VIDA Y SALUD

Domingo 2 de Abril de 2000


Conciencia de un Legado

Sin distinción de rubros ni clases, desde las cuevas de Cro-Magnon los vascos llegaron a Chile para hacer historia. Pero mimetizados - hasta el olvido- con la cultura nacional, no fue hasta los quinientos años de América y la explosión de los medios de comunicación que su aporte quedó al descubierto. El mismo que hoy reivindica Miguel Laborde en su investigación "Los Vascos en la República de Chile" y que promete sacar del anonimato a los descendientes del País Vasco.
"LOS dos grandes aportes de los vascos a la cultura mundial son la creación de la Compañía de Jesús y la formación de la República de Chile", decía Miguel de Unamuno, y no se equivocaba.

Ya en el siglo XV, esta minoría étnica era vista con recelo por la corona de Castilla y Aragón, debido a su tenacidad y aires independentistas que los hacía buscar nuevos horizontes. Para no perder el control sobre sus miembros y asegurarse su obediencia, llegó incluso a otorgarles a todos fueros y títulos de nobleza.

Sin embargo, llegado el despotismo ilustrado, España se dio cuenta del inmenso terreno que había perdido en relación con Inglaterra y Alemania
- era considerada el Africa de Europa- y emprendió iniciativas para fomentar la industria, la cultura y el comercio - tanto en la península como en América- , para cuya materialización los vascos fueron vistos como los más indicados.

Así fue como en 1780 llegó a gobernar nuestro país Agustín de Jáuregui y Aldecoa; como Corregidor de Santiago asumió Luis Manuel de Zañartu; el cargo de obispo fue para Manuel de Alday y Aspée; Tomás de Echevers quedó como Contador General; la superintendencia de Correos la ocupó Fernando Urízar; la dirección de la Casa de Moneda, Domingo de Eyzaguirre, y como Fiscal de la Real Audiencia asumió Joaquín Pérez de Uriondo y Martiarena.

Todos ellos se integraron a las altas esferas de la sociedad chilena, siendo conocidos como "la aristocracia castellano-vasca", y participaron en los inicios de la República.

Sin embargo, no sería hasta 1820, cuando comenzó la inmigración de los "nuevos vascos", que esta etnia alcanzó una nueva y trascendental incidencia en el desarrollo de nuestro país, según la reciente investigación de Miguel Laborde, titulada "Los Vascos en la República de Chile", pronta a publicarse.

"De Chincol a Jote"

Si bien estos emigrantes empezaron a arribar en momentos de gran tensión entre patriotas y peninsulares
- incluso en el primer Himno Nacional estos últimos eran definidos como "viles, infames y traidores"- , por tratarse de hombres de clase media, que tuvieron que enfrentarse sin ventajas a su nueva realidad y forjarse una situación, fueron recibidos con los brazos abiertos.

Más aún, defensores de un concepto de gobierno democrático, propiciaron la creación de instituciones públicas igualitarias y participativas - muy distintas a las que imperaban en el resto del continente, donde la jerarquía y la desigualdad seguían imponiéndose- , dándole estabilidad y solidez política al país.

Pero no sólo fueron protagonistas en este ámbito - encabezados por los hermanos Carrera, vascos por el lado paterno, y Manuel Rodríguez Erdoiza, por su madre- , sino que a medida que el siglo transcurrió y progresaron, ampliaron su radio de acción.

Para empezar, su apego a la tierra - oriundos de las montañas desde el hombre de Cro-Magnon, de donde nunca se movieron, a pesar de sufrir la invasión de los romanos, los árabes e, incluso, cambiar el mapa de Europa- los inclinó hacia la agricultura.

En este sentido, también influyó su espíritu conservador, en la medida que vieron en el mundo rural la estabilidad económica que la ciudad no les podía asegurar.

Sin embargo, progresistas y liberales, a la vez, estos hombres no querían el campo para vivirlo tradicionalmente, sino para convertirse en empresarios, explica el ex presidente de la CORMA Eladio Susaeta, hijo de vasco llegado a Chile a principios del siglo pasado, quien saltó de la agronomía a la industria lechera y forestal.

Es así como estos inmigrantes también construyeron grandes obras de regadío y fueron los pioneros en explotar el Valle Central, latitudes del país donde, hasta entonces, sólo existía agricultura costera.

Asimismo, conocidos por sus particulares alpargatas - que no se fabricaban en Chile- , pronto algunos decidieron incursionar en la industria del calzado y la curtiembre, como la familia Halcartegaray.

El primero del clan en llegar fue Pedro Duhalde, en 1840, quien trajo consigo a su sobrino Pedro V para que lo ayudara a formar la firma comercial Aycaguer. Este, a su vez, recurrió a su ahijado Felix Halcartegaray, quien después de un tiempo se independizó para fundar Calzados Guante.

Si bien empezó con una producción exigua, al año, junto con duplicarla, incursionó en la industria panificadora y de levadura, dos áreas en las cuales se le sumarían varios vascos más. Como hoy lo reconoce su hijo, "disparamos de chincol a jote".

Otros en tanto, como los Urmeneta, los Ossa y los Zuleta, se radicarían en el desierto para dedicarse a la minería, única fuente de exportación nacional por largo tiempo, mientras que en el plano cultural, el espíritu modernizador de la colonia vasca significó el ingreso de los sueños liberales a la educación nacional - de mano de hombres como Lastarria- , con lo que Chile fue reconocido como la "Atenas de América".

