Jorge González:
El baile del que sigue

MARCELO CONTRERAS 

Alguien subestimó la convocatoria de Jorge González, el músico de rock más trascendente en la historia de Chile, porque anoche tuvieron que abrir finalmente la galería del teatro Caupolicán porque ya no cabía más gente en la platea. Público que, tal como hace casi diez años cuando la alineación original de Los Prisioneros se reunió para dos conciertos históricos en el Estadio Nacional sin promocionar las citas, cruzaba todas las edades. Desde aquellos que descubrieron a la banda por tocatas en campus universitarios y radios como la desaparecida Galaxia hace un cuarto de siglo, luego la generación que no alcanzó a verlos en vivo en su primera etapa, pero memorizaron conscientes las canciones del trío de San Miguel, hasta niños de hoy que acompañando a sus padres corearon entusiastas "La voz de los 80", el motivo de esta gira con la que el artista regresó a Chile para interpretarlo de manera íntegra, y en el mismo orden en que fue editado el casete debut de Los Prisioneros, en 1984.

Si alguna duda cabe sobre la efectividad y vigencia de un álbum como aquel, tan enmarcado en una época que sigue arrastrando ecos y lecturas, el imparable coro que acompañó cada canción fue la mejor respuesta. Cuando tocar con actitud y sonido low-fi es parte de las opciones estéticas de este tiempo abierto y diversificado del rock, la banda que acompaña a González en esta pasada -Gonzalo Yáñez en guitarra, Jorge del Campo en bajo y el ascendente Pedro Piedra en batería-, asumió casi con vocación arqueológica recrear los tintes de garaje de aquella obra parida a los pies de The Clash.

Probablemente Los Prisioneros sonaron más pulcros y modernos en el Nacional en 2001. Pero anoche "La voz de los 80" se escuchó muy parecida al disco, con la misma energía contagiosa y la garganta de González emulando sin problemas los tonos que grabó terminando su adolescencia. Una delicia para los amantes de las rendiciones ajustadas.

Como suele ser su estilo, González una vez más atacó a la prensa tradicional, habló de la dictadura y pintó al Presidente como un forajido que anda por la vida con antifaz y una bolsa con el signo peso. Es el traje y el discurso de roquero que cree decir verdades, pero que en otros períodos exhibía más lucidez y filo certero, y no tan sólo resentimiento trasnochado. Tanto ataque a los medios provocaba alguna interferencia cuando los lienzos de la estación televisiva que más ha crecido en el último tiempo -la misma de la que era dueño el actual Mandatario-, colgaban en distintos puntos del Caupolicán, mientras la página web del canal destacó durante días el concierto.

Da un poco lo mismo. La contradicción es parte de la esencia de los genios del rock y Jorge González -lo dice la historia, su trascendencia artística y la convocatoria que siempre arrastra-, es parte de esa galería de personajes que con una guitarra, melodía y pluma bendita, se instala como la voz de una generación.

 


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Foto:HAROLD CASTILLO


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