REPORTAJES

Domingo 16 de Mayo de 2004

PÍLDORA DEL DÍA DESPUÉS. Debate en la Casa Central tuvo momento de tensión:
El día en que Croxatto enfrentó a la UC

El investigador que tiene dividida a la Universidad Católica, el mismo que ha criticado duramente a la Iglesia y a los católicos y que apoya con energía la píldora del día después, defendió su postura en un encuentro reservado con sus más acérrimos opositores.

M.ANGÉLICA PÉREZ FERRADA

Un viaje relámpago a Buenos Aires. Noviembre del 2002. Horacio Croxatto, investigador asociado de la Universidad Católica y experto en reproducción, otorgaba una entrevista al diario argentino Página12: La Iglesia miente porque es sexofóbica. No hay ninguna evidencia científica de que la llamada píldora del día después tenga efectos posteriores a la fecundación; por lo tanto, no puede ser abortiva, dijo.

No se detuvo: En Chile, de donde puedo hablar con bastante conocimiento, los médicos que empezaron a hablar en contra de la anticoncepción de emergencia son personas que jamás en su vida han trabajado en el tema y de la noche a la mañana se constituyeron en expertos simplemente porque leyeron unos cuantos artículos. Dijeron cualquier cantidad de barbaridades y es gente que viene de universidades católicas o del Opus Dei. Esas son sus banderas de lucha porque la católica es una religión sexofóbica: usted piense que la Virgen María tuvo que ser virgen para tener al Hijo de Dios, los sacerdotes tienen que ser célibes, en fin, una cantidad de cosas más.

Estuvo apenas unas horas en Buenos Aires para participar en un simposio sobre anticoncepción organizado por la Sociedad Argentina de Endocrinología Ginecológica. Allí, Croxatto adelantó los resultados de sus dos últimas investigaciones sobre la acción del levonorgestrel - principio activo de la píldora- en ratas y monas. La primera ya la había enviado para publicar a la revista Contraception y la segunda recién estaba terminándola de escribir.

Son los mismos estudios a los que hoy apela para insistir en la necesidad de distribuir la píldora del día después en los consultorios de Chile.

Lo que probablemente no imaginó es que sus palabras a la periodista de Página12, un año y medio después, cruzarían la cordillera para circular en distintas páginas de Internet, justo en el momento en que los académicos de la Facultad de Medicina no le quitaban la vista de encima: nadie niega la cordialidad y buen trato del doctor Croxatto, pero su insistencia en que la píldora no es abortiva y las recientes descalificaciones por la prensa - la semana pasada acusó de fanatismo ideológico a quienes creen que el fármaco sí puede ser abortivo- no las han pasado por alto.

Dos corrientes en pugna

Rafael Vicuña, director de Comunicación de la Facultad de Ciencias Biológicas de la UC, está convencido de que en la Facultad de Medicina hay personas que, sin ser especialistas, tienen la preparación para leer trabajos sobre la píldora y formarse una opinión.

Croxatto reiteradamente ha sostenido lo contrario, pero desde el lunes permaneció en silencio. Sin embargo, intercambios epistolares en la prensa entre Croxatto y los doctores Patricio Ventura-Juncá y Claudio Barros ya habían dejado en evidencia que hay dos corrientes en pugna al interior de la UC. Sorpresivamente, no se publicaron más cartas.

La estrategia era simple: llevar el debate al interior de la universidad, y el rector, Pedro Rosso, estaba de acuerdo. Pero dio su aprobación al documento que el 7 de mayo - con las firmas de Gonzalo Grebe, decano de la Facultad de Medicina; Enrique Oyarzún, jefe del departamento de obstetricia y ginecología, y Patricio Ventura-Juncá, entre otros- fue enviado a los medios de comunicación para dar un apoyo irrestricto al Gran Canciller de la UC y Cardenal de Santiago, arzobispo Francisco Javier Errázuriz, quien ha insistido en que la píldora puede ser abortiva.

Oyarzún reconoció el miércoles que las dos posturas frente a la píldora del día después se han radicalizado. Incluso, en la Facultad de Medicina crece la convicción de que existiría un aprovechamiento político con este tema porque la contracepción de emergencia existe hace más de 25 años, la única diferencia es que antes se les daba una dosis específica de un anticonceptivo oral cualquiera y ahora hay dos pastillas en una caja.

El cara a cara del viernes

El viernes a las 09.30 hrs. llegaban hasta el salón de honor de la Casa Central miembros del Consejo Directivo de la UC, decanos, algunos profesores invitados y, por supuesto, los dos contendores: Horacio Croxatto y Patricio Ventura-Juncá. El rector Pedro Pablo Rosso no participó, pero se preocupó de recibir por escrito el informe de la investigación de Croxatto sobre el impacto del levonorgestrel en monas y ratas.