Y así hasta el día de hoy, en que después de dos siglos siguen resonando apellidos como Larraín y Gazmuri en política, Gallastegui y Garmendia en la actividad comercial, Ochagavía y Undurraga en el mundo agrario, así como Gumucio y Larroulet en la esfera intelectual.

Merecido Exito

Todos estos logros de la colectividad vasca, de ningún modo le fueron regalados, señala Miguel Laborde en su investigación. Por el contrario, "esta conocería un siglo XIX de esfuerzos y rigor, antes de gozar de ello en la centuria siguiente".

Una de las razones de este éxito radica en la libertad que encontraron en nuestro país para desarrollarse sin más límites que su propio empuje, en contraposición al ambiente opresivo que vivían en su tierra natal, "debido al boicot permanente de sus iniciativas por parte de los gobiernos de Madrid y París que temían perder su soberanía sobre los vascos peninsulares y continentales, respectivamente".

Un hecho que estuvo potenciado, además, por las políticas que el gobierno chileno emprendió para incentivar la inmigración europea. Así, contaron con un puente expedito que les permitió florecer sin trabas.

Asimismo, su espíritu laborioso hizo posible emerger y destacarse, rápidamente, frente a una cultura pasiva y poco innovadora, como la nacional. A diferencia del resto de España, en que los caballeros hacían la guerra y el pueblo, el trabajo duro, en la comunidad vasca trabajar no era considerado denigrante, por lo que no existían distinciones de clases en este sentido.

Como consecuencia, mientras la sociedad chilena se quedó estancada en la hacienda, los inmigrantes dieron vida a puertos, yacimientos e industrias.

También contribuyó el hecho de tratarse de una etnia que había vivido la discriminación en carne propia, por lo que estaba lejos de practicarla. Por el contrario, los vascos se caracterizaron por su fácil y desprejuiciada integración a nuestro país. Incluso, muchos inmigrantes solteros formaron familia aquí.

Cosa que tiene pros y contras, advierte Laborde, pues si bien evitó confrontaciones, atentó contra la prolongación de sus costumbres y tradiciones. "Rápidamente, los descendientes de vascos se mimetizaron con el medio nacional".

Efectivamente, acota Eladio Susaeta, "en el caso de mi familia no se conservaron comidas ni modas. Pero las conductas, los hábitos y valores estaban siempre referidos al País Vasco. Había que hacer las cosas bien y ser sobrio en el estilo de vida, como buen descendiente de una esforzada colectividad".

Adiós al Anonimato

Es así como el aporte de los vascos pasó desapercibido, hasta que una serie de factores confluyeron en su reivindicación. Entre ellos, la celebración de los quinientos años del descubrimiento de América, el año 1992.

A partir de entonces, la comunidad residente en Chile se puso en contacto con la Euskal Fundazioa, institución que apoya el desarrollo de la cultura vasca, y ésta comenzó a financiar investigaciones sobre la trayectoria de los vascos, que les permitieron tomar conciencia de la influencia que han ejercido en todas las esferas del país. En ese sentido, los mayores aportes de la investigación realizada por Laborde es dejar clara la gran influencia que los vascos tuvieron en la industrialización chilena y su rol fundamental en la colonización de las VIII, IX y X Regiones.

Dentro de esta misma tendencia surgió la Agrupación de Profesionales Vascos, así como el reciente interés del Centro de Investigación y Documentación en Historia Contemporánea de Chile de la Universidad Finis Terrae por recopilar y almacenar los antecedentes de todas las familias de origen vasco que vivan aquí.

También la globalización ha incidido en este proceso, en la medida que, paradójicamente, ha contribuido a fortalecer los regionalismos y las etnias. Como señala Laborde, "el siglo XX partió exacerbando lo internacional, pero ahora ha quedado en evidencia que las regiones vienen a ser un hogar cultural que permiten una plenitud espiritual que no conoce sustitutos".

Eladio Susaeta, en tanto, atribuye este destape a la explosión de los medios de comunicación. "Antes los vascos se miraban a sí mismos desde la estrechez del círculo familiar. Sin embargo, una convivencia social más informada, como la actual, les permite observar desde fuera el fenómeno social que han generado".

Incluso más: considera que este boom responde al vacío cultural de nuestra nación. "Chile se abrió al mundo sin consolidar, previamente, su identidad y, por lo tanto, se ha desdibujado - especialmente, bajo la influencia norteamericana- , sin tener nada que ofrecer a las terceras generaciones que han decidido buscar sus raíces en el País Vasco".

Sin embargo, sea por la razón que fuere, es un hecho irrefutable que la comunidad vasca decidió salir de su anonimato.

Angela Grisar Martínez




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CONOCIDOS POR SUS particulares alpargatas - que no se fabricaban en Chile- , algunos vascos decidieron incursionar en la industria del calzado y la curtiembre. Uno de ellos fue Félix Halcartegaray, quien, en un galpón de la capital - como se aprecia en la fotografía- , fundó Calzados Guantes en 1928.
CONOCIDOS POR SUS particulares alpargatas - que no se fabricaban en Chile- , algunos vascos decidieron incursionar en la industria del calzado y la curtiembre. Uno de ellos fue Félix Halcartegaray, quien, en un galpón de la capital - como se aprecia en la fotografía- , fundó Calzados Guantes en 1928.
Foto:El Mercurio


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