REPORTAJES

Domingo 30 de Julio de 2006

100 años del trágico terremoto de 1906:
La noche en que Valparaíso se desplomó

19:55 horas del jueves 16 de agosto de 1906. Durante eternos cuatro minutos la tierra se sacude con fuerza. Cuando los 8,6 grados se retiran, quedan en el puerto más de tres mil muertos y una estela de incendios que iluminan el cubierto cielo de la ciudad durante toda la noche. Los saqueos se castigaron con fusilamientos en plena calle. Se dice que el puerto nunca más volvió a ser el mismo después de la tragedia.

RODRIGO BARRÍA REYES

El 16 de agosto de 1906 amaneció con el cielo parcialmente despejado en Valparaíso. Se suponía que sería un día hermoso rumbo a la primavera, pero a media mañana el cielo comenzó a cubrirse y una extraña llovizna empezó a caer en el puerto.

Era anómalo: soplaba viento sur (señal porteña de buen tiempo) y los barómetros anunciaban en las paredes buen clima.

A las 19:55 pocos porteños andaban en las calles. La mayoría estaba en sus casas, terminando de comer, en la sobremesa o ya metidos en sus camas.

Fue cuando, de pronto, un ruido como de tren acercándose se hizo presente.

Durante 45 segundos la tierra se agitó con fuerza, se tranquilizó durante otros 15, y volvió a sacudirse con insólita ferocidad durante otros eternos 90 segundos.

La tierra, y no el mar, era la que se movía como una tormenta con olas de tierra que remecían las edificaciones del puerto.

La calma volvió. Pero apenas duró 30 segundos. Fue cuando otra vez, y por 30 segundos, todo se sacudió con fiereza.

La tierra se había agrietado y los incendios se repartían por diferentes puntos del plan y los cerros.

Apenas algunos habían logrado aglomerarse en las amplias avenidas Brasil y Las Delicias cuando, a las 20:06, otra vez el puerto soportó una réplica tan feroz como la primera.

A muchos los sorprendió este nuevo movimiento telúrico entre hogares a medio caer o en estrechas calles que vieron derrumbarse sus quebrados muros.

Fueron otros dos minutos de pavor y destrucción.

39 incendios consumían un ya devastado Valparaíso. Las crónicas aseguran que hasta desde Los Andes se veía el cielo anaranjado sobre el puerto.

Desolada e incomunicada, pasadas las 21 horas partió rumbo a Santiago el oficial de policía Carlos Ortiz, quien se encargaría de avisar la tragedia al gobierno.

La lluvia paró cerca de las 22 horas, cuando el agua dio paso a una helada que comenzó a caer con inclemencia sobre la incendiada y destruida ciudad.

Los claustros, tranvías, los buques de la bahía y hasta los circos de paso por la ciudad se convirtieron en improvisados albergues a los sobrevivientes.

¿Las pérdidas humanas de esa noche trágica?

Las cifras están lejos de ser exactas, pero se ha estimado en mil los cadáveres que se identificaron, mientras que otros dos mil jamás se reconocieron. Además, otro número indeterminado de muertos se registró por los fusilamientos sumarios, en plena calle, a los responsables de saqueos.

Cerca de 20 mil fueron los heridos.

NOCHE TRÁGICA:Puerto hundido

El 16 de agosto de 1906 amaneció con el cielo parcialmente despejado en Valparaíso. Se suponía que sería un día hermoso rumbo a la primavera, pero a media mañana el cielo comenzó a cubrirse y una extraña llovizna empezó a caer en el puerto.

Era anómalo: soplaba viento sur (señal porteña de buen tiempo) y los barómetros anunciaban en las paredes buen clima.

A las 19:55 pocos porteños andaban en las calles. La mayoría estaba en sus casas, terminando de comer, en la sobremesa o ya metidos en sus camas.

Fue cuando, de pronto, un ruido como de tren acercándose se hizo presente.

Durante 45 segundos la tierra se agitó con fuerza, se tranquilizó durante otros 15, y volvió a sacudirse con insólita ferocidad durante otros eternos 90 segundos.

La tierra, y no el mar, era la que se movía como una tormenta con olas de tierra que remecían las edificaciones del puerto.

