martes 12 de octubre de 2010  
El ancestral estilo de vida japonés se impone:
Wabi - Sabi el estado de la belleza imperfecta
 
Nació del budismo zen y los japoneses lo han aplicado durante siglos. Es una manera de vivir que considera bellas la simpleza y rusticidad de las cosas, que admite que todo es imperfecto: las relaciones humanas, el cuerpo, la mente, el trabajo, y que no busca la perfección de manera incansable. El wabi-sabi llegó a Occidente para quedarse. Así lo explican aquí importantes cultores de esta "filosofía", y que han sido de los primeros en gozar del cambio en sus propias vidas.  

Por Ximena Urrejola B. Fotografías: José Luis Rissetti.  

No se trata de "dejarse estar" físicamente; de tener el clóset lleno de ropa vieja; de no esforzarse lo suficiente en el trabajo; de comer sólo salchichas o de no ponerle cariño a la decoración de la casa. Para nada. El wabi-sabi -uno de los conceptos esenciales de la cultura japonesa- abraza la idea de apreciar la belleza de las cosas imperfectas, incompletas y efímeras, en un mundo que, de por sí, no tiene nada de perfecto.

Es la belleza de las cosas modestas y humildes, no convencionales. Es apreciar lo que se tiene. Es la antítesis de la clásica noción de belleza occidental como algo perfecto, duradero y monumental.

Pero, ¿cuándo comienza el wabi-sabi a internarse en el mundo occidental?

"El wabi-sabi nunca existió como una "disciplina" o un "estilo de vida" que los japoneses pudieran definir con palabras. Ellos entienden la emoción del wabi-sabi, la han vivido desde siempre, y la razón por la cual nadie lo había podido definir era que no existían libros ni profesores que lo enseñaran en las escuelas", dice Leonard Koren desde San Francisco, Estados Unidos, el primer occidental que se atrevió a otorgarle una definición en palabras al wabi-sabi, sugiriendo que bajo este término existían lecciones de vida que podían mejorar el existir de las personas, en su libro "Wabi-Sabi: for artists, designers, poets & philosophers", publicado por primera vez en 1994.

Arquitecto y máster en Planificación Urbana por la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles), Leonard Koren lleva años estudiando el estilo de vida japonés y ha escrito múltiples libros sobre el tema. Todo comenzó en 1993, cuando se fue a vivir a Tokio y donde permaneció -saliendo y entrando desde Estados Unidos- durante 11 años.

Estando allá decidió escribir su libro en el que, entre otras cosas, señala que el wabi-sabi es un paradigma estético basado en la naturaleza que devuelve, en cierto modo, la sensatez y la proporción al arte de vivir. Y que parece el antídoto perfecto, tanto en un sentido metafísico, moral, espiritual y físico, a esa clase de belleza tan pulida y colectiva que está insensibilizando a la sociedad occidental. "El wabi-sabi es el rasgo más notable y característico de lo que consideramos la belleza tradicional japonesa. El término que más se asocia a wabi-sabi es "rústico", en el sentido de simple, sin artificio o no sofisticado, con superficies rugosas o irregulares", dice.

Algunos ejemplos para ilustrar: Wabi-sabi son las vasijas de cerámica, hechas a mano y con productos naturales; las arrugas alrededor de los ojos, las pelusas en un suéter preferido, el gato adentro de la casa, los ladrillos a la vista en las paredes de una casa o las flores cultivadas en el jardín. Según Leonard Koren, no se puede encontrar wabi-sabi en el bótox, en los teléfonos inteligentes o en una implacable búsqueda del perfeccionamiento personal. 

El budismo zen y el wabi-sabi

Los japoneses -y hoy día los occidentales- asocian al wabi-sabi con el budismo zen y, según Leonard Koren, en muchos aspectos el wabi-sabi se podría denominar incluso como "el zen de las cosas".

El budismo zen se originó en la India y posteriormente llegó a China en el siglo VI, donde siguió desarrollándose, y se introdujo en Japón alrededor del siglo XII. "En la esencia, tanto del wabi-sabi como del zen, está presente la importancia de trascender los modos de mirar y de pensar en las cosas y la existencia. Por decirlo de otra manera, el wabi-sabi ocupa la misma posición en la estética japonesa que en Occidente ocupan los ideales griegos de belleza y perfección", dice Leonard Koren.

"Wabi" y "sabi" son dos palabras históricas japonesas que se unen por un significado y que los nipones utilizan frecuentemente, pero separadas se refieren a cosas similares, y -aunque suene paradójico- diferentes. Wabi connota simpleza rústica, frescura o quietud, siendo aplicable tanto a objetos naturales como hechos por el hombre. También se puede referir a peculiaridades o anomalías que surgen durante el proceso de construcción y dotan de elegancia y unicidad al objeto. Sabi es la belleza o serenidad que aparece con la edad, cuando la vida del objeto y su impermanencia se evidencian en su pátina y desgaste, o en cualquier arreglo visible. En palabras de Leonard Koren: "Wabi alude a un modo de vida de tipo espiritual y sabi a objetos materiales, arte y literatura; wabi a lo interno y subjetivo; sabi a lo externo y objetivo; wabi a una construcción filosófica y sabi a un ideal estético; wabi a acontecimientos en el espacio y sabi a los acontecimientos en el tiempo".

