REVISTA YA

Martes 24 de Febrero de 2009


Las nuevas razones de la maternidad tardía

Investigación describe fenómeno en Estados Unidos.
Por María Cristina Jurado. Ilustración: alfredo cáceres

Solidez económica, mayor seguridad, pareja estable con compañerismo (relación más igualitaria), mayor felicidad por la independencia económica y –lo dicen las estadísticas– lograr mayor longevidad, son los principales anzuelos que están llevando a las estadounidenses a tener o adoptar su primera guagua entre los 35 y los 56 años. La gran mayoría se embaraza por métodos naturales; pasados los 50, por donaciones de óvulos fecundados o eligen la adopción.

Ninguna se arrepiente.

Con una vida más lograda por haberse ya realizado en el trabajo y los estudios, las nuevas mamás se enfocan totalmente en su recién estrenada familia y no sienten que se están perdiendo algo importante que está más allá de la puerta de calle. La tendencia, que partió desde Houston, Texas, fue investigada por una profesora de literatura que probó el fenómeno de la maternidad tardía en carne propia. Elizabeth Gregory, directora del Centro de Estudios Femeninos de la universidad de esa ciudad, tuvo a su hija Anna, a los 39 años. Y adoptó a la segunda, Sophie, a los 48. Felizmente casada, se dio cuenta de que lo vivido por ella comenzaba a replicarse en el país. Y decidió investigar antes de escribir su libro.

En Hollywood, Susan Sarandon y Julia Roberts habían seguido los pasos. Lo mismo, Michelle Obama y Hillary Clinton. Por eso, "Ready: Why women are embracing the new later motherhood" ("Listas: Por qué las mujeres están abrazando la nueva maternidad tardía"), el libro de Gregory, quien es profesora titular de poesía inglesa, está llamando poderosamente la atención. Después de su primer embarazo, preguntando y observando, la investigadora dio con la hebra: la primera maternidad tardía, entre los 35 y los 56, iba en alza en el país y por distintas razones. Marcaba tendencia. Y se dio a la tarea de recorrer el país para radiografiar el fenómeno. Nadie nunca lo había estudiado antes.

Desde su cátedra en Houston recuerda:

- Le di alas al científico social que tengo dentro. Me convertí en socióloga, economista, demógrafa y bióloga durante tres años. Entrevisté a 113 mujeres de Houston, Boston, Nueva York, Chicago, Washington, Cincinnati, Dallas, San Francisco, Seattle y Los Angeles. Todas empezaron sus familias cuando tenían entre 34 y 56 años. La mayoría con embarazo natural o, pasado los 50, por la vía de donación de óvulos fecundados o adopción.

Negras, europeas, hispánicas - una argentina entre ellas- , árabes y asiáticas con residencia legal se sumaron a la mayoría de las entrevistadas nacidas en suelo estadounidense. Más de un 80% había tenido a sus hijos dentro de un matrimonio feliz o por lo menos equilibrado, sólo siete eran divorciadas, nueve eran solteras y ocho se declararon gays, viviendo en pareja. Casi un 90% trabajaba fuera del hogar, el resto era dueña de casa o estudiante.

Para todas tuvo oreja Elizabeth Gregory:

- Fui encontrando a las mujeres que entrevisté con la técnica de la bola de nieve. Entrevistaba a dos o a tres, quienes me recomendaban a otras en el mismo caso. Tuve tantas solicitudes que era obvio que la tendencia existía y abarcaba distintos universos y tipos de vida. Lo único en común era la edad de la primera maternidad, entre 35 y 56 años. Después de meses, seleccioné a 113 médicos, abogadas, gerentas generales, empresarias, banqueras, artistas, profesoras, enfermeras, periodistas, políticas, arquitectas e ingenieras.

Buenas profesiones y mejores salarios. La investigadora concluyó que los principales motivos de todas tenían que ver con el deseo y la necesidad sicológica de armarse una vida armónica, satisfactoria y sólida antes de embarcarse en la mayor responsabilidad en la vida: tener hijos. "Estudiar un posgrado o un doctorado, sacar tesis y escribir papers científicos; aceptar promociones, cambiar de estado y/o de empleo, subir de sueldo, fueron parte de todas las motivaciones que escuché. Comprarse una casa, viajar, aprender idiomas, escribir libros, mejorar su entorno, estudiar una segunda profesión o redecorar el departamento venían a continuación. Lo que estas madres tardías buscaban era construirse una existencia segura y equilibrada para recibir a su bebé. Todas me dijeron que lo lograron. Que valió la pena la espera", dice Gregory.