La calma volvió. Pero apenas duró 30 segundos. Fue cuando otra vez, y por 30 segundos, todo se sacudió con fiereza.

La tierra se había agrietado y los incendios se repartían por diferentes puntos del plan y los cerros.

Apenas algunos habían logrado aglomerarse en las amplias avenidas Brasil y Las Delicias cuando, a las 20:06, otra vez el puerto soportó una réplica tan feroz como la primera.

A muchos los sorprendió entre hogares a medio caer o en estrechas calles que vieron derrumbarse sus quebrados muros.

Fueron otros dos minutos de pavor y destrucción.

39 incendios consumían un ya devastado Valparaíso. Las crónicas aseguran que hasta desde Los Andes se veía el cielo anaranjado sobre el puerto.

Desolada e incomunicada, pasadas las 21 horas partió rumbo a Santiago el oficial de policía Carlos Ortiz, quien se encargaría de avisar la tragedia al gobierno.

La lluvia paró cerca de las 22 horas, cuando el agua dio paso a una helada que comenzó a caer con inclemencia sobre la incendiada y destruida ciudad.

Los claustros, tranvías, los buques de la bahía y hasta los circos de paso por la ciudad se convirtieron en improvisados albergues a los sobrevivientes.

¿Las pérdidas? Mil cadáveres se identificaron, mientras que otros dos mil jamás se reconocieron. Otro número indeterminado de muertos se registró por los fusilamientos sumarios, en plena calle, a los responsables de saqueos.

Cerca de 20 mil fueron los heridos.

HISTORIAS DEL SISMO:

Vivieron para contarla

El sobreviviente: El 21 de agosto, cinco días después del sismo, se procedió con el dinamitazo de una parte de las ruinas del Teatro de La Victoria y, entre los escombros, apareció impensadamente un sobreviviente ya en los huesos y a punto de morir.

Corazón valiente: El mausoleo donde se guardaba el corazón de Diego Portales quedó destruido. Sin embargo, el órgano fue rescatado providencialmente entre los escombros por el administrador del cementerio y llevado prontamente a una bóveda del Banco Edwards.

Terremoto criminal: Emilio Dubois era por entonces el reo más afamado del penal porteño y uno de los más temidos del país. El criminal sobrevivió mientras estaba en la celda mejor resguardada del penal. Incluso, el resto de los presos, tras el sismo, llegaron rápidamente y le pidieron a Dubois que comandara una fuga masiva que fue abortada por los gendarmes que volvieron a sus puestos tras el susto.

LOS PERSONAJES DE LA TRAGEDIA:

Reconstruyendo el puerto

Enrique Larraín, intendente de la provincia: fue la máxima autoridad en el puerto tras el terremoto. Junto a su esposa, Victoria Morandé, el jefe provincial fue ampliamente elogiado por su trabajo tras el desastre.

Luis Gómez Carreño, jefe militar de Valparaíso: el día 17 este capitán de navío de la Armada fue designado para mantener el orden en la ciudad.

Varios fusilamientos procedieron de inmediato al ser el mismo capitán quien sorprendió a diferentes sujetos en actos de pillaje.

"Todo individuo que se sorprenda destruyendo las cañerías de agua potable será fusilado inmediatamente", decía una de las severas normas impuestas por Carreño.

Mayor Enrique Quiroga, jefe de la policía porteña: pocos meses antes Quiroga había sido enviado al puerto para que reorganizara el cuerpo policial de Valparaíso.

Tiempo después, en vista de sus servicios, fue nombrado comandante del regimiento Tacna en Santiago.

Enrique Bermúdez, primer alcalde de Valparaíso: joven y activo edil, Bermúdez se confundió con la población en sus labores de ayuda. Lejos de vestimentas de alcurnia, sus ropajes por esos días eran botas, un poncho y sombrero.

Doctor José Grossi: fue el encargado de coordinar las labores de asistencia médica a la población. Las atenciones de Grossi y su equipo superaron las 10 mil.


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Después del sismo, los sobrevivientes recorren la destruida avenida Brasil.
Después del sismo, los sobrevivientes recorren la destruida avenida Brasil.
Foto:Zig-Zag


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