Ambos conceptos, wabi y sabi, sugieren sentimientos de desconsuelo y soledad. Según la perspectiva budista mahayana, éstas son características positivas, al representar la liberación del mundo material y la trascendencia hacia una vida más sencilla.

 El atrevimiento de Leonard Koren de publicar un libro sobre el wabi-sabi, proponiendo un significado que se puede aplicar a la vida diaria, resultó extremadamente atractivo para muchos occidentales. Según sus propias palabras, su libro se transformó en un objeto de culto que ya lleva 11 ediciones y que ha sido traducido al alemán, italiano, español, hebreo y thai.

¿Por qué tanto? Wabi-sabi no es un estilo de vida o una religión -dice Leonard Koren-, pero aun así muchas personas en Occidente lo han transformado -o intentan hacerlo- en su estilo de vida. "Si una filosofía, o como quieras llamarlo, te ayuda a verle otro sentido a la vida, o a descubrir quién eres realmente o te entrega otro punto de vista respecto de lo que tú pensabas, tu mundo inevitablemente se hace más rico. El punto es combinarlo con la búsqueda de la perfección, que es muy difícil que el ser humano abandone. La perfección -cualquiera sea el significado que uno le quiera dar- es muy buena como un valor al cual aspirar, y aunque sea imposible de alcanzar, ¿por qué no perseguirla? Por otro lado, a veces es mucho más satisfactorio y saludable dejar que las cosas fluyan y apreciar ese hecho. Aceptar el mundo tal cual es. En otras palabras, una vida balanceada es más que simplemente buscar la perfección. Y también es más que simplemente aceptar la imperfección".
 
Wabi-sabi en todo

Después de Leonard Koren, fueron varios los que han escrito acerca del wabi-sabi, porque, como él mismo asegura, se puede aplicar a todos los ámbitos de la vida, desde las relaciones sentimentales hasta la decoración, pasando por el trabajo, la vida diaria, la comida, la belleza o el vestuario. "La mejor manera de acercarse al wabi-sabi es aceptando que todo -las cosas materiales, las relaciones humanas e incluso los talentos personales- pueden verse como perfectos desde su imperfección".

Por ejemplo, como arquitecto, Leonard Koren siempre ha tenido una predisposición estética por el "estilo" wabi-sabi en la decoración. "La casa en que crecí, en un cañón lleno de bosques cerca de Los Angeles, era muy wabi-sabi. La vajilla y los muebles y la casa en que vivo hoy tienen cualidades wabi-sabi: son antiguas, únicas, vividas".

El libro del canadiense Richard R. Powell, "Wabi-sabi simple", está escrito como una guía para la vida diaria, con el objetivo de que las personas vivan de una manera diferente -y más simple- en la era del consumo. En un artículo de la revista norteamericana "Whole living", Richard R. Powell dice que "en nuestra cultura hasta la simplicidad tiene un código de vida que está meticulosamente organizado. Aceptar que el mundo es imperfecto y transitorio es lo que te da realmente la libertad. Las huellas de los dedos de los niños en las paredes, las cicatrices y líneas de expresión son en sí imperfectas, pero se puede encontrar en ellas una cierta belleza de lo que ha sido nuestra vida".

El inglés Simon Brown, fundador y director de la Asociación Macrobiótica de Filadelfia desde 1986 hasta 1993, y actual director de la London's Community Health Foundation, el centro de alimentación macrobiótica más importante del Reino Unido, es un experto en feng-shui, macrobiótica, shiatsu y tiene su propia consultora denominada "Chi Energy", a través de la cual viaja por el mundo dando charlas acerca de sus áreas de experiencia (www.chienergy.co.uk). Otra de ellas es el wabi-sabi y es por eso que escribió uno de los libros más consultados sobre el tema: "Practical wabi-sabi". "Descubrí el wabi-sabi a través de la macrobiótica y el zen, y me ha ayudado a vivir mi vida a través de los sentidos y siendo más consciente de cada momento. Hoy ocupo mis días realmente escuchando, sintiendo, observando y disfrutando lo que como. Esto me ha significado ser más libre y abierto de mente de muchas creencias que no eran mías y que sentía impuestas por la sociedad y que, finalmente, me significaban estrés o pensamientos negativos. Pienso que el wabi-sabi ofrece una maravillosa oportunidad de escapar de la búsqueda de la perfección y ser feliz con lo que uno es y con lo que uno tiene", dice desde Londres.

 Whitney Greer, quien durante 13 años fue la CEO y fundadora de una importante empresa de comunicaciones con sede en Atlanta, y que hoy reside en Berkeley Hills, California, donde se desempeña en su empresa Whitney Greer Communications, es coautora del libro "Wabi-sabi at work", una guía para orientar a profesionales que quieren levantar sus carreras descubriendo sus auténticos talentos y logrando reconocimiento gracias a éstos.