Fue, por lo demás, su propia vivencia.

Un marido a la medida

- Me casé a los 38 con un hombre de 35. Tuvimos a nuestra Anna un año después, siendo ambos profesores titulares de la Universidad de Houston. Los dos veníamos de un primer matrimonio sin niños. Ya habíamos pasado por incertidumbres y sabíamos mejor lo que queríamos, una familia. Nos encantó ser padres. Queríamos un segundo hijo, pero no encontrábamos el tiempo... Cuando nos decidimos, tuvimos que adoptar: yo ya no estaba en edad de concebir. Dos años después llegó Sophie. Durante mi investigación, me topé con decenas de mujeres en mi posición: casada felizmente por segunda vez, en el filo de los 40, sin hijos y con sólida posición profesional. Con pocas excepciones, el perfil de una mamá tardía revela que está casada o emparejada con un hombre de la misma edad. Es estimulante sentirse en igualdad con el padre de tu niño: es práctico y da bienestar saber que en el banco están los recursos para fundar tu familia. Y es lo que rara vez sucede en los matrimonios jóvenes- , dice Gregory.

Una holgada situación económica y profesional para recibir al primer hijo no fue la única razón de partir tarde en la maternidad, reveló la investigación en terreno. Buscar con calma y sin presiones sociales al hombre adecuado, es también aliciente poderoso. Un estímulo de orden sicológico y emocional que comanda a muchas. Elizabeth Gregory:

- Un 85% de las mamás tardías están casadas, lo que asegura estabilidad a los niños. Se han tomado su tiempo para buscar un compañero adecuado, han vivido lo necesario para saber elegir, tienen experiencia. Aprendieron a manejar el fracaso y las frustraciones, tanto en la pareja como en el trabajo. El resultado, por lo menos desde las estadísticas, revela uniones más duraderas, mejor entendimiento y menos divorcios.

Así, por estas razones y otras, una de cada doce guaguas nacidas en Estados Unidos en 2006 tuvo una mamá madura. Y, entre 1975 y el 2008, el gráfico que muestra la curva de madres tardías ha aumentado exactamente en diez veces. Más precisamente, según este libro, diez veces en el rango de 35 a 39 años y trece veces en el de 40 a 44 años.

En algún momento, la autora quiso agregar a su pesquisa las razones y el punto de vista de los hombres. Pero fue en vano. "Alcancé a entrevistar a un solo marido. Me di cuenta de que la información entraba en flujos tan enormes, que incluir a los padres de esos niños me habría significado prácticamente un estudio paralelo. Tuve que abandonar esa veta".

Infertilidad y cansancio

La dificultad o lentitud para embarazarse después de los 35 años fue, durante años, el gran fantasma fememino. Y es, claramente, una de las desventajas de esta opción. Sin esquivar el tema, Elizabeth Gregory estudió a fondo la infertilidad para escribir su libro:

- En Estados Unidos hay mucho énfasis en este tema, pero, después de investigar mucho, concluí que es exagerado. Descubrí que por lo menos el 50% de las mujeres pueden aún concebir a los 41 años, porcentaje que declina dramáticamente pasados los 43. Lo que es claro es que la lentitud para embarazarse es mucho mayor. La angustia femenina proviene del hecho de que muchas se encuentran sin saber si su caso personal es sólo cosa de tiempo o si se volvieron infértiles.

La investigadora entrevistó a muchas cincuentonas con guaguas o niños chicos. "Son igual de felices que una mamá de 40, recibieron a sus hijos por vía de donación de óvulos o bien los adoptaron. Ninguna jamás se ha arrepentido de su maternidad".

Una segunda desventaja que algunas encuestadas señalaron fue el tema del cansancio físico. A los 50, se supone, hay menos vitalidad que a los 30. Sin embargo, dice Gregory, estas nuevas mamás lo suplen con horas de gimnasio y jogging (da energía), fines de semana en la playa o el campo (relajan) y sesiones de yoga o lectura (otorgan quietud y paz interior para recargar pilas). El hecho de tener resuelto el tema económico y de organización doméstica les permite ordenar su tiempo.

"También es importante recordar que las generaciones se han adelantado. Una mujer de 50 hoy equivale a una de 40 hace diez años. Ya nadie lo pone en duda: es cosa de ver cómo se visten, a dónde van y cómo corren todo el día con energía y vitalidad... a veces, mucho más que una jovencita".

Ser mamá, entonces, les salió natural.




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