REPORTAJES

Domingo 14 de Octubre de 2007

La férrea defensa de su agenda laboral ante sus pares:
Andrade, un intocable en la administración Bachelet

En los últimos días, el titular del Trabajo se ha transformado en el centro de las desconfianzas del empresariado y en el foco de atención de La Moneda. Pero él se mantiene firme, pues su agenda forma parte del programa de Gobierno y cuenta con el respaldo de la Presidenta.

NELLY YÁÑEZ y PAMELA ARAVENA

El jueves 4 de octubre, Osvaldo Andrade habló fuerte ante los integrantes del comité político. "Aquí los que gobernamos somos nosotros, no las comisiones", le dijo a quienes lo exhortaron a restringir su agenda laboral y a delegar los temas sensibles en el Consejo para la Equidad Social para evitar nuevos roces con el empresariado.

Se dirigió a todos. Pero, para los presentes, las palabras tuvieron un único destinatario: el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, con quien ya tiene un historial de fricciones, y ahora visiones dispares en el contenido y tiempo de la plataforma laboral.

La preocupación de La Moneda no le era ajena. El 27 de septiembre la propia Presidenta lo había llamado al orden. No por el contenido de las recién filtradas actas de la Sofofa -que cuestionaban por igual la agenda laboral y el liderazgo presidencial-, sino que para controlar su tono en el debate y evitar así ruidos anexos a la gelatinosa coyuntura.

"El llamado existió. Pero si alguien cree que la Presidenta puede retar o pelear con Andrade, se equivoca. Son demasiado amigos para eso", dice un integrante del gabinete, al desechar instrucciones hostiles.

Vidas cruzadas

Su amistad con la Mandataria viene de los '80. No de antes. Para el golpe de Estado ni siquiera se conocían, aunque ambos darían muestras de ser disciplinados militantes socialistas. Ella participando en la toma de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile y él intentando, junto a un grupo de jóvenes, asaltar un retén de Carabineros (que ni siquiera existía) para robar sus armas y defender a Allende.

Entre octubre de 1973 y fines de 1978 Andrade pasaría por casi todos los recintos de detención: Investigaciones de Puente Alto, la cárcel de San Bernardo, el cuartel central de Investigaciones, el Estadio Chile, la Penitenciaría, Villa Grimaldi, Cuatro Álamos y Puchuncaví.

Varios años viviría en la clandestinidad, haciéndose llamar "Marcelo".

Luego, como abogado, apoyaría a la Pastoral Obrera y asesoraría a sindicatos en sus negociaciones colectivas, fecha en que era común verlo caminar lento, con su maletín y con un legajo de procesos. Esa experiencia fue clave para su actual cargo.

A fines de 1979, Bachelet volvería a Chile tras el exilio en la ex RDA. Pero sólo lo conocería a partir de 1984 cuando éste se sumó al almeydismo.

Las complicidades se hicieron más fuertes desde la trinchera opositora al gobierno militar y, luego, durante la lucha de la Nueva Izquierda por el liderazgo al interior del partido.

Por eso no sorprendió que Bachelet, apenas ganó la elección, llamara a su amigo a integrar el gabinete, que en ese momento se desempeñaba como secretario municipal de la comuna de El Bosque.

"Te llamo porque quiero ser tu jefa -le dijo-, y te quiero pedir dos cosas: uno, no me digas más Rucia y, segundo, que seas ministro del Trabajo".

Andrade le respondió de inmediato que sí. Desde ese día, ella tampoco le volvió a decir "Cabezón".

La relación de ambos nuevamente quedó expuesta en la ceremonia de juramento. Andrade fue el único que rompió el protocolo diciéndole: "Ésta es la primera vez que firmo algo sin leerlo antes". Ella le respondió: "Confíe, confíe".

Partidarios y detractores

Esa confianza sigue en pie. Hoy Andrade es considerado uno de los "intocables" del gabinete. No sólo por la cercanía con Bachelet, sino porque en la Concertación lo ven como un ícono laboral y como el primer ministro del Trabajo empoderado en su cargo.

En la CUT está bien catalogado. De hecho, desde la discusión sobre el salario mínimo que las relaciones están cortadas con La Moneda, pero no con él.

Conversa por teléfono con Arturo Martínez, presidente de la central sindical, y a fines de septiembre visitó su sede en un gesto para mejorar relaciones.

"Sabemos que él tiene problemas, pero también lo vemos más crecido y más posesionado de su cargo", afirma Martínez.

Desde la otra vereda, los empresarios lo ven con suspicacia. Lo tachan de ser el verdadero "cuco" de la administración Bachelet y creen que él ha incentivado la agitación laboral, sobre todo por las revueltas que ha habido en las crisis por el salario mínimo, Codelco y Agrosuper.

El diálogo sin embargo no está cortado. Ha tenido reservadas reuniones con ese mundo y tiene su agenda abierta para marcar citas más institucionales.

