Aterriza en el cine la vida de Sánchez Besa, primer chileno que conquistó el cielo

Dejó las certezas de la aristocracia y partió a París. Ahí, junto a Emilio Edwards Bello y en 1909, participó del primer despegue de un compatriota. Marcó la historia de la aviación como piloto y empresario. Hoy, sus hazañas reviven en un documental.  

Daniela Silva Astorga 

Una bala pasada cambió su destino. El 5 de mayo de 1908, José Luis Sánchez Besa, abogado y caballero de buena estirpe, comprobó que las armas las carga el diablo, cuando le dio un tiro a su primo más querido, Luis Besa. Todo por una mujer bella y culta que compartían. Fue un lío de faldas que cerró con el supuesto victimario autoexiliado en París. Justo en el epicentro de la Belle Époque , que dos años antes había sido testigo del primer vuelo de un avión, un Bice 14, piloteado por el brasileño Santos Dumont.

Empecinado en repetir esa hazaña, el joven Emilio Edwards Bello -hermano de Joaquín, el escritor- se topó con su compatriota desterrado, quien sintonizó con sus ideas y le compró un avión al empresario Gabriel Voisin. Con ese juguete nuevo se convertirían en los protagonistas del primer despegue chileno. Una jornada gloriosa del Primer Encuentro Universal Aeronáutico de Reims (con un millón de espectadores), que les valió invitaciones para volar en Berlín y Hamburgo, hasta que Edwards Bello sufrió un accidente y tuvo que volver a Chile. Sánchez Besa quedó solo, pero siguió con sus aventuras. Fundó la academia L'Espace y una gran fábrica de aviones, que más adelante colonizó el mundo. Tanto así que el teniente Bello se perdió piloteando un Sánchez Besa.

Hoy, a 100 años del primer despegue de un chileno, la historia de este pionero de la aviación revive en el nuevo documental de Iván Godoy y Yanko Rosenmann: "Sánchez Besa, poeta del aire", que recibió un Fondo de Fomento Audiovisual (2008) y apoyo de la embajada de Alemania y del Goethe Institut.

Debutará en el cine el 23 de septiembre, incluso en 3D. La producción, de una hora y media, está hecha de imágenes sabrosas, recreaciones históricas y muchísimas entrevistas, por ejemplo, a Patricio Prieto, nieto del precursor; los historiadores Alfredo Jocelyn-Holt y Vittorio Di Girolamo, y los poetas Bruno Montané (amigo del popular Bolaño) y Raúl Zurita. El recorrido parte con un anuncio clave: la vida de Sánchez Besa quedó marcada por dos tragedias y una catástrofe. El primer golpe es la muerte de su mujer, a días del nacimiento de su primera hija. Pero el segundo, el asesinato de su propio primo, es el más importante. Remezón que lo obliga a reinventarse, abandonando las seguridades de un aristócrata, para quedar a merced del peligro y de una estructura de lona, papel y madera; los aviones de esos tiempos.

"Sin duda, Sánchez Besa instaló a nuestro país en la modernidad. Representa al chileno que está en el lugar adecuado y en el momento preciso", dice Rosenmann. Godoy enfatiza: "Es un 'compatriota bicentenario'. Y en esta conmemoración marcada por los héroes de la Patria se está olvidando un aspecto importante: homenajear a los que hicieron algo en el Centenario. Qué más extraordinario que volar y que 800 mil personas se junten a verte en un aeródromo. Eso se debe reconocer ahora".

Y así pasa en Francia. Lo aprecian tanto que aseguran que es galo, según comprobó la pareja durante dos años de investigación. En Chile, en cambio, dicen que el 99% no sabe quién fue Sánchez Besa. Entre sus hazañas está la construcción del primer avión de 16 alas. Joyita que, se dice, voló una sola vez y fue exhibida en una feria del aire en París. "El teniente Bello es el principito de Sánchez Besa en la historia de la aviación mundial", comenta Godoy sobre la fama del primero versus la del segundo. Y así también se le conoce en Alemania, país que apreció su primer vuelo en manos de la dupla Besa-Edwards, y no de un piloto germano. Entonces, ¿por qué no se sabe de él en Chile? "Aquí no se reconoce a los aviadores civiles. Y claro, él no formó parte del Ejército (como Bello), ni de la Fuerza Aérea. Cómo no se ha homenajeado a quien construyó cinco mil aviones", afirma Godoy.

Además, incursionó en los hidroaviones, y por eso recibió una decena de premios. Y fue reconocido por acompañar a Edwards Bello en una hazaña de emergencia. Godoy relata: "Por la falta de combustible, mientras volaba en Hamburgo, tuvieron que apresurar su aterrizaje y lograron descender justo sobre la copa de un gran árbol. En ese minuto, sus nombres quedaron grabados en el libro de oro de la aviación".

Y aunque Sánchez Besa emigró bien lejos, era el más patriota de los chilenos. Post Primera Guerra Mundial, cuando ya los aviones habían perdido su identidad poética y libertaria, el empresario quebró. Ya no podía sostener cuatro fábricas y más de dos mil empleados. Y para salir del lío, el gobierno de Francia le ofreció apoyo para mejorar su situación económica, pero con la condición de que se nacionalizara francés. Imposible, dijo Sánchez Besa: "Un caballero nace y muere con la misma nacionalidad y religión. Yo moriré chileno y cristiano". Y así fue. En la ruina, casado con una actriz de cine mudo, falleció de un ataque al corazón en 1955. Pero sus cruces siguieron volando por el cielo.

EN EL CINE

"Sánchez Besa, poeta del aire" se estrenará el 23 de septiembre en Cine Mundo Paseo Los Dominicos y en Movieland Florida Center. "Será posible verlo en 3D", afirman los autores.



 ¿Honores para Sánchez Besa?

Directo a La Moneda caminó Iván Godoy, pues considera inaceptable que en Chile no exista ninguna calle o plaza con el nombre de Sánchez Besa. "Le dejé una carta al Presidente; espero su respuesta. Creo que nuestro aeropuerto debiera tomar el nombre de este pionero, lejos el aviador más importante que ha tenido el país. Este no es un acto voluntarioso, surge tras años de investigación. Espero que nos vaya bien; a Piñera le interesa esta materia", relata.



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<b>Sánchez Besa</b> arriba de un avión diseñado por Gabriel Voisin (1912). En esos tiempos, para volar los pilotos se cubrían el cuerpo con papel de diario, y algunos tomaban aguardiente. Todo, para minimizar el frío.
Sánchez Besa arriba de un avión diseñado por Gabriel Voisin (1912). En esos tiempos, para volar los pilotos se cubrían el cuerpo con papel de diario, y algunos tomaban aguardiente. Todo, para minimizar el frío.
Foto:GENTILEZA GODOY Y ROSENMANN

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