ACTIVIDAD CULTURAL

Domingo 27 de Marzo de 2005

Mandala, un dibujo iluminado

El círculo sagrado será la columna vertebral de la semana de actividades tibetanas.

H.S.M.

Carl G. Jung exploró obsesivo hasta la más honda negrura del inconsciente. Sus métodos de indagación fueron tan dispares como los casos que elegía observar. Por ello, a nadie sorprendía mucho cuando anunciaba los más extraños descubrimientos, evidencias que cambiarían para siempre la forma de enfrentar la interioridad humana. Descubrió, por ejemplo, que existían imágenes arquetípicas y que, aplicadas, constituían figuras terapéuticas para el tratamiento de ciertas neurosis y esquizofrenias. Una de las más precisas son los mandalas tibetanos, diagramas del universo usados como foco en las meditaciones. Para los budistas, los mandalas son una suerte de plano arquitectónico, un mapa, que la mente usa para reorientar estados de confusión internos.

Lo significativo de su presencia en el arte y la espiritualidad tibetana, amerita que la construcción de un mandala de arena (los hay de diversos tipos) sea la columna vertebral de las actividades en la Corporación Cultural de Las Condes. Pese a que su armado es de la mayor delicadeza y requiere días de trabajo, una vez completado se desarma y se ofrenda. El gesto representa la impermanencia de la materia y la disolución del ego.

Su construcción se inicia con una ceremonia para consagrar el sitio donde se instalará. Algunos monjes ejecutan el baile tántrico "Sombrero negro" para eliminar los obstáculos que podrían surgir durante su creación.

Las mediciones de las guías (trazos) se hacen sobre la base de la geometría mágica. En la distribución de la arena de colores -todos simbólicos- se usa un "vajra" (aerógrafo manual), que representa el método: amor y compasión. Todo comienza con los sonidos de una campana, la sabiduría. Los pocos lamas que eligen construir mandalas, deben abocarse a la práctica de una disciplina especial, "orientada a alcanzar la perfección en la representación de mundos que no son visibles para nuestros ojos", aseguran los entendidos.

Una vez concluido y deshecho el mandala, cuyo propósito es atraer la paz al mundo y disolver las dificultades, se reparte una porción de la arena entre la gente para los mismos fines. La otra mitad se lanza a un río o al mar para beneficiar a todos.

El color base de la arena identifica la actividad encomendada. Así, la blanca es la pacificación; la amarilla para el incremento, la roja para el poder y el azul oscuro para las actividades airadas.

En general, todos los mandalas tienen tres niveles de consideración: externos, internos y secretos. En el exterior, se representa el mundo en su forma divina; en el interior, un mapa transformador de la mente ordinaria; y en el aspecto secreto, se muestra el perfecto balance entre las formas sutiles del cuerpo y la mente.

Se dice que un mandala de arena purifica en estos tres niveles.


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El objetivo de la realización de un círculo sagrado no es su conclusión, sino el proceso de armado.
El objetivo de la realización de un círculo sagrado no es su conclusión, sino el proceso de armado.
Foto:Abdullah Ommidvar
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