generosidad es su capacidad para administrar, a lo que suma su creatividad, que lo ha llevado a inventar mil formas para conseguir recursos para sus pobres. "En verdad tendría que pedir perdón por lo insistente que he sido, pero me he visto obligado. El Hogar de Cristo es sólo un canal que une dos mundos. Nuestro objetivo es despertar la solidaridad entre los chilenos", confiesa el padre Poblete.

De que lo ha conseguido, no hay dudas. La mayor prueba es haber logrado que 500 mil personas se comprometieran mensualmente para ayudar a financiar el Hogar de Cristo. Ninguna otra institución de beneficencia ha conseguido tal cantidad de socios.

Destacable es también el crecimiento que ha tenido la fundación desde que él asumió como capellán en 1982: de 7 a 50 filiales a lo largo del país, 42 nuevos hogares de Cristo y más de 700 tipos de atenciones distintas.

Preguntamos por el rasgo de su personalidad más sobresaliente. Y esto fue lo que a coro nos respondieron: "Su motor, su tremenda imaginación y su empecinamiento para sacar las cosas adelante".




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El padre Moreira ingresó a la Compañía de Jesús a los veintiocho años, después de estudiar agronomía en la Universidad Católica y trabajar administrando un campo en la localidad de Padre Hurtado. Hoy está a punto de convertirse en heredero del beato, al asumir como capellán del Hogar de Cristo.raúl bravo
El padre Moreira ingresó a la Compañía de Jesús a los veintiocho años, después de estudiar agronomía en la Universidad Católica y trabajar administrando un campo en la localidad de Padre Hurtado. Hoy está a punto de convertirse en heredero del beato, al asumir como capellán del Hogar de Cristo.raúl bravo


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