EDITORIAL

Sábado 20 de Noviembre de 1999

Francisco Bulnes, un Hombre de Derecha

Francisco Bulnes Sanfuentes fue un hombre singular por la generosa dedicación al servicio de nuestra patria. Fue un relevante actor de la vida política de casi todo este convulso siglo. Perteneció a una familia llena de tradiciones en este generoso servicio que se remonta a don Mateo Toro y Zambrano y a por lo menos cuatro presidentes de la República.

Se inició en la política en el Partido Conservador, en el que llegó a ser su presidente. Fue diputado desde 1945 a 1953 y senador desde ese año hasta 1973; y no obstante ser un gran orador, las líneas profundas, propias de su carácter y espíritu público, pueden seguirse en el silencioso y fructífero trabajo como miembro de las comisiones de constitución, Legislación, Justicia y Reglamento de ambas cámaras y de las de Hacienda y de Relaciones Exteriores, entre otras, en todas las que se constituyó en un especialista en materias Constitucionales de voz respetada e independiente. Fue afable, sencillo en el trato, de opiniones fundadas, objetivo y alejado de todo sectarismo político.

Su vida se identificó con el Senado y con sus extensos, profundos y relevantes méritos como permeable receptáculo de las grandes inquietudes y problemas de la población; permanente factor de institucionalización de la democracia chilena; eficiente defensor del Estado de Derecho; atento custodio de las libertades públicas; generador y difusor de la cultura democrática del país y gestor de los grandes acuerdos o negociaciones que la democracia exige. Esta es la herencia democrática y parlamentaria que los partidos históricos nos legaron con la cual se identificó este senador.

Esta tradición fue la que se interrumpió con el advenimiento de los partidos nada parlamentarios, que intentarían hegemonizar el poder con utopías totalizantes, en las que, por encima del debate parlamentario y la negociación democrática, prevalecería la razón ideológica. Fue el tiempo en el que el sectarismo y la pasión reivindicativa, por un lado y el odio y la lucha de clases, por el otro, destruyeron una larga tradición.

Pero este Senado, con la autoridad moral que provenía de su constante hábito de entendimiento, fue el que opuso sólida resistencia, en los peores días, al Gobierno marxista para defender la libertad de expresión y de enseñanza y el Estado de Derecho.

El tiempo durante el cual Francisco Bulnes fue persona relevante en la política chilena se extiende desde su ingreso al Partido Conservador hasta el término de su propia vida. Sirvió con lealtad a principios que obedecían a su opción cristiana de la política, que ve en el hombre, como lo vieron también las culturas griega y judía, a un ser trascendente, que busca su perfección, regido por un orden moral natural que otorga fundamento a sus derechos y limites a su libertad.

Encarnó el estilo de vida de los hombres de la derecha chilena que, más que ideólogos, forjaron una forma de ser sobria, realista, nada sectaria y esencialmente humana, ajena a las utopías, porque saben que la razón no lo puede todo y que no todo tiene solución en este mundo. Se trata, en la visión de Javier González, de una manera de ser. De una actitud ante las cosas, ante la vida privada y ante la vida pública, ante el Estado y los hábitos ciudadanos; un sentir acerca de la familia, la sociedad, la naturaleza y la historia, que se expresa en un vínculo profundo que se enlaza en una sola visión, a la cual no es ajena un sentido de la trascendencia y del misterio. Una palabra, dice, puede definirlo: "el respeto."

Es cierto, la derecha respeta lacreación; cree que las obras del hombre son el fruto de grandes esfuerzos, con frecuencia con errores y defectos y que, por ello, nunca cabe partir de cero o que todo deba cambiar. Deben respetarse las obras y desvelos de nuestros predecesores; debe amarse la historia, superándola, pero no rechazándola, pues sólo las obras que tienen raíces pueden crecer con firmeza y renovarse.

En los años 60 todas estas ideas fueron desconocidas. La derecha que las encarnaba sufrió el embate agravado por el efecto de la reforma electoral. Por tal razón, bajo la iniciativa de los dirigentes se constituyó el Partido Nacional y con él esta emergencia fue superada por hombres de este estilo de vida que llegarían a ser vitales en la lucha por evitar que Chile rodara definitivamente hacia el marxismo. La voz de Bulnes, junto a las de los demás senadores de ese partido, constituyó siempre una fuente de esperanzas para todos los chilenos.

Producido el colapso, Bulnes fue llamado a nuestra Embajada en Lima, y más tarde a formar parte del Consejo de Estado. Pero su juicio crítico a la situación de derechos humanos que empezaba a trascender y la restringida función del Congreso contemplada en el proyecto de nueva Constitución le hicieron renunciar a su posición para pronunciarse públicamente.

En 1985, buscando un cauce para la recomposición de la democracia, participó con Andrés Allamand, presidente de la Unión Nacional, en un grupo de personalidades que suscribió el denominado Acuerdo Nacional para la Transición a la Democracia.

En 1987 Bulnes se integró a la Unión Nacional y como miembro de ese partido concurrió con Andrés Allamand, con la Unión Demócrata Independiente y con Sergio Onofre Jarpa a la constitución de Renovación Nacional, donde integró su Comisión Política y también su Comisión de Estudios Constitucionales, hasta que, a la edad de 82 años, dejó de existir.

Su participación significó la vinculación del grupo de los jóvenes dirigentes con la historia grande del país. Asimilaron de él su cultura, experiencia, consejos y estas ideas que constituyen el estilo de vida del hombre de derecha. En Bulnes éste no era un discurso, era simplemente su modo de ser. Su mayor mérito fue no asilarse en amarras precarias. La línea de la profundización del espíritu democrático en la que había sido formado fue siempre la que prevaleció. Por ello, su espíritu conectó tan profundamente con Allamand y en la quietud de la Comisión de Estudios Constitucionales colaboró con el proyecto de reforma que hiciera más democrática la Constitución. El Acuerdo Nacional y la Reforma Constitucional de 1980 fueron hitos en el paso franco y pacífico de la transición chilena del gobierno militar a la democracia, y en ellos estuvo inscrito el espíritu de este hombre de derecha.

Miguel Luis Amunátegui M.




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