VISIÓN NACIONAL

Miércoles 6 de Octubre de 1999

La Isla de los Alemanes

Inmigrantes germanos fueron los primeros en instalarse en la isla Teja de Valdivia a mediados del siglo pasado. Hasta 1952 sólo se podía llegar a ella en balsa.
Por Paola Segovia

Si los alemanes que en 1853 se radicaron en la isla Teja de Valdivia vieran la actual evolución del sector, es probable que volvieran a elegirlo como el lugar ideal para establecer sus hogares. Aunque en Chile existen más de tres mil islas, sólo la Teja está unida al continente por dos puentes, facilitando su acceso y desarrollo urbanístico, sin por ello perder sus hermosas áreas verdes que acogen a museos, colegios, institutos de investigación, una universidad y hasta una cárcel, con una vista al río y un entorno envidiables.

Rodeada por los ríos Calle-Calle, Valdivia, Cruces y Cau-Cau, hoy alberga a más de 5 mil personas y a una de las universidades más tradicionales del país (la Austral).

El paso de los años ha convertido las 550 hectáreas de la isla Teja en un sitio privilegiado y en uno de los más tranquilos y exclusivos de Valdivia.

El recorrido por la Teja es un panorama obligado para los turistas. Ubicada frente al centro de la ciudad, está unida a ella por el puente Pedro de Valdivia, de 237 metros de largo, que en 1952 puso fin el balseo que debían realizar sus habitantes para trasladarse a la ciudad. En su extremo suroeste se encuentra el puente Cruces, viaducto de 554 metros de largo inaugurado en 1987 y que permite el acceso directo al sector costero de la ciudad.

La influencia de la arquitectura alemana en el poblamiento de la isla se evidencia a cada paso. En su entrada norte se ubica la casa Prochelle, construida en 1853 por el alemán Eduardo Prochelle y que hasta hoy es conservada como testimonio de los inicios de la fructífera colonización alemana de mediados del siglo pasado.

Otra de las casas tradicionales de la isla - junto al río Valdivia- es la que perteneciera a Carlos Anwandter, convertida hoy en el Museo Histórico y Arqueológico Mauricio van de Maele, de la Universidad Austral. Entre múltiples otras cosas de la época, expone mobiliario y enseres que ilustran acerca de los estilos y formas de vida en las casas valdivianas desde el siglo XVIII.

En las cercanías de ese predio se estableció la primera fábrica de cerveza del país: la Cervecería Anwandter, que sufriera la destrucción de gran parte de sus instalaciones tras un gigantesco incendio en 1912.

Hasta el terremoto de 1960 funcionó en el lugar la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU), permaneciendo después el sitio abandonado, hasta que en 1994 se levantara el actual Museo de Arte Contemporáneo (MAC), que conserva la infraestructura de cemento y ladrillo de la antigua cervecería.

En isla Teja también funcionó la fábrica de calzados Rudloff, en su época considerada la más importante del país. El violento terremoto de 1960 ocasionó también su completa destrucción y definitiva desaparición. Hoy sólo sobreviven las ruinas de sus edificaciones junto al río Valdivia.

CIUDAD UNIVERSITARIA

Para quienes visitan isla Teja por primera vez, resulta sorprendente descubrir en ella la infraestructura completa de una universidad. En 1957, junto a la ribera del Cau-Cau, nace la Universidad Austral de Chile, en un lugar rodeado por un paisaje en el que domina el verde en todas sus variedades, que contrasta bellamente con las modernas estructuras de los edificios que albergan a 9 mil estudiantes en 29 carreras.

Una parte de la isla se ha convertido así en un activo centro de investigación y enseñanza, denominado Ciudad Universitaria, al que se añade un hermoso Jardín Botánico que en 11 hectáreas habilitadas con senderos peatonales permite apreciar la foresta local y frondosos bosques de olivillo, ulmo, alerce y coihue.

Otra área verde destacada del lugar es el Arboretum (conjunto de árboles) de la Facultad de Ciencias Forestales. En el lugar - 54 hectáreas del fundo Teja Norte- existen 900 especies botánicas, entre árboles, arbustos, helechos y trepadoras, tanto chilenas como extranjeras. Este bosque es frecuentado anualmente por cerca de 500 personas, que en excursiones guiadas pueden observar la vegetación y una fauna silvestre de zorros, liebres y pájaros carpinteros.

PRESOS EN LA ISLA

Inmersa en este paisaje natural se encuentra la cárcel de Valdivia, en funciones desde 1973. Su población penal la constituyen 600 internos, entre mujeres, hombres y menores de edad.

Según funcionarios de Gendarmería, el entorno es una vista que cualquier hotel quisiera tener, ya que desde el cuarto piso del recinto es posible observar los cisnes de cuello negro que habitan el río Cruces.

Ex Valenzuela

Al inicio de la colonización alemana en Valdivia, la isla Teja era un lugar pantanoso, de terrenos sinuosos en su costado norte y cubierta casi en su totalidad por selvas vírgenes. En el lugar sólo había una fábrica de tejas y ladrillos, razón por la que los nuevos habitantes comenzaron a llamarla Teja.

Pero su historia se remonta mucho antes. En 1564, el gobernador Francisco de Villagra dio la isla en encomienda al capitán Francisco Pérez de Valenzuela, por lo que durante un largo período se la conoció como Valenzuela. A la muerte del primer encomendero la heredó su hijo, el capitán Alonso Pérez de Valenzuela, quien murió en 1559 cuando la ciudad fue destruida por los mapuches. Sus descendientes conservaron la propiedad con la misma denominación hasta fines del siglo XVIII.

En 1850 la isla fue adquirida por el coronel francés Benjamín Viel, quien al darse cuenta que los inmigrantes alemanes venidos con el programa de colonización impulsado por el gobierno no disponían de terrenos donde radicarse, resolvió entregarla gratuitamente a las autoridades valdivianas, quienes acordaron su venta perpetua en favor de los colonos.

Hoy en la Teja no sólo viven alemanes, pero sin duda que fueron sus industrias las que convirtieron a la isla en el corazón fabril de Valdivia.


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