El encuentro se preparó con secreto y premura. Sólo el lunes se les preguntó a ambos médicos si estaban dispuestos a debatir sus puntos de vista con los directivos de la UC, y como la respuesta fue afirmativa, se fijó fecha para el miércoles, aunque luego se postergó hasta el viernes. Cada invitación se realizó personalmente por la Vicerrectoría de Comunicaciones, porque no querían prensa: cámaras o flashes que captaran rostros tensos o preguntas incómodas de los periodistas. La idea era arreglar las cosas puertas adentro.

Croxatto se enfrentó solo a un auditorio mayoritariamente crítico a sus postulados. Aunque lo intentó, no pudo contar con la compañía y respaldo de sus amigos y expertos en reproducción, los médicos Fernando Zegers y Soledad Díaz, quienes han aparecido junto a él defendiendo la entrega masiva de la píldora. La explicación de las autoridades universitarias fue definitiva: ninguno de ellos pertenece a la UC.

La exposición de Croxatto se mantuvo dentro de una cierta placidez académica, hasta que hacia el final un comentario de Ventura-Juncá irritó los ánimos del primero. A Croxatto se le subió la sangre italiana, confidencia una persona que estuvo presente. Al doctor a veces le gusta subir el tono de voz, porque no tolera el doble estándar, comenta un próximo al investigador, descartando que el asunto haya llegado a mayores: no fue un altercado.

Después del encuentro, que duró más de dos horas, el decano de la Facultad de Ciencias Biológicas, Renato Albertini, visiblemente tranquilo señaló: Se debatieron los conocimientos que existen hasta el momento y la conclusión es que es muy importante que se siga investigando, prescindiendo de los ruidos que producen otro tipo de intereses y que entorpecen la búsqueda de la verdad.

Albertini desmiente que se haya aprovechado este encuentro para llamarle la atención al doctor Croxatto: No hubo recriminaciones de ninguna naturaleza. Él es un investigador serio y responsable. El doctor Croxatto, en su calidad de investigador asociado, tendrá la posibilidad de realizar sus investigaciones en la Universidad Católica siempre que someta los protocolos de sus experimentos a la aprobación de los Departamentos de Bioética y Bioseguridad que tiene la Facultad. Esas son las reglas para cualquier investigador externo que solicite trabajar en nuestras instalaciones.

Croxatto ya renunció a la Católica en 1999 (ver recuadro). Dejó de ser profesor titular y pasó a ser investigador asociado, categoría que es renovada cada dos años. Si su último contrato tiene apenas dos meses y distintos académicos coinciden en que el escándalo que se produciría si lo alejan en estos momentos no le conviene a la UC, lo más probable es que Croxatto tendrá rounds para rato.

CONFLICTOS

La primera renuncia

Trabajó codo a codo con Horacio Croxatto en el laboratorio de la UC desde fines de los 60. Soledad Díaz Fernández, miembro de la Junta Directiva del Instituto Chileno de Medicina Reproductiva y de la Federación Internacional de Planificación Familiar, no tenía títulos rimbombantes en esa época, pero sí una lealtad a toda prueba.

Ni siquiera el 73, cuando monseñor Jorge Medina, en ese entonces Gran Canciller de la universidad, los obligó a abandonar el proyecto sobre anticoncepción que estaban investigando, siguieron caminos distintos.

Sentados en la oficina de monseñor Medina, Croxatto y Díaz leyeron una carta del Vaticano que respaldaba la medida adoptada por el Gran Canciller. La misiva, sin embargo, señalaba que no se quería dañar ni la honra ni el prestigio de estos profesionales que, finalmente, continuaron trabajando juntos varios años en la Facultad de Ciencias Biológicas con el compromiso de no desarrollar allí el proyecto vinculado a la anticoncepción. El Instituto Chileno de Medicina Reproductiva, Icmer, es fruto de la expulsión de nuestras investigaciones de la Universidad Católica, explica Díaz.

Pero este episodio no tiene nada que ver con lo que ocurrió 25 años más tarde, cuando Croxatto publicó una carta en El Mercurio en que señalaba que las leyes punitivas no son la solución al aborto. A pesar que aclaró que él no era partidario del aborto, el rector Juan de Dios Vial Correa le pidió renunciar a la categoría de profesor titular y hasta ahora permanece como investigador asociado en la UC.


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Soledad Díaz
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