VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 3 de Noviembre de 2007

SUEÑOS Y PROMESAS DE LA ALHAMBRA SANTIAGUINA

Un palacio morisco, réplica de La Alhambra de Granada en España, cumple 142 años en pleno centro de Santiago. Es una más de las manifestaciones del esplendor chileno de fines de 1800, con una arquitectura excepcional y una majestuosidad casi excéntrica. Sin embargo, en creciente deterioro, plagado de termitas, pareciera destinado a terminar en el suelo si no llega la ayuda hace dos años prometida.

Texto, Valeria Campos Salvaterra / Producción, Carola Ovalle N. / Fotografías, Sebastián Sepúlveda Vidal

Tras las anchas y pesadas puertas de Compañía 1340 se siente una dulce sensación de ensueño, y se vive sin reparos una fantasía oriental: un collage de mosaicos de estilo mudéjar enyesados con infinitos detalles y vitrales que filtran la luz con cálidos colores. Tal cual lo imaginó el dueño original de la propiedad, Francisco Ignacio Ossa, empresario de la plata en Chañarcillo y destacada personalidad política de mediados de 1800.

Una pequeña pileta murmulla en el patio delantero y, en el de atrás, se escucha caer agua en una más grande rodeada de leones asiáticos. Son iguales a las que vio el arquitecto Manuel Aldunate cuando el millonario chileno lo envió a visitar La Alhambra española, ubicada en Granada, la que era modelo e inspiración de su fantasía. Ossa, originario de Copiapó, quería trasladarse a Santiago con su enorme capital a cuestas; un cambio con dimensiones de conquista, pues su Alhambra debía ser el más majestuoso de todos los palacios de la capital.

A su regreso, el arquitecto comenzó la construcción siguiendo religiosamente las formas arquitectónicas del original. Dos patios separados por un ultra decorado hall; arcos moriscos, columnas de mármol, azulejos de colores y un centenar de pequeños elementos que evocan a cada paso una escena de las mil y una noches. Sin embargo, lo que fue el sueño de su primer dueño, se hizo realidad sólo para el segundo: Francisco Ossa murió en 1864, antes de terminado el palacio, el que pasó a manos de Claudio Vicuña Guerrero, otro importante hombre de política.

Revolución y termitas

El sueño sigue ahí, en el más exquisito silencio, a pesar de estar ubicado en pleno centro de Santiago. Pero su conservación no parece interesarle a muchos.

A vista y paciencia de todos, su estado hace mucho tiempo oscila entre "malo" y "peligroso". La primera amenaza se dio tempranamente en 1891, cuando en plena revolución, Claudio Vicuña, entonces ministro de hacienda del presidente Balmaceda, debió partir al exilio y su palacio fue enteramente saqueado y ocupado por los militares.

Pero la construcción sobrevivió. Como también pudo resistir a terremotos y temporales a lo largo de más de un siglo... Por eso parece increíble que hoy esté viviendo su peor momento por culpa de una plaga de termitas que por años ha devorado sin tregua su frágil estructura; esto, mientras el riesgo de incendio y de derrumbe es inminente por el estado de su sistema eléctrico, por la humedad que lo ataca cada año y el deterioro propio del paso del tiempo, 142 años para ser exactos.

En marzo del 2006 parecía que todos los pesares llegaban a su fin. En una emotiva ceremonia se entregó un estudio técnico para la recuperación del Palacio de La Alhambra. Iniciativa de la dirección de arquitectura del Ministerio de Obras Públicas y financiada por asuntos culturales de la Cancillería. Gran noticia no sólo para el edificio sino para todos los proyectos de restauración, difusión del patrimonio y rescate de monumentos históricos o de valor no declarado.

De eso han pasado casi dos años, y en la Sociedad Nacional de Bellas Artes, actual propietaria del edificio, siguen esperando que el milagro se realice. Literalmente, no ha pasado nada. No hay plata para las termitas, "que es lo más urgente, paro lo cual se necesitan cerca de 20 millones de pesos", afirma Cecilia Córdoba, administradora del palacio. Y menos para todo lo demás, que en total suma más de 80 millones.

Desde aquel esperanzador día nada ha ocurrido, ni el gobierno ni particulares ofrecen financiamiento, pese a la constante búsqueda de la asociación, quienes no pueden llevar a cabo tamaña empresa con la contribución de sus socios y los ingresos de la academia que allí funciona. El Alhambra, a pesar de su estatuto de Monumento Nacional declarado en 1973, como muchos palacios santiaguinos, parece tener el desplome como único e insoslayable destino. Quizás termine compartiendo final con el otro gran morisco que tuvo Santiago, el palacio Concha–Cazotte, ubicado en lo que hoy es el barrio Concha y Toro, al que demolieron en favor de nuevas y modernas construcciones en 1930.


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La característica principal del edificio es la repetición de elementos formales de La Alhambra de Granada, España. Predominan los arcos en herradura y las esbeltas columnas de mármol.
La característica principal del edificio es la repetición de elementos formales de La Alhambra de Granada, España. Predominan los arcos en herradura y las esbeltas columnas de mármol.
Foto:Sebastián Sepúlveda Vidal


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