Henrietta Lacks, descendiente de esclavos libres en EE.UU., recibió en 1951 la peor noticia de su vida: tenía cáncer cérvico uterino. La enfermedad fue tan agresiva que sorprendió a todos en el Hospital Johns Hopkins. Murió sólo 8 meses después de ser diagnosticada, a los 30 y dejando cinco hijos.
Durante los exámenes a los que fue sometida se le hizo una biopsia del tumor que crecía en su útero. Ella apenas leía y mucho menos sabía qué era una biopsia. Esas células cancerosas fueron a parar a un laboratorio de investigación donde fueron cultivadas y, por primera vez en la medicina, crecieron y sobrevivieron al congelamiento. Así nacieron las líneas celulares "HeLa", en referencia a las dos primeras letras de su nombre y apellido.
La escritora científica Rebecca Skloot acaba de publicar "La vida inmortal de Henrietta Lacks", un paseo por la vida de la paciente y su descendencia.
Henrietta nunca supo que la muestra de su tumor sería estudiada, y sólo 25 años después sus hijos se enteraron que su madre estaba "viva" a través de sus células. Su hija Deborah "abrazó" un tubo con las células HeLa y les susurró: "Eres famosa, aunque nadie lo sabe".
El responzable de esa fama fue el doctor George Gay, quien junto a su mujer, Margaret, llevaba años tratando de hacer crecer células cancerosas fuera del cuerpo. Cuando recibió las de Henrietta su suerte cambió. En un medio de cultivo, las células se duplicaban cada 24 horas.
Virtud enferma
Las células cancerosas, explica el doctor Pablo Caviedes, subdirector del Centro de Investigaciones Clínicas y Estudios Farmacológicos de la U. de Chile, se dividen descontroladamente. En cambio una sana "tiene muchos mecanismos de control de la división celular".
Eso fue lo que hizo inmortales a las HeLa. En un día, una célula se había convertido en millones. Con ello, el doctor Gay comenzó a enviar tubos con células a los centros de cáncer del mundo. Incluso Chile estuvo entre los destinos, donde llegaron a "lomo de caballo", dice Michael Gold en su libro "Una conspiración de células" (1986). "No hay registro de quién las recibió", asegura Rebecca Skloot a "El Mercurio".
El Instituto Tuskegee, en Alabama (EE.UU.), comenzó la producción en masa de las HeLa; envió a todo el mundo 20 mil tubos cada semana, unos seis billones de células.
Ellas permitieron avances clave en la medicina (ver infografía) y, sólo desde 2001, cinco premios Nobel han sido entregados a investigaciones donde las HeLa estuvieron involucradas.
Actualmente, son muchas las líneas celulares que los investigadores utilizan en todo el mundo. El mismo doctor Caviedes y su equipo crearon una, la UCHT1, que está patentada. La razón de la diversidad se debe a que las células se van degenerando explica el especialista, "aunque permanezcan congeladas con nitrógeno, pierden sus características, las que sirven para ser estudiadas".
M. Rosa Bono, inmunóloga de la U. de Chile, hace dos décadas trajo desde Francia líneas celulares HeLa. "Son muy buenas para comenzar el estudio, pero ellas no te dicen todo. Hoy, se pueden utilizar células primarias extraídas de ratones, por ejemplo, y ver cómo se comporta la enfermedad o lo que se quiera estudiar", opina.
![]()
| Servicios El Mercurio |
| Suscripciones: |
| Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos. |
| InfoMercurio: |
| Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900. |
| Club de Lectores: |
| Conozca los beneficios que tenemos para mostrar. |
| Otros Servicios |
| El Tiempo |
| Defunciones |
| Ediciones anteriores |
| Puzzle |
| Imagen portada |
| Suscripciones |
| Empleos |
| PSU@El Mercurio |
| Contratar publicidad |
| Club de Lectores |
| Clase Ejecutiva |
| El Mercurio - Aguilar |