martes 12 de octubre de 2010  
 
La ex esposa y la ex polola
 


Por Consuelo Aldunate 

Para variar, no sé si estoy haciendo lo correcto. Llego por Manquehue a estacionarme -obvio, Agustín está en la Alemana, mismo lugar de trabajo de Galán Galeno; si hasta en crisis cardíaca ajena Dios se encarga de ponerme en encrucijadas- y toco la bocina a todo el que se me cruza. Llamo a la Camila para saber dónde está y nos encontramos convertidas en artistas invitadas de Grey's Anatomy: toda emoción, abrazos y besos, preguntas sobre estado de salud y muchos doctores, enfermeras y gente de blanco pululando por alrededor. Veo de lejos al novio de mi amiga y se ve destrozado. Le hago una seña con la mano y me contesta sin esconder que le caigo pésimo. Ok, esto era esperable, después de todo estoy metiéndome en las patas de los caballos. La Camila me lleva a un sillón de la sala de espera donde quedamos enterradas y me cuenta que me llamó porque la última vez que vio a Agustín, un día antes del "incidente", él le preguntó por mí y le dijo que me extrañaba. Yo me siento la peor persona del planeta y me pongo a llorar a chorros.

Estoy en pleno ataque de llanto cuando la Camila me pega un codazo y me muestra a una señora que se viene bajando del ascensor. Melena corta, castaña impecable, lentes oscuros, pinta envidiable: me recuerda un poco a Anna Wintour, pero en versión humanizada. El novio de Camila corre a sus brazos y ahí entiendo, ella es la ex esposa de Agustín, madre de sus hijos. Y mirándola desde lejos, creo que él fue un idiota por dejar partir a esta mujer. Yo, desde mi rincón, empiezo a secarme las lágrimas y busco la vía de escape más cercana, porque siento que sobro. Mala suerte la mía, no alcanzo a concretar mis planes cuando el novio de Camila le cuenta a su madre que yo soy la ex polola de su ex. Ella se carcajea y se acerca a saludarme muy cordialmente, y me pregunta entre otras mil cosas si tengo un Electra no superado y si espero estar nombrada en el testamento en caso de que Agustín se nos vaya. Yo la miro idiotizada, preguntándome si ese delineador será el gel de Bobbi Brown o si la práctica hace al maestro en esto de la raya encima de las pestañas. Mi celular vibra y chilla y veo que justo en este momento se le ocurre a Galán Galeno devolverme el llamado. Trato de arrancarme, pero la ex de Agustín me presenta a otra persona que me saluda entre risas. ¿Estaré pagando en incómodas cuotas mis pecados de la carne?

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Por Consuelo Aldunate.

   
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