sábado 15 de mayo de 2010  
 
Dublinesca
 


RODRIGO PINTO 

El protagonista de la novela, Samuel Riba, editor jubilado, planifica un viaje a Dublín junto a tres amigos. Es un viaje literario por excelencia, destinado a realizar el funeral de la Galaxia Gutenberg, ese ámbito dominado por la imprenta y el libro en papel, amenazado de muerte por la era digital. Pero "Riba entiende que en nuestro tiempo lo apocalíptico sólo puede ser narrado en forma paródica. Si llegan a celebrar ese funeral en Dublín, éste no podrá ser otra cosa que una gran parodia del llanto de algunas almas sensibles por el fin de una era". De eso trata precisamente la novela. Enrique Vila-Matas recupera el narrador en tercera persona, dejado de lado en el vasto ciclo de sus cuatro últimas novelas, viajes por la palabra en donde el autor se fundía en el narrador y éste a su vez en máscaras que terminaban por remitir al autor y sus interrogantes en torno a las fronteras entre la literatura y la vida. Y si en Dietario voluble la cuestión pareció resolverse, de una vez por todas, hacia la biografía del hombre que escribe, Dublinesca es la torsión contraria: la ficción -sin desdeñar, desde luego, el juego con la biografía- vuelve por sus fueros, tomada de la mano de la parodia y bajo la figura del hombre que lee.

El editor Mario Muchnik publicó su "autobiografía editorial" bajo el título Lo peor no son los autores y cerró el libro con una cita de la ópera Don Giovanni: "El catálogo es éste/observadlo, conmigo leed". Samuel Riba va más allá aún: postula que su vida es su catálogo y se pregunta dónde está esa persona que "fue quedando oculta tras el brillante catálogo y la sistemática identificación con las voces más atractivas del mismo". Ahí está la otra gran línea de la novela: tal como en El viaje vertical, también protagonizada por un hombre mayor que bruscamente es apartado de su rutina y lanzado a un peregrinaje por Europa, Riba descubre de pronto que el hábito editorial de leer su vida como si de una novela se tratara puede ser la puerta para dar un gran salto. Y lo da cuando emprende el viaje junto a sus amigos, viaje que se convierte en un interminable festival de citas, alusiones literarias y descubrimientos personales; un viaje que oscila entre la lucidez, la extrañeza y el horror, pero siempre tocado por la  varita feliz de la parodia. De ahí vienen el humor y la distancia, el juego y la caricatura, el sabio desdén por la autocomplacencia y la feliz integración de los libros -siempre los libros- en la arquitectura de una novela cuya riqueza de matices es inagotable. Una novela exigente, desde luego, pero esa siempre ha sido la apuesta de Vila-Matas, tal como es la de su personaje, Samuel Riba, el editor que en su búsqueda del autor genial termina por encontrar a un lector no menos interesante.        

Enrique Vila-Matas. Seix Barral, Buenos Aires, 2010. 325 páginas.

 

RODRIGO PINTO.

   
Términos y Condiciones de la Información
© El Mercurio S.A.P.