Desde su hogar en California, donde vive con su marido, sus dos hijas adolescentes y un perro, cuenta cómo se acercó al wabi-sabi y por qué terminó escribiendo acerca de esta "filosofía": "Después de años desarrollando y haciendo crecer mi negocio me di cuenta de que había perdido de vista qué era realmente lo que quería hacer y a qué clientes me quería dirigir. En un punto, me encontré enseñando sobre comunicaciones a un grupo de jugadores de hockey en un gimnasio. En ese momento tuve una epifanía: por tratar de hace todo a todo tipo de clientes dejé de lado la creatividad y los temas que realmente me interesaban. No se puede hacer todo y ser perfecta: es imposible. Tenía que estar en los lugares y con las personas donde mis talentos naturales fueran apreciados".

Justo en ese período de su vida, Whitney Greer tuvo su primer encuentro con el wabi-sabi, a través de un simple artículo sobre este y la decoración. Fue como un golpe para ella: "Fue un gran descubrimiento para mí, y me di cuenta de que esta filosofía que honra lo imperfecto e perenne podía perfectamente alinearse con el trabajo que hacía como coach. Hoy creo y les enseño a mis clientes que el comunicarse de manera auténtica, tal cual uno es, es mucho más poderoso que crear una fachada de perfección".

¿Y por qué escribió el libro? Según Whitney Greer, porque a través de su trabajo se dio cuenta de que muchos profesionales sólo ven sus imperfecciones y, como resultado, dedican sus esfuerzos en convertirse en súper líderes y en este camino erróneo van perdiendo sus cualidades naturales. "Tomando en consideración sus experiencias y cualidades son capaces de validar sus diferencias y, por lo tanto, buscar trabajar en un ambiente y con personas que realmente los valoren. Siguiendo la línea de la constante transformación del wabi-sabi, si uno trata su carrera como un viaje efímero, cada momento cuenta, en vez de sólo los objetivos que ranspiramos por lograr".

 Claves del Wabi - SabiLas relaciones personales: Richard R. Powell, en su sitio www.stillinthestream.com, señala que una relación wabi-sabi es aquella en que deliberadamente se acepta al otro tal como es: imperfecto, cambiante y mortal. A su vez, Leonard Koren dice que apreciar la imperfección en el otro y en uno mismo es parte esencial del estado mental wabi-sabi. Simon Brown dice: "Aceptar las faltas del otro en vez de convertirlas en un desafío que eliminar o mejorar, le deja a la persona el tiempo y la energía emocional para disfrutar con el otro".

La casa: "Una casa wabi-sabi es sencilla y limpia, contiene elementos rústicos y objetos únicos que se van transformando con el paso del tiempo. Ojalá tenga objetos hechos a mano y no decoración en serie de las grandes tiendas. Los materiales son la madera, la piedra y el metal, dejando de lado el plástico y el vinilo. Los colores son los verdes, tierras y grises", dijo Robyn Griggs Lawrence, autora del libro "Simply imperfect: revisiting the wabi-sabi home" a la revista norteamericana "Whole living". 

La ropa: No hay que correr a las tiendas a comprar cada vez que aparece un nuevo catálogo en cada nueva temporada. Esto no significa que haya que ponerse la ropa más vieja y manchada para sentirse fuera de las tendencias. El wabi-sabi dice que hay que desprenderse de las cosas que ya no se usan, pero, al mismo tiempo, rescatar aquellas prendas antiguas y que todavía gustan y mezclarlas con piezas frescas, ojalá de materiales naturales como el algodón o la lana, sugiere Richard R. Powell.

La comida: El wabi-sabi prefiere la comida natural, y preparada con cariño. "Se trata de saborear la comida, disfrutar de la experiencia sensorial del comer", dice Simon Brown. No sólo hay que masticar, sino que intentar sentir cada sabor, los aromas y la textura de los alimentos.

La belleza: Simon Brown dice que es imposible no apreciar la belleza de la juventud, pero que en el wabi-sabi, como en la vida misma, el cambio es la única constante. "El punto de partida de la belleza wabi-sabi es apreciar el proceso de envejecimiento. Esto no significa que haya que abandonar el autocuidado; por el contrario, hay que mimarse, pero tampoco se trata de tener un arsenal de productos cosméticos: hay que elegir sólo los preferidos".

El trabajo: "Hay que tomar en consideración la característica personal por la cual uno quiere ser valorado. Puede ser la creatividad, la capacidad para resolver problemas, la habilidad para relacionarse con los demás y observar si eso es apreciado. Si te dicen que eres muy demandante porque te gusta hacer preguntas y colaborar, tus cualidades naturales no están siendo apreciadas. Comienza a explorar otros lugares donde esas cualidades motiven a la gente", dice Whitney Greer. 

Por Ximena Urrejola B. Fotografías: José Luis Rissetti..

   
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