La nueva Concertación

"...la DC, constituida sin complejos en un partido de centro, debe actuar como un dique de contención en relación con los legítimos intentos por parte del 'piñerismo' de conquistar el centro y los sectores medios...".  

Ignacio Walker  

IGNACIO WALKER
Senador electo

Debo ser el último concertacionista, y a mucha honra. Observo con preocupación que muchos amigos de la Concertación, con mucha facilidad, la dan por agotada. No es mi caso. ¿Por qué la coalición de gobierno más exitosa que ha tenido Chile en el último siglo no podría llegar a ser, en el futuro próximo, la coalición de oposición más exitosa del último siglo?

Como ha argumentado en forma lúcida Claudio Fuentes, la Concertación es en esencia un pacto de centroizquierda. Más incluso que un acuerdo programático. Chile es un país de centro-izquierda. De allí el tremendo éxito de la Concertación en nuestra historia más reciente, y su tremendo potencial en una perspectiva de futuro. Ni el centro ni la izquierda tienen posibilidad alguna de volver a acceder al poder -entiéndase, presidencial- si no es sobre la base de una coalición de centroizquierda. A menos, claro, que estemos por permitir que la derecha gobierne por un buen tiempo, o en forma indefinida.

Lo anterior supone, en primer lugar, posicionar con mucha claridad a la DC en el centro político. La DC es el centro de la coalición de centroizquierda. Debe hacerlo sin complejos como un partido nacional, popular, democrático, moderno y reformista. Lo anterior es particularmente necesario en el tiempo próximo, de repliegue táctico, en que la DC, constituida sin complejos en un partido de centro, debe actuar como un dique de contención en relación con los legítimos intentos por parte del "piñerismo" de conquistar el centro y los sectores medios. De hecho, este último ya empezó a penetrar dicho espacio político. Es allí donde radica la clave de su reciente triunfo electoral.

Cabe entonces definir y clarificar qué se entiende por la izquierda de esta coalición de centroizquierda. Difícilmente podría incluir al PC y el Juntos Podemos, con los que podemos llegar a constituir un buen acuerdo electoral, pero difícilmente un acuerdo político. Una gran interrogante existe en torno al llamado "polo progresista" propiciado por Carlos Ominami y Guido Girardi, quienes, desde hace un tiempo, caminan al unísono, en perfecta armonía. Mi apuesta es que ese polo progresista, que reúne a los desafectados de la Concertación en torno a una vaga idea de "progresismo", con claras animosidades en relación con la DC, terminará por constituirse en una fuerza extra-Concertación.

De darse así las cosas, lo que resta, de una vez por todas, es constituir una verdadera izquierda socialdemócrata, cuyo núcleo central debiera ser el "laguismo". Esa es una tarea necesaria e impostergable, en la que caben los sectores auténticamente concertacionistas del PS, el PPD y el PRSD. Es más, la tarea aún inconclusa de la auspiciosa y revolucionaria "renovación socialista" llevada a cabo con singular fuerza en la década de 1980, transformada en fuerza de gobierno en las últimas dos décadas, es constituirse en una auténtica fuerza socialdemócrata. La misma debe constituirse "a la chilena", en un sentido amplio, constituido por los sectores auténticamente concertacionistas de esos tres partidos, incluyendo por cierto el "escalonismo" de la "nueva izquierda". Nada de lo anterior obsta a que, desde dentro y fuera del Parlamento, podamos avanzar en acuerdos con el Juntos Podemos y el "polo progresista" extra Concertación.

Una nota final sobre la cuestión central del tipo de oposición que llevaremos a cabo en relación con el futuro gobierno de derecha: es perfectamente inútil hablar de "democracia de los acuerdos", concepto que caracterizó a la transición bajo el gobierno de Aylwin, con sus muy especiales particularidades y logros. Distinto es hablar de los grandes acuerdos que son necesarios en relación con la gran tarea que gobierno y oposición tenemos por delante: llegar a ser un país desarrollado -a menos, claro está, que queramos volver a ser un "caso de desarrollo frustrado" (Aníbal Pinto), como llegamos a serlo en el siglo XX. Una señora en la feria de La Calera me dijo durante la campaña electoral: "hagan la pega, legislen para los pobres, déjense de pelear y pónganse de acuerdo". Esa frase resuena en mis oídos y he decidido convertirla en la motivación central de los próximos ocho años como senador. Espero hacerlo desde el interior de un partido de centro, como la DC, que se asume como tal sin complejos, y de una coalición de centroizquierda que cuente con un polo socialdemócrata que también se asuma sin complejos, al interior de una oposición clara, firme y constructiva, cuyo único norte sea Chile, construyendo los grandes acuerdos que nos permitan llegar a ser un país desarrollado.

 


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