Amigo de sus enemigos

Por lo pronto sigue a tranco largo en su tarea legislativa, sin romper su rutina de viajes de al menos dos días a la semana a Valparaíso.

Los parlamentarios lo ven como un buen negociador, que sabe esperar los tiempos. Tiene a su haber 28 leyes aprobadas y más de 20 proyectos en tramitación.

"Guste o no su plataforma, tiene un mérito: ha logrado instalar la agenda laboral", comenta un ministro.

El díscolo diputado Marco Enríquez-Ominami lo describe como una persona que no se compra peleas por gusto y que no honra razones, sino que emociones. "Es amigo de sus enemigos y un desactivador profesional de odios", dice.

El diputado Carlos Montes destaca su capacidad para formar equipos y envía señales tranquilizadoras a sus detractores diciendo que no es el más estatista de los ministros, como se lo quiere caricaturizar, y que tampoco es un tipo hosco. "No tensa ambientes -dice- ni encasilla a sus contrincantes".

Su más cercano es el diputado Marcelo Díaz, quien lo levantó como el sucesor de Escalona en la mesa del partido para las próximas elecciones. Pero él descartó de inmediato esa posibilidad, amparado en sus funciones ministeriales.

Bueno para las bromas, con garabatos incluidos, evita en La Moneda el uso de palabrotas cuando está frente a la gobernante. Pero muchas veces no puede contenerlos ante sus pares cuando está de buen humor. Por el contrario, cuando está enojado, opta por la formalidad, sobre todo cuando ha tenido que enfrentar al titular de Hacienda.

Curiosamente, en medio de las presiones de la última semana desde los partidos para un cambio de gabinete, dos figuras tan opuestas como Osvaldo Andrade y Andrés Velasco son vistas como las únicas cartas seguras para permanecer en el equipo de Bachelet. La dicotomía la resume un parlamentario: "Representan las dos almas de la Concertación, una equilibra a la otra".

DESDE LOS 70, EN LA UNIVERSIDAD CATÓLICA: Amigo de Jaime Guzmán

De bajo perfil, Osvaldo Andrade proviene del mundo popular. Nacido y criado en Puente Alto, hijo de obrero, que incursionó como inspector de mataderos y que terminó siendo regidor en tiempos de Frei Montalva, estudió Derecho en la Universidad Católica.

En esa época -cuando era un seleccionado de básquetbol- estrechó relaciones con los actuales senadores de la UDI Andrés Chadwick y Juan Antonio Coloma, que cursaban distintos niveles, y además fue alumno de Jaime Guzmán.

"Osvaldo era muy de izquierda, pero jamás tuvimos una diferencia ni un conflicto. Jaime lo quería mucho y eso contribuyó a una buena relación", dice Coloma.

La relación con el líder del gremialismo fue estrecha. Tanto, que Guzmán logró que reincorporaran a Andrade en la Católica, cuando éste fue expulsado a principios de 1974.

Más tarde, él fue a su funeral en 1991. Lo hizo casi escondido, porque en su calidad de militante de izquierda creyó que podía generar molestias entre los partidarios del asesinado senador.

BACHELET-ANDRADE: Su historia en los últimos gobiernos

ERA AYLWIN

Tras el retorno a la democracia, ambos empiezan a ser más visibles en el PS. El 91, Andrade es elegido miembro de la comisión política del PS y en el 92 en el Comité Central. Asume un bajísimo perfil como secretario municipal del alcalde Sadi Melo en El Bosque. "Llegó por su experiencia laboral. Estuvimos 15 años trabajando juntos", afirma Melo.

En la misma época, su amiga Michelle ingresa como epidemióloga en la Comisión Nacional del Sida.

ERA FREI

No logra la Subsecretaría de Vivienda, pero termina con un premio de consuelo: es designado director de la Empresa de Servicios Sanitarios de la 3ª Región. En paralelo, realiza asesorías para Gendarmería entre 1996-2005 por $ 25 millones.

En tanto, Bachelet es asesora en la Subsecretaría de Salud. En 1996 llega al Comité Central del PS. En el 98, ambos forman parte del Comité Central. Hacia fines del gobierno, ella se especializa en Chile y Estados Unidos en temas de Defensa.

ERA LAGOS

Andrade sigue sin ingresar al gabinete, pero recibe un premio mayor: es designado director de la Empresa de Servicios Sanitarios en Tarapacá. Pierde como candidato a diputado por La Cisterna-El Bosque. Continúa como secretario de Sadi Melo y presidente de Essat.

Bachelet, en cambio, llega más alto. Gracias a las gestiones de Escalona, es nombrada ministra de Salud, luego en Defensa, para terminar como la candidata única de la Concertación y Presidenta electa.



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Ambos se conocen desde la década del 80, pero la relación se profundizó cuando se incorporaron a las estructuras del PS.
Ambos se conocen desde la década del 80, pero la relación se profundizó cuando se incorporaron a las estructuras del PS.


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